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Dharmacide – Cult Band Member | Crítica

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Si dijeras ser el más inteligente cuando en realidad eres el más espabilado, el karma te lo devolvería. Lo pone bien claro en las tablas mandatarias de Moisés, que no mentirás, aunque sea un acto piadoso; al final ya no va de eludir el infierno o de seguir la inercia del pueblo en la Huida de Egipto, si no de ajustar, soportar y sostener lo que uno es. Eso dice el dharma (si escarbamos en sus raíces etimológicas – dhar -) y eso hacen Dharmacide, una banda madrileña de culto en su propia doctrina, que al fin y al cabo es la de muchos. He tirado de Éxodo y parábolas para decir algo tan simple como que el cuarteto no ha pecado en su debut, «Cult Band Member«. Sospecho que han hallado su paz, que se encuentra en dirección ascendente, camino al cielo, en el décimo estrato del disco. Esto no son 10 mandamientos, sino 10 actos vitales y espontáneos, porque no hay ser supremo. Su mesías son ellos; amén.

Ajustar. El catálogo sonoro de Dharmacide estaba muy bien definido desde el principio (L.A., lo-fi, montañas rusas y VHS) y si algo nos decían sus singles era que sabían por donde iban. Pero conseguir que tu sonido no gane todo el terreno a la idea es muchas veces una cuestión de base, que en este caso existe en «Cult Band Member». El punto aquí es que tiene una continuidad fértil y un discurso que retienes porque el sonido está muy bien dirigido. No lo estrangulan, lo dosifican y lo ajustan con melodías que conviven muy bien en ese estrato comatoso. Es la dicotomía de los Pains of Being Pure at Heart: cómo de una andamiaje distorsionado podían salir melodías tan nítidas. Pues lo mismo podemos preguntarnos con ‘Since You’re Gone‘.

Soportar. La tentación de ser infiel a la idea. De debutar sin morder la manzana con veneno. Soportar el peso de un género (shoegaze) que ciertamente no se originó en la península, y que con el tiempo ha perdido valor, por trillarlo y en muchos casos pisotearlo. ‘1116 Paradise Motel‘ fue muy reveladora en su día, por entender como nadie los cauces de esta corriente. Y ahora que ya tira el álbum, podemos decir que sus adelantos no engañaban a nadie. Pulso ganado a un género con músculo.

Sostener. Sin duda es la parte más complicada, donde está el gran ejercicio realizado en el trabajo: su capacidad de ondular sin perder el control. Las emociones y pulsaciones realizan una danza en este disco, muchas veces contraponiéndose para que nada se vaya de madre. Abrimos con una ‘Filth‘ muy pausada y pasada de negros, a lo The Soft Moon, pero luego saltamos a ‘Breezing‘, que se desdobla en sentido opuesto, con tempo rápido y nostalgia beach fossils. Se nos planta una ‘Depressed‘ voraz, en alerta, con ganas de tangana, y acabamos con una ‘L.A.‘ que viene a hacer las paces con una acústica y una eléctrica que, francamente, estabilizarían al más desviado. Dharmacide se conocen tanto que incluso jugando en los límites como juegan, no se pasan de la raya. En «Cult Band Member» predican una sensibilidad que se va a los niveles de un Fergus Miller. Predican lo que son, vaya. Aquí el karma también hablará.

Resumen de la crítica:

Nota:7.9

Pros

  • Dirección del sonido, línea estilística férrea.
  • El primer tridente: muestra todo su potencial
  • L.A. como cierre es una guinda.
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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