Críticas

[Crítica] Tokyo Police Club – Forcefield (2014)

Cuando uno habla de Tokyo Police Club lo primero que le viene a la cabeza es indie-rock en su máxima expresión. Desde su debut (“A Lesson In Crime”, 2006), David Monks y compañía no se han andado con demasiadas complicaciones. Ellos, al igual que muchos otros, son un vivo ejemplo de que con pocos recursos se pueden hacer grandes canciones. Hasta hace bien poco así había sido, sin embargo la historia ha cambiado un ápice en este cuarto álbum llamado “Forcefield” (Mom & Pop) donde los de Ontario plantean una propuesta ligeramente distinta a la de sus anteriores trabajos.
Para ponernos en situación, Forcefield es el resultado de un complejo proceso en el que han surgido y resurgido tendencias de todos los colores. En un comunicado de prensa, Dave Monks hablaba sobre la presión que ha tenido el conjunto de llevar su música a una nueva dimensión. Un evidente período de transición en su carrera donde finalmente los instintos de la propia banda han terminado por “redescubrir la energía, las guitarras y las canciones simples y directas”. No le falta razón a sus palabras si tenemos en cuenta que TPC sigue apostando por la misma fórmula de siempre: temas dotados de un gancho melódico dulzón e infeccioso y cuya duración no suele rebasar los tres minutos y medio. No en vano, al margen de puntuales excepciones, esa energía y esas guitarras a las que alude, no son precisamente las mismas con las que les reconocíamos en anteriores ocasiones.

El álbum se presenta como un campo de fuerza donde efectivamente convergen nuevas ideas y corrientes musicales. Si bien, buena parte del descaro y fiereza rockera que caracterizaba sus últimos discos se ha visto eclipsada por un pop excesivamente acaramelado y relajado que no acaba de cuajar con las escuchas. ‘Argentina (Part I, II, III)’ no es el tema que mejor ejemplifique lo dicho, pues en estos polifacéticos ocho minutos de apertura la banda ofrece seguramente la versión más fiel a sus obras antecesoras. De algún modo ‘Hot Tonight’ no se desvía mucho de la línea establecida aunque en ella ya apreciamos ligeros matices que revelan un sonido más sofisticado, superproducido y artificial. ‘Miserable’ funciona como espejo del disco: enérgica, dinámica e impoluta en apariencia, pero carente de garra y contundencia en su interior. Y el suyo no es un caso aislado. ‘Beaches’, ‘Trough The Wire’, ‘Feel The Effect’ o ‘Toy Guns’ (irreconocibles en esta última) siguen esa senda power-pop marcada anteriormente con coros enmascarados, guitarras más comedidas y melodías con muy poca picardía. Pese a todo, el cuarteto también nos brinda ejercicios de fuerza y carácter con ‘Gonna Be Ready’ o ‘Tunnel Vision’ logrando que por momentos sintonicemos con el impecable “Champ” (2010).

La conclusión que sacamos de todo esto reside en las palabras del propio Monks. “Nos dejó con ganas de hacer algo que iba a durar”. Con casi una década de experiencia y cuatro discos de estudio a sus espaldas, su proyecto se presenta por primera vez más pretencioso de lo habitual. Quieren más y lo quieren ya. Tal vez la cumbre estética alcanzada en Champ les haya pasado factura en esta nueva expedición, porque la impresión que deja es que no ha terminado de ser del todo fructífera. En cualquier caso, los años han demostrado que Tokyo Police Club son capaces de lo mejor, así que solo cabe esperar que para su próxima entrega les dé un buen arrebato de lucidez y terminen de definir ese “algo” que tanto tiempo llevan buscando.

Escucha el álbum al completo a través de Spotify.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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