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Exquirla – Para Quienes Aún Viven [Recomendación]

[Ya es el tiempo. Ya no hay miedo
Que la marcha arranque y que el llanto acabe,
que se moje la madera con la cruz de mis hermanos,
los caídos se levantan, los que aquí murieron.
Ignoro por tanto la réplica que habrá de traerme / nuestra inservible canción.]

Así es como termina ‘Canción de E’, el tema que abre el álbum debut de Exquirla. La voz de Enrique Falcón, poeta contemporáneo cuya inmensa obra “La marcha de 150.000.000” ha servido como fundamento para la creación de “Para Quienes Aún Viven“, hace un llamamiento a las armas de la palabra y la acción para que el bloque musical obstinado que la acompaña se convierta, cuando la voz se silencia, en una melodía cargada de sentimiento pero no falta de fuerza -esta esperemos que algún día ya no inservible canción-. La interpelación del título del disco es clara: lo que se sigue de aquí es un clamor surgido de las puras entrañas, directo a las de aquellos que todavía pueden hacer algo para sobreponerse a la injusticia y la desgracia que los rodea.

‘Destruidnos Juntos’, primer single que pudimos disfrutar por anticipado, se sirve de la dinámica suave-fuerte característica del post-rock para ilustrar la exposición de una de las ideas narrativas centrales del álbum: el inevitable choque entre un mundo privilegiado minoritario y otro que, sin otra voluntad que la de huir del sufrimiento, pone en jaque ese desequilibrio establecido. Las dos respuestas a este encuentro, la del rechazo violento y la de la empatía, ambas necesarias por la naturaleza humana, no solo toman forma en pasajes algunos emotivos y cargados de reflexión y otros terroríficos por su épica intensidad, sino que encuentran una síntesis perfecta en los versos “Porque nada sé de ti, / para dejarme matar / he de dejar de mirarte“. ‘Hijos de la Rabia’, el corte que se sigue, son nueve minutos de sangre entrando en ebullición y corazones aunándose en su determinación. Aquí, el departamento instrumental muestra una vertiente más rockera, pero no concede protagonismos, sino que hace gala de una simbólica coralidad.

Hay aires de interludio en ‘Interrogatorio’, tanto por su corta duración como por su cambio de registro musical, pero el respiro que ofrece con su belleza viene acompañado por la formación de un nudo en el estómago al señalar directamente con el dedo a una Europa incapaz de dar respuesta al horror. ‘El Grito del Padre’, su consecuencia lógica, aviva ni que sea por el imaginario que despierta recuerdos recientes en las costas mediterráneas orientales, deja espacio a la sección instrumental para desarrollar un discurso musical de impotencia, rabia y sobreposición, y termina con los ecos escalofriantes de mil fantasmas que no pueden quedar en el pasado. Quizá sea uno de ellos el que protagoniza ‘contigo’, cuya construcción impacta por sencilla y directa, atacando al núcleo del sentimiento con una oda sobria pero compungida a la física de la ausencia.

‘Un hombre’ sigue una premisa sencilla pero su planteamiento despierta una conexión empática instantánea: “Un hombre está muriendo y no hace ruido”. Si aun visualizando el mejor de los escenarios resulta difícil pensar con la cabeza fría que no vamos a morir completamente solos, el paisaje de ejecución que pinta Exquirla es ya agonizante. Arranca suave, sereno, y crece poco a poco hasta que, cuando se ve claro que no hay vuelta atrás, se desencadena una explosión que tiene toda la transcendencia, gravedad y hasta épica de la muerte sin que deje de pesar su profundo sinsentido. Los gritos ahogados de Francisco Contreras al final de la canción helarían la sangre de cualquiera, y reivindican uno de sus mayores aciertos como vocalista: que las posibilidades del aparato fonador definitivamente no se agotan en el cante -hay cosas que no se pueden cantar pero necesitan ser expresadas-.

Para cerrar el álbum, y otorgando por ende a esta institución una especial presencia/responsabilidad, la ‘Europa Muda’ mencionada en ‘Interrogatorio’ no es ya solamente señalada con el dedo, sino directamente puesta ante un espejo para que pueda experimentar la gran incongruencia que su posición significa a nivel humano. La idea es dolorosa: eliminados de la ecuación los uniformes, las banderas y los himnos, lo que quedamos somos personas que, como tales, compartimos vísceras. “Cuando tu hija es ensartada en el poste / dime ahora quién te nombra / dime ahora quién ha ganado”. Los lamentos sentidos de Contreras y la música, suave y cariñosa pero apesumbrada, mecen el mensaje con un tono que es de reproche, pero que sobre todo es de disculpa. Enunciado éste, permanece un poso en forma de coda cuya distorsión hace aún más pesado el silencio que, poco a poco, se sobrepone al todo.

El resultado en su conjunto es sobrecogedor: la flamante propuesta creativa de las mentes tras El niño de Elche y Toundra se erige como mucho más que la suma de sus partes, y convierte un año de hype en un monumento que es a la vez reinterpretación de una obra literaria genuina, reivindicativa y lúcida, y referencia clave en la música de nuestro país desde ya. Los temas del álbum se toman su tiempo en desarrollar su argumento de forma poética y dar espacio a la música para que alcance todo su esplendor, generando así un conjunto de escucha exigente pero tremendamente satisfactoria. La experiencia inicial requiere de un tiempo de procesado, pero con cada nueva reproducción “Para Quienes Aún Viven” gana en matices, enriquece nuestra percepción de su contundente mensaje y resta lugar a dudas de que se trata de uno de los discos del año.

Resumen de la crítica:

Nota9

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