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Grizzly Bear – Painted Ruins [Recomendación]

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Somos una democracia (…) la banda se acabaría si uno decidiera retirarse…” asegura Ed Droste en la entrevista que SPIN realizaba recientemente a Grizzly Bear. Todos sabemos lo difícil que es hacer que un sistema democrático llegue a buen puerto, -tenemos varios ejemplos de debacles recientes en este ámbito- por tanto, es comprensible que, a la banda originaria de Brooklyn, le haya costado ponerse de acuerdo para lanzar su quinto LP. Cada pata del cuarteto ha emprendido proyectos y ha deshecho otros (hasta un divorcio) en estos últimos cinco años, lo que, entre pitos y flautas, ha prolongado la espera a la continuación de su sobresaliente “Shields”, e incluso ha generado un cambio de sello (Warp – RCA). “Painted Ruins” refleja precisamente con concisión (sin ninguna luminosidad) este desmembramiento, esta separación y todo el proceso de maduración que Grizzly Bear han atravesado durante el lustro pasado.

Es un disco en el que se encuentran más homogeneizadas las labores de todos los miembros de la banda (Chris Taylor es cantante principal en un corte) y en el que a pesar de mostrar técnicas más accesibles que nunca, los de New York no renuncian en ningún momento a sus sonidos experimentales y aventureros. Aunque utilice estos recursos especialmente “poperos”, “Painted Ruins” es en muchos aspectos el disco más intrincado, revoltoso, y difícil de escuchar de Droste, Rossen y compañía. El esqueleto que rodea los once cortes es complejo, sobrecargado, y en ocasiones excesivamente barroco (aunque esto ya lo pudimos prever en “Shields”). La batería está mezclada a tal volumen que, incluso en el primer corte, ‘Wasted Acres’, le puede a uno pegar prácticamente un susto, mientras que en las canciones con un tono menos alegre o armonioso se convierte en ansiosa y en ocasiones asfixiante.

Ya desde la introducción, -pero más claramente desde ‘Four Cypresses’-, se adivina un proceso de composición más pesado, más lento y paciente, que desemboca en temas mucho menos armoniosos, pero de clímax mucho más vigorosos e inesperados. La sensación es la de estar atravesando un bosque repleto de árboles con un ramaje tan complejo y denso, que pocas veces le permite a uno ver la luz exterior, pero esto se diluye conforme avanzan las escuchas y el oído comienza a acostumbrarse al nivel de luz. Normalmente los momentos más brillantes los presentan los sintetizadores, como en ‘Three Rings’, en la que se ayudan de una guitarra especialmente melodiosa para firmar el que fuera el primer adelanto del álbum.

En la sección lírica, llevada en gran medida por Droste y Rossen, se mezclan con tensión (como todo elemento en este disco) relatos corrientes del día a día, con letras desarraigadas e inquietas, hasta en ocasiones cínicas, sobre relaciones amorosas. El proceso de Ed Droste para superar su separación ha sido fatigoso, y ha querido -aunque esto sea imposible- que no intervenga de forma especialmente explícita en la forma final del LP.

Conforme se repasa este “Painted Ruins”, la batería empieza a amoldarse a la sensibilidad general del conglomerado, convirtiendo el quinto largo de Grizzly Bear en el más divertido y animoso de su carrera. Canciones como ‘Losing All Sense’ -hermana perdida de ‘Two Weeks’-, ‘Cut-Out’ o ‘Neighbors’ son tremendamente pegajosas una vez interiorizadas las formas estilísticas del disco, y se suben al carro de los “hits” del cuarteto (que tampoco son tantos).

Toda esta especie de frustración liberada a través de la apabullante sección rítmica se ve consumada en los tres últimos cortes. Al ya mencionado ‘Neighbors’ se unen ‘Systole’ y ‘Sky Took Hold’. Tras la mareante ‘Glass Hillside’ Grizzly Bear retoman con acierto su folk vertiginoso, repleto de armonías y elaborado con gran pasión, en el que además es el mejor momento lírico de todo el álbum. Así cierran su trabajo, a porrazo limpio y con una enorme euforia, que invita fervientemente a volver a repasar el disco.

Aunque no contiene momentos tan accesibles como ‘Veckatimest’ ni momentos tan revoltosos como ‘Yellow House’, este “Painted Ruins” es otro enorme trabajo de Grizzly Bear. Su complejidad hará delicias y atraerá a detractores en igual medida, pero no ha habido ni un solo momento en la carrera del cuarteto en el que su música resultase de fácil digestión, así que tampoco tenía por qué serlo ahora. Así, “Painted Ruins” debe abordarse como uno de los LPs más enrevesados de este año, pero también como uno de los más interesantes e imprescindibles.

Streaming del nuevo disco de Grizzly Bear.

Resumen de la crítica:

Nota8.1

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