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Grimes – Miss Anthropocene | Crítica

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Resulta divertido contemplar las vueltas que da la vida. Claire Elise Boucher, que al comienzo de la década pasada estaba tirada en su garaje -suponemos por lo que decía entonces- resoplando en un viaje cósmico de LSD, sin saber si era un reptil, un felino o la virgen, es, diez años después, la portadora de la cepa humana más proclive de ser lanzada al hiperespacio, sea en un coche galáctico, alcanzando la velocidad de la luz, o bajo el ritmo de la machacona ‘Don’t Doubt Ur Vibe’, con la que su novio trata de expandir o equilibrar la excentricidad que caracteriza a una de las parejas llamadas a dominar mediáticamente la próxima década; casi como Kanye y Kim hicieran en la pasada. Y es que Grimes es ahora la reina de la distopía del Antropoceno, que nos llega de forma delirante con inundaciones, helicópteros cayéndose inexplicablemente del cielo, infecciones apocalípticas que bloquean países enteros, terrorismo demodé y un videojuego modo arcade en el que todo parece incierto e inseguro.

Nada menos que cinco años ha tardado en llegar “Miss Anthropocene”, la continuación (si miss Boucher lee esto nos lanza un rayo musktuctor) del apasionado y asequible “Art Angels”, con el que dio una necesaria vuelta de tuerca al pop nigromante y difícilmente calificable de sus primeros trabajos. Aún con ello en aquel disco permanecía latente ese oscurantismo, esa asiática y mistérica influencia que se manifestaba sólo en unos horrorosos videoclips y en alguna que otra canción, con ritmos muy alejados de la música popular o recursos extraídos de espacios por así llamarlos “poco occidentales”. En su nuevo trabajo Grimes vuelve a esos parajes densos y existenciales de sus primeros discos, aunque lo hace con una producción mucho más pulida y valga el estereotipo, espacial.

“Miss Anthropocene” es un disco que reflexiona acerca de la situación actual del mundo, y lo hace a través de una buena cantidad de referencias a videojuegos, el catastrofismo, la inteligencia artificial y la ambigüedad del conocimiento en nuestra era. Hasta aquí todo bien, un disco que tiene en cuenta factores muy relevantes de nuestro presente, que los mira directamente y juega a construir melodías memorables y sobre todo mantras sensacionalistas (un poco en la dirección del ‘Love it if we made it’ de The 1975) para cantar mientras adviene el apocalipsis. Con ello es una verdadera lástima que se haya quedado fuera del disco ‘We Appreciate Power’, prácticamente la única canción del proyecto que parecía recopilar estas pretensiones que mencionamos sin resultar demasiado evidente, quejosa o derrotista. Que Grimes tiene una capacidad estupenda para construir hits de pop es algo sobre lo que ya no cabe duda. En su nuevo disco ha querido además darle a esos hits un carácter épico o tal vez traumático; como para quien observa (seguramente ella, su chico y Elon Jr) el planeta Tierra entre llamas y explosiones desde una colosal nave que se dirige a colonizar otro espacio habitable.

Y hay momentos en los que Boucher consigue sus objetivos: la estática y hermosa obertura ‘So Heavy I fell to the Earth’, o la enérgica y radiofónica ‘Violence’ dan buena cuenta de ello. Pero en otros momentos se desinfla, dejando apenas una brumosa y mareante atmósfera que de hipnótica nos lleva al desfallecimiento; un exceso en las pretensiones de perturbar al oyente que pueden terminar por desquiciarlo. Son ejemplo de ello ‘Darkseid’ y su exceso de solemnidad, o la vulnerable pero olvidable ‘New Gods’ que pasan sin pena ni gloria. También encontramos un par de referencias a ese pop más directo de “Art Angels” con dos temas de lo más dispares: el aburrido e insustancial ‘My Name is Dark’ y en contraste ‘Delete Forever’, una canción de country espacial y romántico que hace referencia al otro gran motor creativo de este álbum: el amor como vía de salvación.

Ese es a su vez uno de los problemas de “Miss Anthropocene”, que nos hace llegar su -a ratos- optimismo con una ambigüedad que no parece voluntaria, sino que parece forzada por las propias condiciones creativas de Boucher que, salvo sorpresa, nos impresiona con el despliegue sonoro, pero no nos sorprende. Son la excepción ‘4ÆM’ e ‘IDORU’, que no sólo incluyen referencias a un inesperado Drum & Bass, sino que también son las dos producciones más complejas de todo el disco, con elementos muy finos; como los vientos al final del cierre, recordando incluso al último trabajo de Björk. Con ellas Grimes demuestra que aún quedan caminos inexplorados e interesantes para su proyecto, a priori atrevido y futurista, pero que en este trabajo se muestra por lo general predecible y complaciente.

Con todo y a pesar de sus formas y temas un tanto estereotipados la propuesta de Grimes en “Miss Antrophocene” vuelve a ser interesante y divertida, dos cualidades que son esenciales para un buen disco de pop. La canadiense sigue siendo una figura popular relevante a la que desgraciadamente en la actualidad la caracterizan más sus escarfeos y líos mediáticos que el núcleo duro de su música. Por ello aún confiamos en que la música de Boucher, aunque en esta ocasión sea demasiado segura, vuelva a ofrecernos momentos a la vez atrevidos y pegadizos, puesto que en este disco esa clarividencia suya sigue por momentos presente.

Resumen de la crítica:

Nota:7

Pros

  • Las canciones que referencian más explícitamente a la electrónica
  • Los momentos sin excesivos aires de grandeza

Contras

  • El precio de un TESLA es todavía excesivo

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