[Crítica] Delphic – Acolyte (2010)

En el norte de Europa, más concretamente en la ciudad de Manchester (Inglaterra) parece que ha nacido una estrella o, por lo menos, así es como se está haciendo a creer a parte del viejo continente. Este astro, llamado Delphic, es una formación de música electrónica que se ha visto sumida en un hype enorme tras el lanzamiento en el pasado noviembre de su álbum debut llamado Acolyte. Evidentemente que gran parte de culpa de todo ello proviene de su sello discográfico (Polydor Records) pero ¿son tanto como se hace creer? Tras tantear y probar de cerca este primer trabajo hay que avalarlos aunque solo sea en su justa medida.

Acolyte es un auténtico ejercicio en forma de compacto que demuestra cómo es posible el coger de la mano dos mundos tan significativamente diferentes como son el del indie y el del dance. Mediante una labor de interiorización y digestión de los signos y símbolos Delphic ha unificado estos dos estilos introduciendo unos ingredientes (en algunos puntos algo techno, en algunos algo post rock) capaces de crear una mezcla de lo más interesante. Mirandolo en contexto global este trabajo , mas allá de ‘Counterpoint’ parece no contener ninguna pieza que sea carne de single (hablando desde términos más relativos al dance) pero esto no tendría porque importar porque la esencia de este trabajo gustará de sobremanera a aquellos fans de la música indie en vertiente más electrónica. La canción que centra el disco (la homónima ‘Acolyte’) es una prueba de que este conjunto tiene muchas posibilidades de camuflarse dentro del ambiente dance introduciendo un calor y una intensidad de la cual carecen gran partes de las producciones del momento.

Será puramente voluntad o serán buenas maneras pero Delphic , si consigue consolidarse en su segundo álbum, podría llegar a ser todo un justiciero de lo más oportuno.

Añado: preciosa la cover del disco. De lo mejor que he visto recientemente.

Fuente | Rockzone

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Personalmente, no soy de aquellos que creen que todos los hijos de las grandes estrellas que intentan abrirse un hueco en el mundo de la música lo hacen simplemente por ser hijos de quien son. Al contrario, siempre escucho con ganas los trabajos de los retoños de los grandes, y es que soy de los que piensan que gran parte de la inspiración se lleva en la sangre y en todo lo que te ha impregnado desde pequeño. Hay algunos “hijos de” –pienso en Jakob Dylan, por ejemplo- que están sobrados de talento y que se bastan por sí solos para hacernos vibrar. Este no es el caso de James McCartney, hijo del gran Paul. O por lo menos no es eso lo que se desprende de su primer lanzamiento.