Diamante Negro – Deseo Querer | Crítica

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El negro puede evocar al rosa coral con la música. Aunque también os digo que solo existe una manera de hacerlo, y es la del flautista de Hamelín: ahogando a las ratas al son del tururú. El que es romántico lo lleva en la sangre, da igual que sea un bastardo, la cuestión es que no será el bufón de la corte. Hay una parte de arte escénico, pero sobre todo de pedigrí: si Pete Doherty hubiera empezado con una vihuela, por muy clérigo vagabundo que fuera, el pueblo le exigiría llevar la capirota. Diamante Negro son de los que andan descalzos y dolidos por la calle, rechistando, pero sin vilipendiar a nadie. A sus espaldas le sigue una corriente de devotos (no he dicho ratas) que comulgan con sus epístolas: ‘Reflejos’, sentimientos sociales y amor sin filtros, qué ironía. ‘Deseo Querer‘ es el debut del trío barcelonés y la lágrima que desfigura esos lienzos tan bien pintados. Un álbum que lo dibuja todo tal cual es.

Diamante Negro no se meten en laberintos de tinta para decir “lo siento por cada vez que soy una mierda” y admitir que esto se va a repetir de forma sistemática. Es una cita de ‘Soy Así’, que atrapa perfectamente el estado de ánimo de “Deseo Querer”, un quiero pero no puedo. Ese rosa del que hablaba está ahí. En el discurso crudo, compacto y frontal. Su genuinidad todavía le da más valor: Diamante Negro han trasladado su esencia a un disco de 14 temas, una estructura valiente. Y lo han hecho quitando todos los poderes al bateleur de turno, vistiendo con un traje singular al que ya le habíamos visto las costuras. ‘De verdad’, que abre el disco, nos deja con otra idea que sale de su flauta: vivir soñando, porque la vida práctica es un lío.

Más que un propósito, “Deseo querer” se entiende como un ejercicio de identidad. Por dentro ya he dicho por qué. Por fuera, redoblan la apuesta. Por el sello de su sonido, desaliñado; de otra manera no les sentaría tan bien. Respalda a Benoit en la voz, que canta muy puro, sin trabas cuando se trata de hacerlo con dolor, rabia o lo que sea que sienta. La analogía medieval llevada a los estudios del siglo XXI nos permite hablar de guitarras y bajos limpios (‘Luna Llena‘), de cánticos tabernarios muy Mujeres (‘Poliamor‘), eléctricas con dientes de sierra (‘Futuro Incierto‘), aproximaciones tropicales (‘Soy Así‘), baladas (‘Si Estamos Juntos‘) o acústicas preciosas a la Lust of the Libertines (‘Otra Vez‘). Todo convence, todo conecta, y tiene mérito teniendo en cuenta que la mayoría de canciones no están estandarizadas, ni cubren minutaje con estribillos en exceso, ni se andan con muchos histrionismos. De alguna manera, es la enésima señal de que “Deseo Querer” va en serio: es un álbum fogoso, esporádico, que no tira de pergamino, simplemente sale así.

Dicen negro, pero, repito, también veo rosa, porque inevitablemente es un deseo bueno que acabas compartiendo. El último tema no abre la puerta, y casi que mejor que quede cerrada. Cuando el camino es solitario, uno sabe cómo recorrerlo.  Ya lo cantaba Pete también con acústica: “His heart is in a lonely way, Living in the ruins of a castle built on sand“. Es Tell the king. El mensaje lo entrega Diamante Negro.

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