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Dry Cleaning – New Long Leg | Crítica

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El oficio de poeta no va muy solicitado, pero el que lo es no necesita que le busquen trabajo. Esto se lo podríamos decir a gente como Javier Ibarra, defensor a ultranza de su lírica vulgar; fue con ella que el público lo aclamó. O a Kate Tempest, poetisa, pero de verdad, hizo del spoken word un arte nuevo y, en este caso, distinto al que habíamos mamado desde Inglaterra con Michael Skinner (The Streets). Con Dry Cleaning, cuarteto del Sur de Londres, se intuía una corriente así, y cuando digo así, me refiero a una corriente diferente y que sale a chorro. Los EPs lanzados en 2019 ya eran toda una revelación: si componiendo letras a vuelapluma y cantando con mononucleosis ya era suficiente, entonces para qué tocar nada. «New Long Leg» abre aún más las esclusas para que lo que podía ser un flow chulo, sea ahora un canal de estilo brutal.

Por él corren ríos de tinta, pero de rotulador, porque sobre el papel Dry Cleaning van más bien con poco tacto. Su discurso es tácito, aunque muchas veces también inconexo, burdo, no sabes por dónde pillarlo. Después resulta que sus letras son Frankensteins lingüísticos, retazos de periódicos, comentarios de YouTube o notas de audio varias que juntos crean un código desde el sin sentido para dar con el sentido. El menos y el menos hacen el más. Florence Shaw podría recitar desde sus ojos saltones, una mirada a un punto impreciso. La línea es plana y pálida como el monitor cardíaco de un ser inerte, pero volvemos a la idea anterior: de ahí, no sabes cómo, sale un pulso estable. Ni siquiera he hablado aún de lo que pueden llegar a sonar a Sonic Youth, a los tonos de Kim Gordon, de lo importante que es el bajo en cada uno de los temas o, directamente, de lo mucho que da el pego este disco en el post-punk moderno actual, porque lo reseñable de «New Long Leg» sin duda es el estilo. No encontrarás un álbum parecido precisamente por esto.

El lenguaje de este álbum, sin tener ni papa de lo que quieren contar exactamente sus canciones, es otro punto clave. Primero, porque transmiten sin fisuras, y en un contexto así, obviamente, tiene mérito. Y segundo porque tienen más recursos de los que aparenta. Florence recita mucho, pero también modula melódicamente ese recitado hasta el punto de transformarlo en una especie de canto grave (‘New Long Leg’). En alguna ocasión lo hace explícitamente (‘More Big Birds‘), en otras, la canción ya tiene suficientemente peso melódico y ella se queda bien aferrada a la tangente (‘Scratchcard Lanyard‘). También se dan casos en los que el plano vocal y el instrumental son igual de protagonistas (‘Her Hippo‘); mención especial a esta pista, que tiene la fuerza que proyecta desde el título. Por último, y para acabar con este punto, hay que mencionar la espontaneidad con la que juegan. En el último tema citado, da la sensación como si a ratos la cantante estuviera cantando como quien conversa sola, a su bola. En este sentido, ‘John Wick‘ nos deja con algún sonido de grulla que no puede imprimirle más personalidad (0:35).

Poesía cotidiana, de calle, o de todo lo que pillen. «New Long Leg» tiene una caligrafía que de tan plana se vuelve esencialmente singular. A estas alturas, tener una firma reconocible no está al alcance de todos los poetas.

Resumen de la crítica:

7,67.6

Pros

  • Su estilo, su lenguaje, su ritmo. Es un pro, pero debería figurar como un gran pro.
  • 'Her Hippo' es un tema tan gigante como Yabba.
  • El bajo es el segundo motor de este disco. El primero, la voz de Flo, por supuesto.
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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