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[Crónica] Sofar Sounds Barcelona (19 de noviembre)

El entramado de artistas volvió a ser un misterio. Ni Sherlock Holmes hubiera sido capaz de descifrar los nombres ocultos en el cartel de esta edición. Es lo que tiene ir a Sofar Sounds Barcelona, que vas a respirar música sin aditivos ni expectativas, a aislarte un poco del mundo, aunque sea por un rato. A veces no nos queda otra. Por eso, casi siempre que llegamos al recibidor de ese hogar desconocido, la sensación es extraña y mágica a partes iguales.

En realidad, esto no es más que el relato de alguien que disfrutó con los directos de Bedroom, Núria Graham y The Saurs en el ático de Cloud Coworking, una mirada honesta hacia lo que supone ver a un músico tocar a un palmo de tu cara (o varios).

bedroom

La panorámica de l’Eixample con la montaña de Montjuic de fondo era de lo más emblemática, pero tocaba sentarse y aclimatarse en el ambiente. Traer la calidez y el silencio y hacerlos partícipes del encuentro. Eso Bedroom lo hicieron como nadie, a pesar de no poder contar finalmente con su trompetista. Albert Aromir a la voz, junto a Nuria en la batería y los coros, y Zuma en el bajo, encauzaron un directo sentido, profundo y directo -valga la redundancia-. Con cinco canciones de folk hogareño y ensoñador, todas pertenecientes a «Llum i carn«, el nuevo álbum que publicaron el mes pasado, nos contaron historias vivas y frágiles (como ‘Bosc Salat’, que me fascinó en todos los sentidos). Supongo que la intención era mostrar la esencia que acompaña a Bedroom en esta nueva aventura. A los silencios y fuertes aplausos me remito. Quedamos prendados de ellos.

El ajetreo tampoco llegó en el segundo concierto. La vuelta de Núria Graham fue especial por varios motivos: más allá del gran momento en el que llegaba (teloneó recientemente a Unkown Mortal Orchestra a tenor de su notable «Bird Eyes«), Núria volvía a Sofar dos años después. Es decir, por entonces en los inicios de su carrera musical y del proyecto. Mucho ha llovido desde 2013 y la prueba más viva la tuvimos allí mismo, en el poderoso concierto que desplegó, toda una muestra de tablas, estilo y talento. De Vic nos trajo el espíritu de cuatro temas de «Bird Eyes» (El Segell, 2015) y una quinta todavía sin identidad. Así, con ellas llevó el rock al escenario, adaptado al entorno de forma sutil y con una presencia única.

The-Saurs

También la juventud se sucedió en el tercer asalto de la noche, ya siguiendo otro guión, el de la estela punk. The Saurs nos inundaron de decibelios tal y como era de esperar. Con cabalgadas y latigazos de distorsión, Sueiro, Engui y Alejandro construyeron ese sonido inconfundible que tienen, el que nos noqueó con «Magic Shape» (su álbum debut) y sacudió el pasado jueves. ‘Flashlights‘ o ‘Close-up‘ subieron de pulsaciones a los más acomodados y con ‘Came to You‘, último tema, remataron el trabajo. Nadie se libró de un buen guitarrazo, pues su directo fue pura actitud, de los que, irremediablemente, te poseen canción tras canción. Fue una despedida a lo grande, vamos. Un final que intuíamos que podía producirse, más que nada por lo visto en ellos y en anteriores veces. Así pues, visto lo visto, que la clandestinidad siga su curso. Está comprobado que ver a un grupo de música en petit comité y sin antes saberlo no tiene precio, y nunca mejor dicho. Un privilegio.

Fotos: Carlota Figueras

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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