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Lana Del Rey – Chemtrails Over The Country Club | Crítica

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Como las críticas hay que empezarlas por algún sitio no se nos ocurre mejor lugar para hacerlo que por el principio. El nuevo disco de Lana del Rey, que lleva por nombre “Chemtrails Over the Country Club”, abre con un tema llamado ‘White Dress’, en el que la norteamericana se dedica a rememorar en un registro muy agudo y casi susurrante sus orígenes como camarera. La canción -como casi todo el disco- sorprendentemente resultona y frágil, nos presenta un recurso clásico de la música popular y en especial del hip hop (género que Del Rey adora): el nacimiento del mito, desde sus inicios humildes y precarios admirando a otros artistas, hasta el más brillante estrellato. ¿Por qué es tan importante esta canción? ¿Qué hace que tenga que ser la introducción? Que presenta un mito más grande y trascendente que el de Lana del Rey, Yung Beef o Drake: es el mito del capitalismo, que muchas veces se transfigura y transparenta a la perfección en la música popular. Es el mito de Steve Jobs, el empezar siendo un mindundi y alcanzar el estrellato: “tú también puedes conseguirlo, yo lo hice sin renunciar a mí mismo”.

Y bueno, ese es básicamente el tema central del álbum, la obsesión de Lana del Rey por no cambiar y permanecer fiel a sí misma; con algunos retoques que a continuación comentamos. Si algo caracterizó nuestra crítica de “Lust for Life”, (además de el tono bastante sarcástico y mal recibido) fue la impresión de que Lana se repetía con demasiada facilidad. Después de volverse algo más autoconsciente y menos autocomplaciente con su “Norman Fucking Rockwell”, este “Chemtrails Over the Country Club” vuelve a repetir el movimiento de su predecesor, pero esta vez sí; haciendo uso de las virtudes que encontró entonces. El nuevo disco de Lana del Rey es seguramente el más coherente, sosegado y atávico de su carrera… Y todas esas cualidades son precisamente la que su música debe explotar, pues es el terreno en el que resulta más fértil. En este álbum, que no tiene en verdad gran cosa de country, la neoyorquina hace un tributo muy interesante a sus ídolos del género y de paso le hace un homenaje menos cinemático y más arraigado a los Estados Unidos.

Una de las figuras centrales del álbum es el “wanderlust”, ese personaje que todos tenemos en nuestras redes sociales que viaja obsesivamente, que aparece en cualquier parte del mundo con “la mochilita” y la sonrisita de oreja a oreja. Aunque este personaje podamos percibirlo de forma algo irónica, es en ‘Not all who wander are lost’ donde se manifiesta con la crudeza que Del Rey quiere aportarle: la del artista perdido en la gira, viajando y recorriendo hasta la extenuación los inmensos Estados Unidos. Pero no podemos dejar de percibir al “wanderlust” con cierto recelo. Mientras Lana nos asegura:

«Not all those who wander are lost,

It’s just wanderlust»

Percibimos más bien el desasosiego del nómada contemporáneo, que viaja porque ya no tiene hogar, que se agobia en su lugar de origen (¿Y quién no lo haría en una ciudad de cuatro, cinco, seis millones de habitantes?). Y esta reversión de algunos de los conceptos o los afectos que se presentan en “Chemtrails Over The Country Club” es la que marca todo el álbum. Tal vez Del Rey tenga pensado demostrar en su próximo disco (1 de Junio) la cara agria del sueño americano, pero lo cierto es que, en este caso, su empeño por buscar las cosas que merecen la pena de su país parece demostrar cierta indecisión o una actitud algo naif. Y para demostrar esto no podemos hacer otra cosa que volver a citar a la artista, esta vez en una entrevista:

«La locura de Trump, tan mala como fue, realmente tenía que suceder. Necesitábamos un reflejo del mayor problema de nuestro mundo, que no es el cambio climático, sino la sociopatía y el narcisismo. Especialmente en América. Va a matar al mundo. No es el capitalismo, es el narcisismo.»

Lo que Elizabeth Grant no parece comprender aquí es algo bastante evidente: el narcisismo es una de las caras más populares del capitalismo. Ese presunto egocentrismo es inherente a la idea de consumidor y el uno no podría subsistir sin el otro. Podríamos incluso ir algo más lejos y afirmar que están compenetrados y funcionan de forma sinérgica. Lo que es peor, una de las consecuencias directas de esa necesidad de diferenciar entre consumidores y que cada uno se cree su propio yo a través de distintos objetos, es “el culto a la personalidad”. ¿Y de qué va “Chemtrails Over the Country Club”? Pues vamos a dejar que la propia Lana del Rey nos lo diga en ‘Dark but just a game’:

«We keep changing all the time

 the best ones lost their minds

so im not gonna change,

I’ll stay the same.»

Eso que caracteriza a Lana del Rey es el Johnnie Walker, la Coca Cola (o la cocaína), el club de golf, el amor romántico y torturado… Algunos de los mayores clichés del American Dream. ¡Pero ojo! Esto no tiene por qué ser necesariamente malo. Del Rey ha hecho manifiesto su gusto por esta cultura algo kitsch desde que empezó a hacer música, o mejor dicho: Del Rey no ha intentado engañar a nadie. Bajo el paradigma del country femenino, de la mujer que habla de su amor por su país y por algunas de sus tradiciones y símbolos más emblemáticos, Lana Del Rey es, por ser lacónicos: la puta ama. Hacía mucho tiempo que los Estados Unidos no tenían una artista que expresase con tanto tino y belleza la magnitud y la opulencia del país. Desde ese punto de vista, “Chemtrails Over The Country Club” es un disco de pop espléndido.

Y en nuestro gremio el centro de la reflexión no debe estar exclusivamente en torno a si la ideología del artista es adecuada o no (queda bastante clara, creo, nuestra perspectiva respecto a ello), en si su música es apropiacionista o no (todas lo son); sino en torno al modo en el que la propuesta se ve realizada en el resultado final. Es más, el toque vetusto de Lana del Rey, cuando no suena excesivamente nostálgico o huele a gomina, tiene algo de interesante: criticar el modo en el que muchas artistas actuales configuran la feminidad travistiendo el mito del poder masculino, en vez de aprovechar lo que hipotéticamente les ha hecho disidentes. En esos aspectos, que en verdad son los que nos atañen, el nuevo trabajo de Lana Del Rey es prácticamente el mejor de su carrera. Todo lo demás es ‘WAP’.

Resumen de la crítica:

Nota:7.5

Pros

  • La coherencia y continuidad del disco
  • Su minimalismo o falta de excesos

Contras

  • La intermitente miopía de su autora

1 comentario

  • El album en si me pareció una obra de arte, algunos dijeron que era como NFR! Pero no es así… El album más hermoso de Del Rey hasta ahora, por Dios esto debe estar obviamente en los #1

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