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King Krule – Man Alive! | Crítica

El chico mutante. Un rara avis. La cosa. No se me ocurren otros nombres para describir a King Krule a estas alturas de su carrera, un artista que necesita pocos años para cambiar la secuencia de su nucleótido musical y transformarse en algo distinto de lo que era. En algo triste por fuera, pero enigmático por dentro, como un monolito que un día cayó de culo a las Islas de Pascua sin saber cómo. Tres años después de “The Ooz” (tercer mejor disco de 2017 en binaural.es), el joven inglés -padre de Marina durante la grabación de este último disco- confirma su exquisita diáspora musical en “Man Alive!”, un tercer trabajo que, de entrada, si tiene un par de cualidades son las de arriesgado e inesperado. No se ve venir, simplemente sucede, como una llamada vital de número oculto; el contacto es enfático (!) y si pone la exclamación en algo es en el devenir musical, en la no dirección, en la desfiguración. King Krule vuelve a llamar y nosotros, como receptores, nos exponemos a una conversación llena de angustiosas y plácidas interferencias.

Con descolgar, tantear y escuchar su voz grave, gravísima, el contexto se intuye rápidamente. Oscuridad torrencial, Frankensteins estilísticos, voces que supuran desesperación, incursiones de jazz bien cosidas, melodías tan retorcidas que ni parecen melodías. En este disco, Archy Marshall vuelve a hacer de las suyas estirando los géneros musicales como si fuera el cableado espiral del teléfono que agarra, luego los mezcla, los retuerce, los despedaza y los vuelve a juntar. Y sale esto que ha llamado «Man Alive!», título que por cierto asegura haberse apropiado de «un CD que su tío le devolvió en 2013«. Esta nueva criatura tiene características parecidas a todo lo que ha hecho anteriormente: camina lenta y a pasos agigantados, y es muy melancólica. Aún así, tiene tres rasgos comunes y a la vez distintivos. El primero, su apatía; requiere tiempo para que te caiga bien. El segundo, su sobresaliente producción junto con Dilip Harris (de nuevo en las mesas de estudio) le da una sonoridad clave, más dura, hueca pero envolvente; atractivamente gris. Y por último, su intrigante discurso sonoro. Ahí es donde King Krule cuelga el teléfono sabiendo que ha cerrado un gran trato.

El diálogo que establece desde ‘Cellular’, lo que podría ser una llamada al 112 del amor (en ella juega con la analogía de perder «conexión» con aquellas personas que querías) es caliginoso y crítico; el aire que respira pesa tanto que no puedes ver lo que viene a continuación. Atajar temas no es una opción viable, si lo haces te estas cargando la estructura de un disco que muta con su lógica. Que, en un momento dado, pasa de «M» a «A» o viceversa (¿qué letra ves tú en la portada?). De esta manera, King Krule escinde el álbum en dos partes diferenciadas, en todos los sentidos: una más claustrofóbica y otra más libérrima. La transición es natural. En la primera, predominan los ambientes angostos (‘Perfecto Miserable’), un bajo que pesa toneladas (‘Stoned Again’), saxos que parece que chillen de dolor (‘Comet Face’), o escenarios perfectos para acoger ideas distópicas (‘Supermarché’ se plantea como el lugar donde Archy detecta el «lavado de cerebro de la gente» por parte de los medios propagandísticos).

Como comentaba, la segunda parte surge sin verla venir y de pronto la conversación se tranquiliza. Abandona las ráfagas punk, la negrura instrumental, para dar paso por la otra línea a ambientes que van del soul, a la electrónica hasta el hip hop. Ya sea a nivel de estructuras, como de elementos, como de recursos. Él se toma la libertad de coger un poco de cada uno para crear esta obra de extremidades desproporcionadas con las que llega a todas partes. La clase de ‘Airport Antenatal Airplane’, con voz de Nilüfer Yanya sampleada, o la soulera ‘Underclass’, con auténtica masterpiece de Ignacio Salvadores en el saxo, es de lo más brillante que ha compuesto. Y por alabar, también son alabables sus dos últimos temas, ‘Energy Fleets’, lento y caótico crescendo acechado por vocoders, y ‘Please Complete Thee’, una canción que nos define la parte más esencial de King Krule. A un artista atormentado, que se siente incompleto y fuera de lugar en una sociedad que él mismo concibe como inerte. Y es que en apariencia, «Man Alive!» es un disco que excluirían por raro. Claro que sí. En ella no tendría cabida porque rebosa vida.

Resumen de la crítica:

Nota:8.2

Pros

  • Su concepción holística. Su discurso sin pausas. Su complejidad
  • Riesgo. Es uno de los artistas más originales de hoy en día. "Man Alive!" es la prueba
  • Discurso. Crítico y poético. Su forma de exponer los temas es excelente.

Contras

  • Peso de algunos temas. Requieren entreno para ser levantados.
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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