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black midi – Schlagenheim | Crítica

black midi Schlagenheim

A lo largo de todo este 2019 se ha ido formando un importante hype en torno a una de las bandas de guitarras más misteriosas que han surgido recientemente. black midi, cuarteto de post pubertos de los que apenas conocíamos dos temas y un directo abrumador para KEXP, han lanzado su debut, “Schlagenheim” hace una semana con Rough Trade. El nombre del grupo, que referencia a un género musical digital que trata de colapsar la partitura de notas para que esta aparezca negra, da buena cuenta de su estilo: recalcitrante, revuelto, y, como en la portada, difícilmente divisible. black midi son cuatro chicos británicos (vean las imágenes, jovencísimos) que formaron una banda después del instituto y comenzaron su andadura sin mucha mediatización, redes, ni fines comerciales. Los referentes musicales, aunque según las entrevistas, podrían ser bien variados, parecen (debido a las guitarras) el math rock, Fugazi, Can, el hardcore… Pero con un toque de art difícilmente alcanzable; como unos alt-J, -dios les libre- pero bien hechos y extremadamente violentos.

Ya desde el arranque, ‘953’, se plantea ese ambiente extenuante y hostil, que no permite entrar de manera tácita al álbum. black midi describen la vida contemporánea desde varios vectores, con un sonido que representa ese malestar, agobio y aturdimiento de la ciudad capitalista occidental con especial lucidez y desenfreno. En medio de esta confusión, los británicos, plantean como salida el nomadismo (véase Guattari, Deleuze), una huida hacia adelante que bien viene resumida en ‘Speedway’. Siendo este uno de los temas más tranquilos del LP, la intención de black midi aparece perfectamente resumida en él: “Honey, we wont build to this code”. El grupo rehúye la categorización y la estandarización de su música a través de una histeria general, de una heterodoxia que rompe sus canciones a la par que evita ceñirse a los códigos formales de ningún género.

Así llega ‘Reggae’, no se asusten, no es una canción sosegada y de percusiones jamaicanas. Es sin embargo una de las canciones más limpias de todo el trabajo, con un ritmo de batería nervioso y contagioso. Mediante la letra se nos plantea otra de las claves del disco, la proliferación y diferenciación. “Schlagenheim” es un disco esquizofrénico. En él hay varias fuerzas psíquicas (el grupo tiene hasta tres vocalistas) luchando entre ellas, comentando distintos problemas en la ciudad, ahogándose en una cadencia oscura, fea y sucia, enfermiza. Como en ‘Near DT, MI’, tema en el que hablan de la crisis del agua de Flint, de manera totalmente convulsa y neurótica. Lejos de hacer una denuncia punk característica, black midi se escandalizan -y escandalizan al oyente- por temas de la actualidad a base de alaridos y rupturas; como por ejemplo que, en un país perfectamente civilizado en 2019, haya lugares en los que el agua, elemento fundamental para nuestra supervivencia, pueda matarnos por estar contaminada en nombre del progreso industrial.

No obstante, la ambientación instrumental es acertadísima. Aunque en ocasiones los distintos instrumentos parecen agolparse sin ton ni son, una vez se va desgranando las canciones cada movimiento toma más sentido. En el centro queda la apoteósica (ocho minutos) ‘Western’. Un tema que representa un duelo en el Oeste, y que sin embargo bebe a ratos del post punk británico más reputado, con unas guitarras reverberadas y místicas, que van encendiendo la primera mitad del viaje junto a una línea de bajo terriblemente fina. En la segunda mitad parece sonar un tema perdido de The Doors, con ese ambiente de nuevo desértico, árido y sosegado (es un momento muy alt-J en 2017, le pese a quien le pese). Aunque en este caso no todos los recursos aparecen justificados, el despliegue formal es monumental, sobre todo para una banda de debutantes que no están sino poniendo estilos en sucesión con una facilidad enorme.

Todo esto convierte “Schlagenheim” en un disco de digestión lenta, pero en un disco de guitarras que suena actual, que ya es más de lo que pueden decir la gran mayoría de quienes cogen un instrumento de cuerda e intentan representar nuestra situación ahora, en 2019. En la canción que es contenedora del nombre del disco todo esto está perfectamente representado; un tema repleto de distintas secciones, neurosis, ritmos, y enajenación; todo ello generado por la vida en la ciudad actual, por el agobiante trabajo, madrugar, el hiper consumo… También el del sexo, en esa cruel interacción utilitarista entre los seres humanos. Ello aparece representado en ‘bmbmbm’, una canción sobre el sexo y la seducción, desde una perspectiva cínica y contagiosa. Centraliza en fetiche de un pervertido, insistiendo en el “propósito” de sus movimientos, mientras agrava la tensión y enardece la violencia entre enormes distorsiones.

También queda tiempo en este manicomio para el humor y las referencias electrónicas. Así lo demuestra ‘Years Ago’ una canción que reflexiona sobre la posibilidad de progresar personalmente, pero que está basada en un meme de youtube sobre un rapero que se quedó en blanco al improvisar en televisión. Con coros femeninos y algo parecido a un estribillo, el corte es de los más concisos y menos laberínticos del LP, dando paso además al más contundente y estimulante de todos: ‘Ducter’. En él black midi se transfiguran en unos Talking Heads intoxicados de droga caníbal. El tema, que narra una relación dicotómica, puede ser interpretado desde varios puntos, los principales son: una víctima de abuso y su abusador… O dos partes de una mente: la dionisíaca, que quiere destruir fronteras, obtener goce y liberarse, y la apolínea, que quiere ordenar, crecer, progresar… Durante toda la canción, entre el frenesí de una percusión encendida y la nerviosa narración, se diluyen las perspectivas morales, mientras la lucha no deja de crecer; en la necesidad de posicionarse entre uno u otro lado de la mente, o la de superar el trauma o subsumirse a él. Unos sonidos se van montando encima de otros, hasta que la canción y el disco terminan a modo de cacofonía, logrando el objetivo del género black MIDI, y dando un final enormemente convincente al LP.

Aunque por momentos cuesta entender a dónde quiere llegar “Schlagenheim”, su concepto está bien claro y su consecución formal es total. Personalmente creo que la parte más rítmica y bailable es la que deberían perseguir, pero parece que entre sus principios está precisamente esa huida incondicional, esa desordenación en pos de evitar caer en clichés o etiquetas; y en su debut black midi lo consiguen con muchísimo acierto. Optando desde ya a ser la opera prima del año, veremos a qué más optan los ingleses como grupo de guitarras con una proyección enorme y un estilo nada desdeñable. Por el momento, son -como ya hemos dicho- una de las pocas agrupaciones que con esos instrumentos es capaz de referenciar con ahínco y atino el sentir actual ¿Es acaso imposible un rock para millennials?

black midi presentarán su nuevo disco en septiembre en Donostia, Barcelona y Madrid. También los veremos este verano en el Mad Cool 2019.

Resumen de la crítica:

Nota:8.3

Pros

  • La inalcanzable batería
  • El constante cambio que honra sus valores formales por encima de sus capacidades comerciales

Contras

  • Requiere bastante paciencia

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