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Fiona Apple – Fetch The Bolt Cutters | Crítica

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¿Cuánto se tarda en hacer un disco? Ocho años. ¿Cómo se tarda ocho años en hacer un disco? Meditando sobre toda una vida. ¿Cómo se medita sobre toda una vida? Haciendo un disco que deje espacio para toda una verborrea a modo de flujo de conciencia. ¿Cómo se acompaña todo un flujo de conciencia musicalmente? Con la memoria corporal ¿Qué instrumentos representan mejor la memoria corporal? Los de percusión, seguramente. O al menos eso parece extraerse de “Fetch the Bolt Cutters”, el regreso de Fiona Apple al ruedo discográfico, un regreso que como cabía esperar; no va a pasar desapercibido en absoluto. La norteamericana, que explica ampliamente todo el proceso y recapitula su vida en un artículo para The New Yorker (kudos para Emily Nussbaum por un artículo excelente) continúa el purgante recorrido de “The Idler Wheel…” con su quinto trabajo, un disco que, no cabe duda; pasará a la historia como uno de los mejores del año que nos ocupa.

Si en sus primeros álbumes Apple mostraba a esa chica “demasiado inteligente para su edad”, demasiado aventajada a la industria, transgresora apenas entrada en la veintena y con una expresividad vocal escalofriante, en “Fetch the Bolt Cutters” nos enseña algo todavía más insólito: la fisicidad de su música, la propia capacidad de la voz para formar junto a otros objetos (un bote lleno de huesos de perro, un maullido de Cara Delevingne, las paredes de su casa) llevando su expresividad hasta espacios insospechados. El nuevo disco de Fiona Apple es un ASMR rabioso y sesudo, la prueba de que no se necesitan sonidos reverberados ni supereditados para “sensitivizar” la experiencia sonora. Desde la más grande de las cotidianidades (Apple bromeó con llamar a su próximo disco “House Music”) se pueden reflejar las más retorcidas emociones; de ello dan cuenta cada una de las rígidas y emotivas canciones de este LP.

“Fetch the Bolt Cutters” es seguramente el disco más accesible de Fiona Apple desde su insolente debut. Pero no lo es por su faceta melódica (cuesta retener melodías), sino por su fresquísimo e imposible “delivery”. Apple se acerca por momentos al hip hop (‘Relay’, ‘Rack of His’) y al R&B (‘Under the Table’, ‘Newspaper’), pero las etiquetas se quedan obsoletas al poco de utilizarlas: todo está al servicio de la manía y la visceralidad. El álbum tiene una sobrecogedora capacidad para emocionar. En él los matices psicológicos de Apple se sobreponen y se arremolinan sin orden aparente, mientras canciones como ‘Fetch the bolt Cutters’ o ‘Ladies’ parecen ir a derrumbarse en cualquier instante, la artista reflexiona profunda e incómodamente acerca de su pasado, su “ingenuidad” o experiencias sonrojantes, descuartizando sin pudor su vida privada.

Se habla del disco como un trabajo sobre el #metoo, pero cuesta creer que sea más “empoderado” que los anteriores discos de Apple. La principal diferencia es que en él medita sobre otras mujeres, haciéndolo bajo un prisma variable (toda herramienta es variable en el disco) pero de forma abierta. La sororidad de Apple tiene muchas caras, al igual que su amor o sus sensaciones hacia sus exparejas, y todas ellas tienen un hueco en “Fetch the Bolt Cutters”. Donde sí se percibe esa expresa conciencia sobre la feminidad es en la trastornadora ‘For Her’, una canción que, aunque llega un poco tarde, puede ser rememorada como un himno para la revolución de estos últimos años en el mundo del cine y la música. Resulta escalofriante esa “feminización” del sonido, que recuerda a los cantos de juegos de rayuela, palmas o comba, mientras ella vocifera: “you raped me in the same bed you daughter was born”.

La norteamericana es una artista de Foley de sus impresiones psicosomáticas y no distingue entre cuerpo y mente en un disco que presenta de manera monista la experiencia musical. Si ya la cantante nos parecía una autora “física” ahora la cosa se va de madre, y qué mejor que sentir esa presencia anatómica cuando la experiencia del directo está vetada. Bajo mi punto de vista el trabajo culmina en el tándem ‘Heavy Balloon’ y ‘Cosmonauts’, en las que el sonido toma mayor armonía (sobre todo en la primera) y Apple vuelve a esa conciencia de decadent y de fatalismo que siempre le ha acompañado. Pero no por ello se repite o huele a una consideración autocomplaciente y casposa sobre su genio y el solipsismo de su obra; sino que reivindica su libertad y la pausa con las que se ayuda a preparar un trabajo de estas características. Aún con ello “Fetch the Bolt Cutters” se pasa en un suspiro. Es una síntesis bravísima y brevísima del universo propio de una artista que ha sabido darle a la expresión colérica y espontánea el tiempo y el recorrido que necesita.

Por ser expresión de ese ámbito paradójico de la conversión y composición musicales, el disco resulta una obra maestra. En él se puede prácticamente palpar el proceso creativo y anímico que ha atravesado Fiona Apple durante nada menos que ocho años, y cómo éste está cargado de un incesante y abrumador revisionismo; de una mezcla inquietante entre la memoria y el presente; de una mujer que se niega a entrar en una lógica acomodaticia o complaciente. Nosotros casi que le hacemos la promoción al disco, ustedes pidan un deseo, porque rara vez se ve un trabajo de este calibre y de tan inmediata contundencia. Apple nos embelesa o tal vez nos embauque, pero su quinto trabajo es difícilmente censurable; más allá de su exigua portada.

Escucha en streaming el fascinante nuevo disco de Fiona Apple.

Resumen de la crítica:

Nota:9

Pros

  • ¿Lo hemos dicho? La percusión, la percusión es un imposible
  • Ni un minuto le sobran a los ocho años de composición
  • No hay adelantos, pero tampoco hace falta, cada canción lo arrastra a uno

Contras

  • Not everyone can be Fiona Apple

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