Gouge Away – Deep Sage | Crítica

Gouge Away - Deep Sage | Crítica

Fuera caretas. Sobre el escenario, la banda norteamericana Gouge Away no acepta fantasmas de ningún tipo (tampoco el de la ópera). Aquí el telón de su carrera musical ya se cerró, y qué pena por los que abandonaron su butaca. No vieron que volvería a abrirse ardiendo en llamas para hacernos espectadores de la escena más negra imaginable: un número de Black Swan o uno de Black Francis acompañando a grito pelao. En cualquier caso, la cuestión es que durante la pandemia, el futuro de esta banda, que ya acumulaba dos discos en su haber, pintaba negro. Tanto, que se les daba por enésimas víctimas. Sin salirnos de toda esa oscuridad que rodeaba el momento del grupo, sólo dejaremos de lado el humor para decir que resucitaron a raíz de ver (envidiar) que otras bandas fueron capaces de adaptarse. Sería un chiste malo decir que “Deep Sage“, su tercer trabajado, cobró vida por celosía. Pero como todo gag, algo de gracia implícita lleva; algo de verdad esconde. Aplaudan.

Una buena parte de este disco que ahora lanzan se escribió antes de que el Covid lo paralizara todo. Si éste fue capaz de pausar el curso discográfico fue por el miedo al futuro, a lo desconocido. Así que “Deep Sage” debe entenderse como la consecuencia de esa mancha negra: un ejercicio de presente. Un blanco y en botella. Christina Michell, frontgirl del quinteto, no se cansa de decirlo, en entrevistas, y en sus temas encriptados. El disco no deja de ser un status quo de todo este devenir. Los focos están en la impotencia y la sobriedad, que juntas hacen un baile de lo más hardcore. Hay temas que pueden reseñar de una el disco, como ‘Idealized‘, que sería algo así como una balanza con un quilo de ‘metal’ a un lado y otro de oro melódico reluciente al otro. ¿Qué pesa más? La pregunta es absurda, aunque en apariencia y volumen la electricidad y las cuerdas (vocales) peladas parecen decantar el plato.

Pero para platos, la ración de hardcore limpio, de rock sobrio y de grunge melancólico que traen sobre los tablones en conjunto de este disco, y que al final se distingue de los anteriores. Se mide en la rabia de ‘Stuck in a Dream‘, luego en ‘Maybe Blue‘, que surge de la época en que Michelle tocaba indefinidamente de gira con Nothing y se estresaba al no saber cuando volvería a la vida normal. Son dudas, que se declaran en forma de agonías, ahogamiento y disociación en lo lírico, y que de alguna manera se resuelven en lo instrumental, con una puesta en escena de demolición, tanto en ritmos como en sonido. No hacen falta prismáticos de palco para ver que ‘The Sharpening‘ es puro METZ, o que incluso ‘Spaced Out‘, que a priori era un descarte visto para sentencia por todo el grupo (salvo por Christina), no te da ni un segundo para coger aire. Supongo que va de eso, de sacarlo todo.

Es obra, pero no hay que verla como ficción por muy teatrera que sea la reseña. Primero, porque detrás del antifaz de este quinteto mosquetero (más bien gladiador) hay un disco grabado en directo donde se puede palpar la tensión del rec sin pausas. Sale de dentro, y a ello se le añaden otras intensidades (si cabe) para captar el fuego con todos sus despidos. Segundo, porque todo nace de su contexto original, incluso el peculiar cierre de un telón que, siendo ceniza, lo restauran y tapizan con las costuras más elegantes del shoegaze. Son lo seis minutos de una ‘Dallas‘ que también fue compuesta en 2018, y que indirectamente (y ya no sé si queriendo) redobla el potencial de una banda que transcrita al clásico puro le harían un hueco en el Liceo. No quiero generar incendios con esta comparativa. La historia de Barcelona Gouge Away ya está escrita.

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