DestacadosMejores Discos

Cloud Nothings – Life Without Sound [Recomendación]

cloud nothings life without sound

Dylan Baldi no se esconde en sus canciones. Si sientes que la vida es una auténtica pérdida de tiempo en forma de broma colosal, si te cuesta encontrar un lugar menos asfixiante, discernir o pretender tener las herramientas para navegar en gran parte de ella de forma un mínimo saludable, la temática de “Attack On Memory” y “Here and Nowhere Else“, dos álbumes mayúsculos, te atrapa. La brutal honestidad con la que Baldi gritaba sus frustraciones y rabia, capaz de mezclarla con desarrollos caóticos y progresiones melódicas de esas que no se olvidan, convirtieron a Cloud Nothings, proyecto que empezó él solo a lo pop punk frenético, en una especie de Hüsker Dü contemporáneos -salvando las diferencias. Canciones desgarradoras como ‘Wasted Days’, ‘No Future/No Past’ o ‘Giving Into Seeing’ compartían espacio con ‘Fall In’ o ‘I’m Not Part Of Me’. Una amalgama de influencias punk, post-hardcore, indie y noise. Visceral, cortante, rabioso, pero con una facilidad pasmosa para facturar canciones a la vieja usanza del pop.

Tres años han pasado ya de ‘Here And Nowhere Else’, un espacio hasta ahora inédito en la discografía de Cloud Nothings, producto de un proceso de composición más tortuoso, de girar como nunca, de pequeños proyectos como el split con Wavves, y del retorno de su líder a su Cleveland natal tras un tiempo en París. A veces nada cambia en uno durante ese período, pero tras presentar ‘Modern Act’, primer single del disco, teníamos a Baldi hablando de su versión de la New Age, de un LP para poder escuchar en el coche, y una portada evocadora con un mar acariciando una pequeña terraza con sombrilla. Eligiendo a John Goodmanson (Sleater-Kinney, Pavement, Bikini Kill, Death Cab For Cutie) para la producción, “Life Without Sound” musicalmente termina abandonando los vestigios de lo-fi que quedaban en su sonido, por algo más relleno, con más texturas, múltiples capas y un empaque que confía más en la melodía instrumental y vocal, sin perder un ápice de lo que ya conocemos de Cloud Nothings y su capacidad para removerte las entrañas.

‘Up To The Surface’ abre el disco con un breve piano que encapsula un punto de luz, entre un medio tiempo que utiliza el pasado (I came up to the surface/ released the air/ with no words to remember/ what happened there), con melodías sombrías que desembocan en el punto álgido de la canción con intensidad arrebatadora. Un genial inicio, al que prosigue un riff simple y maravilloso que introduce ‘Things Are Right With You’, la progresión lógica, la voluntad de emerger de la oscuridad y los primeros pasos fuera de ella (No use in life without sound). ‘Internal World‘, single que ya conocíamos, sigue la línea musical de la anterior, pero cargando aún más en unas guitarras abrasivas que abrazan otra melodía redonda. Nada que no conociéramos de Cloud Nothings en su núcleo, pero más exuberante, incluso inspirador. ‘Darkened Rings’ nos devuelve el post-hardcore más contundente en uno de los cortes que más recuerda a lo escuchado previamente.

El punto central del álbum, la canción que marca el centro argumental, neurálgico y musical del mismo está justo allí, flanqueada por cuatro por banda. ‘Enter Entirely’ es lo más distinto que han compuesto, un himno instantáneo, rock de altos vuelos tan intenso como fluido. Algo de Pavement, de Weezer, un solo con un punto de J. Mascis, y un estribillo de puño en alto. (There’s someone I would like to be if I could be but the path is frightening). ‘Modern Act’ la conocíamos, la perla más pulida del disco que, como las mejores canciones del estilo, guarda un corazón agrio (I want a life/ that’s all I need lately/ I am alive but all alone). ‘Sight Unseen’ exhibe melancolía melódica, desarrollos y breaks deliciosos y el piano que pone el lazo que la emparenta con la apertura del disco, amenazando con irse de madre. Y aquí termina el “New Age”. Porque ‘Strange Year’ duele. Suena a derrumbe, todo a la vez, las melodías, el discurso, las estructuras, la mente.

El sombrío final se materializa en ‘Realize My Fate’, tema simple de frase repetida, de progresión constante, que más que recoger los escombros sonoros, nos pone en un limbo, en un estado difuso, en un futuro incierto del que Baldi parece, después de intentar transitar bajo el cálido influjo de la luz, manifestarse igual de perdido. No hay eureka, no hay momentos definitorios que deshagan los entuertos y desemboquen en un desenlace. No hay catarsis que sea permanente. Con suficiente tiempo a las espaldas, no hay inicio ni final. El disco, como la vida, avanza en espiral. “Life Without Sound” potencia la grandeza musical de Cloud Nothings incorporando otra vertiente a un sonido que empezábamos a conocer, que inunda, inspira y arremete, y del que se entrevé aún más, quizás para otra ocasión. Es un disco sobre estar suspendido en el tiempo, aislado, contemplando si hay futuro. Entre el ruido incesante y la duda cortante, Cloud Nothings nos sirven una banda sonora de aquellas que no se olvidan hecha de fracturas pasadas y presentes, y que probablemente con los meses apreciaremos aún más.

Resumen de la crítica:

Nota8
Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.