Críticas

[Crítica] The Wytches – Annabel Dream Reader (2014)

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A veces los primeros discos son estruendosas cartas de presentación que atropellan musical y/o mediáticamente todo lo que se les pone por delante. Generan lo que el término moderno, que siempre es anglosajón, denomina como “hype”. Hay ejemplos cada año. Algunos se diluyen como azúcar en café hirviendo a partir del segundo disco, otros consiguen que el componente artístico perdure en una carrera bastante más longeva. Arctic Monkeys sobrevivieron al enorme revuelo que causaron y ahora se mantienen fuertes en ambos frentes. Royal Blood, para citar un ejemplo reciente, después de un sencillo y desacomplejado primer disco, faltará ver si darán continuidad a lo expuesto sin caer en el tedio. The Wytches también son británicos, vienen de la siempre activa Brighton, y aunque se aprecien algunas cosas de los primeros, han empezado desde un lugar considerablemente más sigiloso, lejos de aspavientos comerciales y periodísticos, pero desde la misma insultante juventud que todos.

Su propuesta es más cavernaria. La guitarra se sale de los auriculares en lánguidos licks, riffs reminiscentes a veces de gente como los míticos The Cramps, o arremete con fiereza distorsionada. El bajo marca con las cuerdas percutiendo y la batería retumba cual latido de alguna bestia despertándose. Asociados a la psicodelia, no es tal la influencia de este estilo en el sonido de The Wytches, que la hay como en muchas bandas que hoy empiezan, como el de un rock despojado pero grueso, con sensibilidad más o menos presente (a veces el mensaje roza la inocencia adolescente) pero siempre latente por la canción descarnada. Prueba de ello es la segunda parte del disco, en la que bajan revoluciones y grito pelado, primero sin demasiado brillo, pero que al final coge altura, alejándose de comparaciones obvias y naturales en gente que va encontrando su voz y definiendo su personalidad musical. De aquí emergen temas tan interesantes como ‘Summer Again’ o ‘Crying Clown’.

Menos canalla que el garage rock estadounidense de Ty Segall o Thee Oh Sees, más agrio y oscuro, no en vano toman inspiración en un poema de Edgar Allan Poe, Annabel Lee, para nombrar el disco. Su sonido, en líneas generales, se asemeja más al Humbug de los Monkeys, en trazas de lo que es ya un estilo de encuentro en las bandas británicas de sus características, como los ya separados Dead Sons. Los primeros temas destacan por una mayor aspereza que sus compatriotas, por una aproximación cáustica que mezcla elementos del stoner rock, grunge, el garage surfero más torcido, con una voz más visceral y rota que irónica y contemplativa. Temas como ‘Digsaw’, ‘Beehive Queen’, ‘Wire Frame Mattress’, ‘Wide At Midnight o ‘Gravedweller’, dan un preciso muestrario de sus influencias, habilidades y expresividades presentes.

“Annabel Dream Reader” posee la promesa de futuro y las irregularidades del comienzo. Trece temas que parecen más un compendio del repertorio disponible que un ejercicio cohesionado, en la dirección que sea, de un discurso como banda. Probablemente el álbum se beneficiaría de una criba mayor de canciones, para destacar lo mejor, por más corto que sea. Toman de distintos lugares, procesan y estallan, con una personalidad fuerte pero aún por ir articulando, con un buen puñado de ideas interesantes y temas capaces de sostener firmemente los cimientos que han construido. Éstos aún están frescos y un tanto inestables, pero si el hormigón es de calidad, y la estructura bien planteada, hay metros para ir subiendo en un futuro. Rock renaciente, de corazones en un puño, frágil y ruidoso, fangoso y con suficientes aristas para vigilar no terminar con la carne ensangrentada.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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