Mejores Discos

Mark Lanegan – Gargoyle [Recomendación]

mark lanegan gargoyle critica

Hay un lugar común en el rock alternativo de las últimas dos décadas, habitado por un personaje a la vez lúgubre y  capaz de invocar melodías de calado íntimo removiendo cimientos con una voz que es ya patrimonio sonoro de la humanidad. Ese ser humano bañado en whiskey y braseado en tabaco es obviamente Mark Lanegan, un tipo sardónico, discreto pero voraz, que vocifera cuando no canta, pero que cuando articula notas con palabras mejor estar agarrado a algo. Su carrera en solitario se movió por la aridez alcohólica del enorme Whiskey For The Holy Ghost de sus inicios, más acústicos (quizás alejándose de la fastuosidad de sus Screaming Trees) pero cada vez electrificando más sus canciones a la vez que incorporaba colaboraciones de ese circo andante del rock orbitando en Joshua Tree, con también piezas antológicas compuestas con Josh Homme para los mejores tiempos de Queens Of The Stone Age. Tres discos de dueto con Isobel Campbell, versiones a lo crooner, blues, gospel, trip-hop… sea en solitario, con banda o colaborando con otros -una lista enorme-, siempre con algo que cantar.

Sus dos últimos discos en el formato de grupo (la siempre rotatoria Mark Lanegan Band), «Blues Funeral» y «Phantom Radio» incorporaron su amor juvenil por los sintetizadores y el krautrock. El primero ligeramente en una versión más tortuosa e industrial del ya mítico «Bubblegum», siendo especialmente claras las «nuevas» influencias en el segundo. «Phantom Radio», aunque correcto, resultó ser uno de sus discos menos convincentes, llano e inerte en algunas partes; parecía un disco de otro, más una colección de colaboraciones o versiones en las que los nuevos sonidos alejaban a Lanegan a su territorio más que el sentido contrario. En «Gargoyle», a modo de metáfora, se sirve de la criatura fantástica para mostrarnos un sorprendente ejercicio ecléctico, grotesco y profundamente bello donde su vertiente electrónica conjunta maravillosamente con la más orgánica.

Para «Gargoyle», y como es tradición en su discografía, Mark Lanegan reúne a algunos amigos. Josh Homme, Greg Dulli y Alain Johannes son ya de sobra conocidos, pero también repite con Duke Garwood -con el que grabó «Black Pudding» en 2013- y especialmente otro descubrimiento, Rob Marshall (Exit Calm) –otro británico con el que ha congeniado recientemente- con quien ha compuesto gran parte de este disco especialmente cargado de ritmos y efectos de electrónica oscura en sus primeros temas. ‘Deaths Head Tattoo’ te guía mediante el bajo, con controlados estallidos bien angulados y Lanegan recuperando su pulso. Más crooner gótico que nunca, más inquietante, irónico y por momentos grandilocuente, que no desolado, y también más inmerso en lo que aprendió de Echo and The Bunnymen, Joy Division, Sisters Of Mercy o del Bowie más industrial. Un inicio palpitante como en la estruendosa ‘Nocturne’, en la que exhibe su mejor aullido con una impecable envoltura sonora. ‘Blue Blue Sea’, es una especie de descendiente gótica, una deconstrucción de ‘Hit The City’ en términos contradictorios, donde lo sagrado y lo diabólico, el agua y el fuego, aparecen en sus conceptos.

‘Beehive’ es otra de las muestras de que Lanegan consigue trasladar su versión de lo que quería con su evolución sonora. Universos colisionando e integrándose en una de sus mejores canciones, una joya de rock independiente, tan etérea como punzante. ‘Sister’ es lánguida, levemente psicodélica, con unos ligeros toques de sintetizador que acompañan un contemplativo Lanegan bien secundado por una voz femenina. ‘Emperor’ rompe súbitamente con lo que creíamos conocer del álbum erigiéndose como un aterciopelado tema de rock al trote, con la inconfundible guitarra y coros de Josh Homme de resaca de su año Iggy Pop; un sinuoso tema que de primeras descoloca pero termina mezclándose gustosamente con el resto. Como la frontera que inicia un interludio menos nocturno y más crepuscular aparece ‘Goodbye To Beauty’, sencilla, entre lo acústico y una slide que acompaña una de sus mejores melodías vocales. ‘First Day Of Winter’ es otra ensoñación en la misma línea de inspiración, con un aparato instrumental más electrónico.

Termina el disco con el outro instrumental de ‘Old Swan’, una muestra sonora y lírica del Mark Lanegan actual, alguien en el que algo, tras tres décadas de carrera, sigue cambiando. Más seguro y tranquilo consigo mismo, expandiéndose musicalmente llevando su sello personal e intransferible a lo que le venga en gana. Un artista capaz de visualizar un sonido e ir trabajando, nota a nota, acorde a acorde, para ir puliendo las mejores canciones posibles en cada momento. La gran suerte es que con «Gargoyle» ese momento es preciso e idóneo para que el resultado sea uno de los mejores discos que ha publicado el de Ellensburg. Un disco que con las escuchas nos va descubriendo los detalles de una rotunda producción que acomoda y potencia su cantante de una forma que no sucedía en sus últimos discos. El blues de Mark Lanegan sigue encantando a las serpientes, entre el asombro y la paradojal comodidad de la oscuridad que siempre tan bien ha atesorado.

Resumen de la crítica:

Nota8.2
Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.