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[Crónica] Sofar Sounds Barcelona (28 de abril)

¿Es posible salir de un concierto pensando que no ha podido ir mejor? Sí. ¿Y de tres seguidos y de propuestas distintas? También. Ayer fue el caso. Joan Queralt, Cala Vento y Los Nastys lo petaron en Sofar Sounds Barcelona. Literalmente y sin alardes: el sarao que se organizó el pasado jueves fue para enmarcar cual diseño de Ina Stanimirova. Aconteció en una gran sala del  Cloud Coworking, lugar que brinda unas vistas abrumadoras (a elegir entre Sagrada Familia, Torre Agbar o Torres Mapfre), así que imagínense. Nosotros lo volvimos a presenciar, y tal y como ya sucedió en esa edición con The Saurs, el guateque secreto fue una auténtica revelación.

joan queralt

Así fue que Joan Queralt, apuesto joven cantautor de Barcelona (un guaperas de ojos verdes, vaya) abriría el telón robando corazones desde el minuto 0. Se le notaba a gusto, y no era para menos: el cuadro de todo el público sentado en el suelo, aguardando en silencio a la espera de que Joan arrancara con alguna anécdota, fue arropador. Con su guitarra acústica (una de sus armas letales) empezó todo. Allí descubrimos la delicadeza de su folk cálido, que recordaba al de grandes como Dakota Suite (sobre todo en ‘King of California‘) o Jack Johnson, además de una versatilidad reveladora de su innato talento por tocar y componer. Con algunas canciones más yankees que otras, su country demostraba ser esculpido por unas manos prodigiosas que hacían peripecias con la guitarra. Sin olvidar su gran voz, apacible y dúctil hasta puntos de acercarse a la del gran Billy Corgan. Estoy convencido de que él estaría satisfecho de ver la versión que interpretó de ‘Disarm‘, tan frágil y sentida que emocionó a los presentes. Me incluyo.

calavento

Es cierto que Joan dejó el listón alto, pero cuando a continuación se presenta un grupo con la frescura y la actitud de Cala Vento, lo mínimo que puede pasar es que lo mantengas. Para la ocasión, Joan i Aleix presentaron una actuación semi-acústica como suelen hacer: sin rodeos. Poniendo la directa y despertando miradas de admiración entre los presentes (vi más de una). El caso es que, pese a prescindir de la batería, instrumento básico en su set, sonaron rematadamente bien. Tocaron temas que vinieron como anillo al dedo a una noche como la de ayer: ‘Treintaiuno‘ o ‘Tus Cosas‘, entre otras, se acomodaron perfectamente en el ambiente. Al tenerlos tan cerca, me acordé de lo bien que conjugaban ambas voces y de la pasión que destilan. ‘Unos poco y otros tanto‘ fue el caso, una de las exhibiciones de la noche que disfrutamos como niños.

Los Nastys

Lo que tal vez no imaginábamos era que acabaríamos desmelenados y con los puños al aire. Qué ingenuos fuimos. Con la camiseta de Sonic Youth que llevaba Luis no tendríamos ni que haberlo dudado. El directo de Los Nastys, que vinieron desde Madrid, fue exultante. Como un collejón en la nuca. ‘Never digas never‘, con ellos esto podía pasar y así ocurrió. Su propuesta recordaba a la de los primeros Mujeres, garaje sucio y desaliñado, arrollador y honesto a partes iguales, que a la mínima de cambio pondría en pie a la gente. Acabó siendo un recital de actitud. Unos con balón de tinto en mano y otros de rodillas quemando amplificador. No iba a ser ese un concierto típico de Sofar, en el que nadie se despeina, pues a rato fue frenético, como el momento de ‘No hay amor en las calles‘, que subió las pulsaciones de todos, técnicos de sonido incluidos. Vamos, que su buen rollo nos contagió hasta el punto de no querer marcharnos de ahí. Suele pasar. La cosa se anima tanto que lamentas que esto de Sofar dure tan poco. Por suerte habrá más el mes que viene. Repetiremos.

Fotos: Carlota Figueras

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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