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Angel Olsen – My Woman [Recomendación]

No sé cuantos de aquí se encontraron, pero ni yo ni Angel Olsen lo conseguimos aún. ¿Qué impulsa a una persona a sacar lo mejor de ella? A ponerse a prueba y, justamente, probar aquello que nunca antes se hubiese planteado. Pues yo diría que la inquietud de un ser humano que tiene muchas cosas buenas que aportar en su corta vida. Como Olsen, la joven de Missouri que quiere explorarlo todo con 29 años, preguntándose mil y un porqués por el camino, y encontrando claras respuestas de vuelta. Y he aquí la sorpresa de Olsen y «My Woman» (Jagjaguwar, 2016), el disco que hace de una artista una gran artista. El tercer álbum que, en busca de más, halla la luz. «Voy a ser la parte viva del sueño después de que este se haya ido«, concluye ‘Pops’, la canción que cierra el disco y que podría sellar, con esta misma frase, todo lo que Olsen explora desde su identidad femenina. Porque ni siquiera sus ojos vidriosos pueden empañar la realidad; hay algo de ese sueño que ha cobrado vida.

El qué lo podríamos resumir en la identidad que tiene este álbum, clara y sólida. Asimismo, hablar de esa identidad es hablar de Angel Olsen, porque «My Woman» es un manifiesto de su frustración, del amor, la política social, el feminismo y todo lo que gira alrededor. «Todavía tengo que despertar y ser alguien», se convence la cantante en ‘Intern‘. Así empieza el disco, con emoción, con dudas, con épica y, a la postre, con varias lecturas. «Nunca serás mío«, insiste Olsen en ‘Never Be Mine’, sin terminar de aceptar que no puede lidiar con ese amor doloroso. O «Podríamos parar este dolor ahora mismo, podríamos rebobinar todas esas lágrimas» sentencia decididamente en «Shut Up and Kiss Me», una rockera exposición sobre la falta de comunicación en un relación y la esperanza de una segunda oportunidad.

Por fuera, Angel Olsen también ha madurado. Se ha vuelto más esbelta, más fuerte; más mujer. ‘Intern‘ , lo comentaba, es una pieza que refleja la expansión musical que Olsen está viviendo, con livianos sintetizadores que la sumergen en su deliciosa burbuja. ‘Never Be Mine‘ es perfecta. Dotada de un control adulto, procede al paso country a lanzarse con su voz, temblorosa cuando siente más de la cuenta, y su guitarra, la otra mitad de su corazón. En ‘Shut Up Kiss Me‘ ya pone un poco más de mala leche y tira de rock. Sin castigar su voz, Olsen suena tan imponente como guitarra y batería reivindicando los textos. Ahora bien, pasado ‘Give It Up‘ y ‘Not Gonna Kill You‘, la norteamericana abraza un registro distinto: más instrumental, más pacífico y más dilatado. El contrapunto perfecto para explicarnos que, pese a todo, no hay desorden.

Es así como llegamos a temas como ‘Woman‘, dotados de un sosiego que ni en «Born Your Fire No Witness». Canciones que, por otro lado, no dejan de reivindicar la fuerza del trabajo: los ocho minutos de ‘Sister‘, que desembocan en delirantes fogonazos de guitarra eléctrica, crecen con hermosura, igual que ‘Pops‘, canción en la que Olsen tan solo se deja arropar por su piano. Tras escuchar esta última (en su sentido más literal), saquen sus propias conclusiones. Sea como sea, y sirva o no de paradoja, de todo esto sacamos algo en claro: Angel Olsen es aquella mujer que soñaba ser.

 

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Redactor | Twitter: @MariusRiba

1 comentario

  • Es un disco mayúsculo. Sigo a Angel Olsen desde hace años y sabía que iba a pegar un puñetazo encima de la mesa. Está dotada de talento.

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