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Rosalía – El Mal Querer [Recomendación]

rosalia el mal querer

(Vamos a jugar a un juego: voy a tratar de escribir todo lo que me sea posible y ustedes van a procurar leer esta crítica como si no lleváramos meses siendo hostigados con noticias sobre este lanzamiento). Rosalía Vila es una “cantaora” catalana de formación flamenca. En su debut, álbum cooperativo con Raül Refree, realizaba una reinterpretación de algunos clásicos del género, imprimiendo en ellos su tremendo carácter y dulzura vocal. Ya entonces mostró un profundo interés por otros estilos, como demuestran sus dos colaboraciones de 2016 con C. Tangana (uno de los nombres más presentes en la creación de este nuevo LP). Ahora, dos años después de su ópera prima, aquella preferencia por los sonidos contemporáneos parece haber calado en su segundo largo, “El Mal Querer” gracias, en buena parte, a Pablo Díaz-Reixa, aka El Guincho.

“El Mal Querer” es un breve álbum conceptual que narra una relación tóxica entre un hombre y una mujer. Basado -laxamente- en la novela del siglo XIII “Flamenca” (a la que Binaural no ha tenido acceso a través de los pdfs de google) recorre los episodios que atraviesan las dos partes de la pareja, que acaba presumiblemente mal debido a los celos de él. Aunque los singles nos hacían presagiar un disco especialmente movido y popero, lo cierto es que el segundo trabajo de Rosalía no resulta un salto tan grande como cabía esperar. Apenas encontramos cuatro o cinco cortes que remitan de forma más explícita a ritmos y estructuras de R&B, pop o lo que algunos perversos están tendiendo a llamar ‘trap’. En la escucha prima la narración, y lo hace de forma notoria y -casi-siempre acertada. Porque si hay una tara en cuanto a las decisiones vocales son los dos momentos hablados, que parecen de todo menos espontáneos, dándole un toque forzado que por fortuna se disipa rápidamente. Con ellos me refiero al interludio con Rossy De Palma (‘Preso’) y el instante central de ‘Que no salga la Luna’, que es, a pesar de ello, una de las canciones más convincentes e interesantes del disco.

Como primer corte tenemos la archiconocida ‘Malamente (augurio)’, que abre de forma sugestiva e incitante la historia y el LP. En ella la macedonia sonora entre las palmas castizas y una cortante producción artificiosa no resulta especialmente rechinante, incluso los bombos y las cajas adquieren cierta dimensión orgánica. Y es que la producción a lo largo de los treinta minutos de “El Mal Querer” es impecable. Como si de un “Hiperasia” pasado por agua de rocío se tratara, El Guincho acopla su imaginativa y rica forma de entender la música a la de Rosalía con sorprendente dinamismo. La aleación sin embargo no es sólo bidireccional. El disco fusiona con acierto a estos dos músicos, pero también tradición y actualidad, o desenvolvimiento musical y relato; todo de forma organizada y “sencilla”. Porque de simple no tiene un pelo; es un proyecto y un producto extremadamente ambicioso. Esto viene justificado (o justifica, círculo vicioso) por el tremendo elenco de colaboradores que se dan cita, y es que a las dos “estrellas” españolas ya mencionadas se le puede sumar la cesión que ha hecho Justin Timberlake, el sampleo de Arthur Russel, o el tiempo que Rosalía ha pasado con James Blake.

(lo sentimos, se acabó el juego)

Hay un doble rasero con el que mirar esto: o Rosalía es una artista genuina que con los medios necesarios ha sido capaz de verter todas las sensibilidades que tenía en sí, o es un producto industrial en cuya formación han metido mano tantos colaboradores que ya no queda rastro de un ápice de personalidad, más allá de un “flamenco para masas”. Pero como ya hemos terminado el juego podemos hacer referencia a elementos externos: se hace difícil no confiar en la pasión que la catalana transmite al hablar de lo que hace, aunque creamos que otros autores merezcan esta exposición por su recorrido, aunque no haya descubierto ni inventado absolutamente nada. “El Mal Querer” es un traje confeccionado a medida para ella, que, lo que tiene de artificioso, se ve justificado (por lo general) en el propio talento de su autora principal. Pero bueno, como dicen por ahí: “¡A las cosas mismas!”. El segundo corte, ‘Que no Salga la Luna (Boda)’ es uno de los más agitados y actuales, adornado por una guitarra hermosísima y ese dudoso hablar del que ya señalamos. Después de ese instante incómodo, Rosalía se salta a la torera -olé- el tono que venía haciendo e interpreta una ascensión vocal soberbia que le da un toque especialmente emotivo y vívido a la canción, mostrando la facilidad con la que puede “reconciliar” formas a priori excluyentes.

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La tercera referencia del LP es el segundo single, ‘Pienso en tu Mirá (Celos)’ dónde ya en la narración tenemos la tensión y la sospecha. En todas las canciones que tienen madera de “hit” destaca el uso eufórico, desatado, y sin embargo bastante orgánico de los coros, que procuran amarrar al tablao las maneras progresivas que exige “la fórmula”. Pero no es hasta ‘De Aquí no Sales (Disputa)’ que el trato de la voz de Rosalía empieza a destacar. -No puedo antes, sin embargo, dejar pasar el momento “motos”, y es que una parte importante del tema está compuesto por sonidos de derrapes, “quemado de rueda” o sirenas.

Aunque es evidente que este recurso pretende cristalizar emotivamente la tensión del desencuentro conyugal, resulta un tanto impostado, y parece, a grandes pinceladas, el otro momento desafortunado del LP. Pero no todo son malas noticias, la segunda mitad de la canción es de una gran fineza, y viene a confirmar la grandísima sutilización que ha realizado El Guincho de las herramientas más recientes de lo que podríamos llamar “el flamenco contemporáneo”. Los visos que alcanza esta faceta se verán consumados en la última parte del disco, que es, efectivamente, la más pausada.

El clímax musical y narrativo en cambio se encuentra en la exuberante ‘Bagdag (Liturgia)’ y la catárquica ‘Di Mi Nombre (Éxtasis)’. Todo el contenido de la primera es tan extravagante en la  toma de contacto inicial como convincente en las ulteriores. Es una canción extrañamente afligida, que contiene una referencia a ‘Cry My a River’, con Justin Timberlake acreditado como coautor, y también tiene al coro de L’Orfeó Catalá (lo tiene todo, vamos). La intervención de este segundo es providencial, y como ya se empieza a adivinar en la parte final, celestial.

‘Di Mi Nombre’ es definitivamente el éxtasis del LP. Todo lo que pudiera saltar al escucharlo por separado se disipa cuando se hace desde el conjunto, un hit que destaca con luz propia para dar paso a ese cierre “divino”. En las últimas canciones la voz de Rosalía regresa al centro, otorgando una nueva dimensión al conjunto. ‘Nana (Concepción)’ tiene un tono alucinatorio. Los coros, tremendamente modulados, varían poco de intervalos, pero alargan mucho las notas, referenciando -ya que Rosalía lo dejó caer- al canto gregoriano. Parece que con esta ‘concepción’ emerge cierta redención, con la emoción ya inundando con tonalidades más solemnes el cierre. Así, la extraordinaria voz de la catalana guía en ‘Maldición (Cordura)’ un corte un tanto desorientador con sample central que remite a James Blake, y termina con una reivindicación personal y casi política.

El peso del cierre es enorme, puesto que denota lo equidistantes que son la narración de ‘Flamenca’ y ‘El Mal Querer’; la superposición de paralelismos, invita al oyente a realizarse una de las preguntas que flota por todo el álbum ¿Cómo ha de amarse? El personaje de Rosalía encuentra al final cierto júbilo en su toma de poder, reivindicación que hace ella misma en una industria que necesita de este tipo de discursos (más con la exposición que está teniendo el disco). Por ello, “El Mal Querer” parece un álbum de esencial escucha, aunque en ocasiones la parafernalia que rodea a un producto de este calibre y constitución resulte de lo más cargante y desestabilizadora. Aún con todo, se ha de romper una lanza en favor de otros pioneros, como Triana, el siempre polémico Niño de Elche, y un infinito etcétera; que, a pesar de no obtener un renombre importante a nivel internacional, posibilitan el discurso que ahora Rosalía hará llegar a millones de personas (Digamos que “El Mal querer” es la gentrificación de aquello, y pensemos en Alex Turner al oír esa palabra). También es importante tener en cuenta que la apropiación cultural es el agua que hidrata los labios de la industria musical occidental (que evidentemente, en ocasiones se excede de vampirismo), por lo que ese tipo de críticas para desestimar un trabajo resultan casposas e incoherentes.

Resumen de la crítica:

Nota8.3

Pros

  • Los hits
  • El trato vocal en los cortes pausados
  • El atrevimiento y la ambición

Contras

  • ¿Era necesario montar todo este tinglado con unas ideas tan interesantes ya en aras?

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