Las agendas escolares son un buen testimonio de los niños que se van para convertirse en adultos o, mejor dicho, en profesionales. Organización, caligrafía, garabatos o notas extensas como cartas de amor (firmadas por profesoras a las que les encantaba discutir). Es una realidad vs expectativa con poco margen de error. Ya hace años que los cinco miembros de El Diablo de Shanghai terminaron el instituto, pero ESO, las rutinas en las aulas, que pueden ser tan duras como un primer plato de vainas, apuntarían a que esta banda iba completamente a su bola. Esto no deja de ser una deconstrucción figurada de lo que representa el segundo disco de los barceloneses, «Testamento» (Candorro, 2026), un álbum impasible a los pantalones caídos y a lo que marca el reloj de la tendencia. Una foto de orla que se distingue sin querer verla.
Dos años atrás muy poca gente ponía cara a El Diablo de Shanghai. A raíz de su primer disco («113 Pasos Adelante en el Ensanche») y de singles de gran adhesión lírico-melódica (como ‘Joven Ciudad’ o ‘Términos y Condiciones’), se fueron abriendo paso en los pasillos más independientes. Lo que quizá pocos esperaban era el gran salto cualitativo, por no decir enorme, que iban a dar con «Testamento». Si habías leído que Sergio Maschetzko, productor del antológico «Ants From Up There» de Black Country, New Road, estaba detrás del proyecto, quizá sí. Pero sea como sea lo que presentan estos jóvenes músicos es un trabajo con un sonido impecable, implacable estilísticamente, mucho más cohesionado que el anterior y al mismo tiempo atípico en los tiempos que corren. Es intachable sobre el papel de examen (el propio fallo hasta les hace sumar puntos, ya lo veréis en el último tema) y de altos vuelos para la música patria, por extensión, catalana.
El legado de estos alumnos aventajados de la música queda en 11 temas a repartir con todo el mundo, pues son universales. Juan Trias, letrista y alma crooner de EDDSH, saca frases que podría haber escrito en papelitos pasados por debajo de la mesa o charlando con un amigo mientras comía el bocadillo. A veces confesionales, indolentes, sensibles, simples, vulgares, profundas, de rimas consonantes, impropias y de no-rimas. Pero el tema es que juntas alcanzan cumbres incluso poéticas, al estilo Orchestra Fireluche. No llegarían a ese punto si no las articulara con el tono conversacional adecuado (el suyo y el de nadie más), uno que esquiva casi al límite los terrenos del spoken word, pues un poco como Isaac Wood. Ya que ha salido el nombre del británico, vayamos al sonido, cuyo sello obviamente remite a BCNR, con quien por cierto comparten necesidad de abreviatura. Sitúa a la banda en un espacio punk donde se da carpetazo a los cálculos aritméticos y donde reina la química. Una canción, pues, puede contener otras tres (‘Editorial‘), durar lo que un suspiro (‘On/Off‘) o acabarse de un tijeretazo (‘Tenía que Valer la Puta Pena‘). Como salga. Las guitarras devienen relucientes o harapientas, como en los primeros Cymbals Eat Guitars, confrontando luz y sombra, post-punk y pop, pero oliendo siempre a limpio. Cuadra de pleno sabiendo que Juan Poch y Albert-Vicente Muñoz (ahora guitarrista) son los compositores, tan solo hay que echar mano de los temas de Rodriguez Rodriguez. Es una apuesta que no teme al suspense, ni al suspenso.
Quizá por eso «Testamento» también pondera tan alto. Porque no tienes ni idea de por dónde te puede salir. ‘Todo y más‘ parte como una balada tabernaria inflamable, que se torna en un incendio de cuerdas. ‘Pisa Fuerte‘, primer single, entra con sigilo y de un segundo a otro pone la clase patas arriba de noise. ‘Abulia‘ destapa la carta del «post-punk sólo» deudor de «A Hero’s Death» de Fontaines D.C. o de los shame primigenios. Y ‘Testamento‘, de naturaleza ológrafa, está escrita con una tinta de boli BIC corrida por las lágrimas de su autor. Ficha melancólica que vuelven a jugar en su cierre con ‘Tierra Trágame‘, casi 9 minutos de retronostalgia noventera y de elementos básicos de post-rock que un día tan bien defendieron otros compañeros de profesión como About Leaving o Retirada!. En El Diablo de Shanghai, el A, B, C es un orden y una clasificación sinsentido. No hay tantos músicos matriculados para establecer nuevas líneas, pero ellos se inventan una poniendo a las anteriores del revés. Y el resultado, por supuesto, es un álbum vigoroso que no parece seguir un orden, de estructuras improbables, irregular en la forma, como un cactus de contornos demenciales, pero que también saca sus flores.
Exprimir las ventajas de ser jóvenes pasa por poder darlo todo en un disco así, pero mucho me temo que esta banda no cederá a la presión de los padres de sus padres cuando se hagan más «grandes». Aquí se ve, y se escucha, un trabajo que está a la altura de su grandeza y a unos chavales que hicieron los deberes que nadie les encomendó.




