Críticas

[Crítica] Hand Habits – placeholder

Todos en este mundo tenemos nuestra propia idiosincrasia, ese temperamento particular por el que la gente te cala, y por ende, te ama, te odia o te ignora. Engloba también los hábitos (buenos o malos) de ese individuo o colectivo, esos por los que al final los acabamos conociendo o, en el peor de los casos, estereotipando. En términos artísticos, a la angelina Meg Duff, es decir, a Hand Habits, la descubrimos por sus embriagadoras maneras de desenvolverse en el folk. Se trataba de un perfil bastante fácil de generalizar, algo que, a día de hoy, con “placeholder“, sigo pensando. Por suerte, los hábitos (más o menos comunes) que distinguen a la cantautora en este segundo álbum son buenos, así que no vamos a caer en el error de encajonar.

Si ha habido salto de 2016 a ahora sin duda ha sido compositivo. En este disco Meg habla principalmente de relaciones personales, a todos los niveles, y lo hace con el corazón en un puño. Tanto si siente remordimientos por alguien (‘Can’t Calm down‘), el amor fogoso de dos amantes (‘what lovers do‘), como si es para expresar el deseo de conocer a esa persona que no te vaya a fallar (‘yr heart [reprise]‘) u olvidar y perdonar tragedias vividas con esa tal ‘Jessica‘. El tono melancólico empapa en lágrimas (aunque en muchos temas venda haber pasado página) un disco que se hace plano y lineal precisamente por eso, su tono afligido. Aunque eso no desmerece las cualidades que Duff tiene de serie: una voz angelical y una sensibilidad para la que uno tiene que estar preparado y predispuesto.

placeholder‘ es como el placentero crujir de dedos por la mañana. El primer hábito audible de una artista que cuenta, explica, desde la relajación instrumental y que tiende a la melancolía. La mezcla deriva en ese tono dramático que firmaría un Sufjan Stevens (siendo un poco extremistas), el de la preciosa ‘Can’t Calm Down’, la cristalina ‘pacify’ o la alicaída ‘Jessica’. Van una detrás de otra. Elementos como el piano, los saxos lejanos, las guitarras eléctricas que se evaporan o, directamente, su cuidadosa producción (a cargo de ella misma y Brad Cook), contribuyen a hacerlo más profundo. No se cuela ni una mota de ruido, te llegan las notas exactas que te tienen que llegar. Y las sientes.

Quizá por eso la sensación de redundancia a nivel de estructuras, ritmos y arreglos también se hace más evidente. Lo criticable de este disco no es que casi todos los temas sean tristes, sino que las formas parecen ser una sola. En este sentido, ni ese interludio dispar llamado ‘heat‘ rompe del todo con la linealidad de este segundo trabajo. A ratos super vulnerable y exageradamente afligido, a otros tierno y encantador. Los hábitos a la hora de expresar los diferentes estados anímicos de Hand Habits se calan a la primera. Sin embargo, una caricia jamás será algo a corregir.

Resumen de la crítica:

6,86.8

Pros

  • Su pulcra producción. Implicación sentimental en cada uno de los temas.

Contras

  • Álbum muy lineal.
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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