Críticas

[Crítica] Wavves – V

Nathan Williams es un tío ocupado. No le basta con haber sacado el más que correcto «No Life For Me» (imposible no quererlo) con su banda Wavves y  Cloud Nothings, de su colega Dylan Baldi. O con editar un disco debut con Spirit Club, proyecto paralelo que forma junto a su hermano, Joel Williams. O darle espacio a la electrónica con Sweet Valley con su otro hermano, Kynan. También tiene su propio sello (Ghost Ramp) y, por supuesto, le dedica horas de trabajo a Wavves, la banda con la que se ha hecho un hueco en el panorama californiano desde el 2008.

Si bien su punto alto lo ha alcanzado con discos de la talla de «King of the Beach» (2010) o «Afraid of Heights» (2013), ahora vuelve con su quinto álbum «V«, donde el garage, el power pop, el punk, el surf o el noise pop se conjugan en una máquina para mezclar cemento dando como resultado un trabajo que sin llegar a ser brillante como su antecesor, el mentado «Afraid of Heights». «V» ha sido parido en medio de una confrontación con su sello Warner Bros, con los que hubo un rifirrafe sobre la publicación de su primer single en una batalla a través de las Redes Sociales, al mejor estilo programa de tertulianos. El quinto LP de Williams y compañía se desmarca de su último trabajo en cuanto a oscuridad y parece volver a los primeros registros con un toque más veraniego, siendo mucho más accesible y potable para el público en general. Algo así como la versión americana de Foals.

Durante poco más de 30 minutos, los singles pegadizos están a la orden del día y le hablan principalmente a las decepciones amorosas, al alcohol y a pasárselo bien. El disco abre con ‘Heavy Metal Detox‘, una melodía popera contagiosa que trae al bajista Stevie Pope (ex-Jay Reatard) y al batería Brian Hilcon a colación, finamente aderezado con la guitarra de Alex Gates bien aceitada para iniciar el LP con un buen hit veraniego en pleno otoño. La cosa sigue con el single ‘Way Too Much‘, resucitando a unos Blink 182 con un coro bastante, pero bastante difícil de sacar de la cabeza: «This conversations getting boring / I’ve given up and now I’m on the ground / Way too much«. Buena lírica condensada en poco más de dos minutos. Y a cobrar. La cosa va a más con ‘Pony‘, el hitazo escondido del disco. Power pop de libreto, con una guitarra que tímidamente va tomando protagonismo. Una joya de surf pop para tirarse a la piscina con cerveza en mano. Sirve de antesala a la no menor ‘All The Same‘, algo más nerviosa en su columna vertebral pero a tope de power, con un Williams en plan frontman destacado. Lo mejor que puedes hacer a estas alturas del disco es dejarte llevar y subirle el volumen mientras explotas de adrenalina y buenrollismo.

My Heads Hurts‘ es una clara oda a la marihuana. La letra dice así:»Have I lived too long? Why does my head hurt?«. Aunque parece ser que esta canción autobiográfica habla de un mal viaje de su líder, que junto con un coctel de mal de corazones, es una bomba de tiempo. ‘Redlead‘ ha aprendido de su amigo Dylan Baldi para poder hablar con soltura de ciertos problemas psicológicos. Aquí, a diferencia de otros temas, hay una buena base de bajo para implosionar con un acelera-frena más esquematizado y darle rienda suelta a la guitarra en el tramo final del tema. El disco supera la primera mitad con ‘Heart Attack‘, riff fuerte para darle entrada a la suave voz de Nathan. Aquí el tema se desinfla y se hace un poco monótono, quizás un buen complemento para ir conduciendo mientras tarareas el coro; no da para más. ‘Flamezesz‘ es otro de los buenos adelantados del LP y un himno de oda a la muerte, con unos sintetizados que arremeten por detrás en un tema que tensa la cuerda entre el pop y el punk.

El último tramo del disco comienza con ‘Wait‘, otro tema intrascendente que sirve de relleno, con una voz más rasgada y agresiva por parte de Williams, dentro de lo que su música le permite, pues el talento está fuera de duda. ‘Tarantula‘ es otro de los hits que pasan desapercibidos en una primera escucha, un bajo postpunkero made in California, dentro de todo lo que engloba, con sus limitaciones y aciertos , una melodía más oscura con un coro puñeteramente bueno: «Every morning / Toxic waste / Everything sucks / If you don’t get your way». Uno de mis preferidos. El cierre llega a cargo de ‘Cry Baby‘, otro tema más negro y dark con gritos al vacío y criaturas que dominan su cerebro. Aquí se muestran sus tendencias auto destructivas al mejor estilo Jay Reatard, pero él las disimula con pop pegadizo y con olor a fresa. «V» contiene temas sencillos y adictivos, es bastante vertiginoso pero podría salir mal parado para los fieles fans del grupo. Tampoco es que Wavves sea un grupo que vaya a marcar una época pero su aspecto desenfadado y sin pretensiones se agradece. En un mundo musical en el que algunos se empeñan en buscar a trangresores que «definan y cambien» el panorama musical, Williams demuestra que es una catarata de escupir música, y personalmente, lo agradezco: el tipo tiene para todos los gustos con sus proyectos. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero si se ha de elegir entre todos sus registros del año, me quedo con la unión que ha hecho con Cloud Nothings.

Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
BELIEVE IN THE ANTI † † † Twitter: @sebastopol17

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