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Kelly Lee Owens – Inner Song | Crítica

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Cuando “Inner Song”, el segundo disco de Kelly Lee Owens (Smalltown Supersound, 2020) abre con una versión de la archifamosa ‘Weird Fishes/Arpeggi’ de Radiohead el contexto ya está servido. La música de la artista escocesa es una compleja/sencilla abstracción de sonidos más y menos populares, que convergen en una aparentemente accesible pero efímera y etérea atmósfera: un “a medio camino” para quienes quieren acercarse tímidamente a la electrónica. El resultado, al igual que en su debut homónimo es encandilador. Un ambiente familiar con un sutil toque de siniestralidad, una esfera entre el techno, el synthpop, el R&B más experimental… Regidos por una artista que tiene cada vez más voz propia y que parece ir a dar un importante salto en lo que a visibilidad se refiere con este disco.

Kelly Lee Owens es uno de esas artistas que se dejan influenciar adecuadamente por quienes le rodean. Comenzó trabajando con Daniel Avery y Ghost Culture, pero ya con su EP de 2016, “Oleic”, demostró un sello muy personal a la hora de darle esa cualidad “sanatoria” a la música. Y es que “Inner Song” tiene un profundo sentir terapéutico: el modo en el que las profundas capas parecen penetrar al oyente, construye esa sensación de “canción interna” que queda impresa en el subconsciente. Como una serie de mantras, los distintos estilos del álbum confluyen en torno a la obtención de un necesario sosiego y relajación. Una pena que el lanzamiento haya tenido que retrasarse más de dos meses.

Pero esa serenidad no implica necesariamente quietud física. En “Inner Song” encontramos al menos tres canciones de un techno cósmico y melódico, hecho de eufóricos sintetizadores y cartilaginosas texturas, que nos recuerda a otro acompañante de sus últimos años: Jon Hopkins. Las canciones a las que nos referimos son la exultante ‘Jeanette’ y los dos singles que ya conocíamos: la reivindicativa ‘Melt!’ y el ejercicio de hipnotismo que es ‘Night’. Mientras, en mitad del LP, Kelly Lee Owens nos deja un corte como ‘Re-Wild’, que llega a recordar a la FKA Twigs de los primeros EPs.

A pesar de lo inquietante que resulta siempre llenar una crítica de un disco de referencias a otros artistas, existen casos excepcionales. “Inner Song” es un trabajo que suena como un tratado de paz entre todos esos diversos artistas, una necesidad de hacer tender todos los estilos favoritos de Owens en torno a su sello in-personal. Porque precisamente la sanación de este disco procede del carácter mediúmnico de la escocesa: mediadora entre el mainstream y el underground, parece desaparecer en la angustia de sus influencias, pero lo hace para conseguir acercar su música lo mayor posible a ese “vaciamiento” del ego, que otorga la paz interior (la “curación” que Owens repite que busca en algunas entrevistas) a quien se sumerge en el acontecer del álbum.

Ello lo confirma el narcótico penúltimo tema: ‘Flow’, con un tono opiáceo cercano a unos Boards of Canada pasados por un cristal de diamante, y seguidamente el despertar de ‘Wake-Up’, como quien emerge de la misma experiencia psicodélica que en el último trabajo de Jon Hopkins. No obstante, se escucha a una Kelly Lee Owens mucho más humana y emotiva que en su primer trabajo, más palpable y menos abstracta, como demuestra la peculiar canción con John Cale: Owens no se esconde, sino que se transfigura hasta confundirse con su propia música y sus colaboradores. Y es por esa desfiguración o reconfiguración continua que “Inner Song” es uno de los discos de electrónica más importantes del año. Un disco que atraerá sobre seguro a una cantidad muy importante de nuevos fans y hará delicias de los anteriores. Pero eso no es lo más importante, sino que muestra a una artista muy consciente del desarrollo de su trabajo y de cómo quiere hacer música. Un proyecto de esos que faltan en la actualidad.

Streaming de «Inner Song» de Kelly Lee Owens, aquí. La galesa estará en concierto en Barcelona y Madrid en marzo de 2021.

Nota: 8,3

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