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METZ – Strange Peace [Recomendación]

Los que somos fans de METZ sabemos que el directo es su principal baza, los de Toronto son una apisonadora que va de frente y sin miedo, como un puñetazo letal de Mike Tyson. Después de dos álbumes, el principal reto al que se enfrentaban Alex Edkins, Chris Slorach y Hayden Menzies era caer en la trampa de la repetición y de producir el mismo registro una y otra vez, por lo que su tercer disco “Strange Peace” (SubPop, 2017) era la prueba de fuego del trío. Y vaya si la han superado: sin traicionar sus ideales, decidieron fichar al maestro Steve Albini para expandir sutilmente su sonido. Y es que a veces no hace falta cambiar radicalmente tu estilo para hacer cosas distintas y METZ son claros y directos, su música es fuerte, cínica, severa y aguda. Sin contemplaciones, no les hace falta pretender algo más. En este nuevo trabajo siguen aceitando su noise pero beben de tanto de Mudhoney como de Nirvana e incluso se atreven a ser mucho más melódicos. Siempre manteniendo esa constante tensión y fricción entre sus instrumentos. Un ruido de orgasmo, sin preocupación por el qué dirán, un estruendo metálico y áspero, bordeando con convulsiones las líneas originales del hardcore y el punk.

Con la compenetración perfecta de los tres y en el estudio Electrical Audio de Chicago con Albini al mando se encerraron a componer y en cinco días sacaron 14 canciones de las cuales 11 quedaron finalmente en el tracklist de su más reciente trabajo. Esta sesión creativamente productiva les ha convertidos en unos arquitectos del ruido, porque aquí todo suena muy METZ, si bien no dejan atrás sus orígenes, construyen capas sobre ellos. La ferocidad del disco comienza con el bajo atronador de ‘Mess of Wires’, canción de apretar los dientes hasta que te sangran las encías, que te va liquidando poco a poco con una voz primitiva y oxidada y te hace ver que lo vendrá no es apto para débiles. ‘Drained Lake’ parece ser la hija del demonio entre The Fall y los primeros Wire, y ya comienzan las melodías entre tanto abismo y oscuridad rugosa. Una máquina de electroshock que te va perforando el torso y el cráneo para darle entrada al single ‘Cellophane’, un tema muy grande, cohesionado y monolítico. Aquí exploran sutilmente el pop pero suficiente inteligentemente como para no perturbar la potencia de su música. ‘Caterpillar’ en cambio se mueve por el rock ruidoso al más puro estilo Sonic Youth, es lento pero cortante.

‘Lost in the Blank City’ es una oda al Kurt Cobain más desgarrador pero mucho más atronador, un bombo que marca el compás con variaciones a medida que la canción progresa, pero la sensación es la misma. Tensando la cuerda y esperando el estallido. Una locomotora descarrilada. Esa línea estructural sigue con ‘Mr. Plague’; distorsión pura y dura con una batería y bajo heroico, una caída libre hacia los brazos de Satanás. Un zumbido vestido en un tanque militar dispuesto a chocar contra lo que se le cruce. ‘Sink’ viene a ser como salir a respirar a la superficie tras 3 minutos aguantando bajo el agua, un soplo de aire fresco entre tanto caos con toques de post-punk. En este tramo medio del disco se observa una influencia más hacia la maquinaria industrial que del hardcore.

Si la primera parte del disco traía toda la materia pesada con carne de single, la segunda nos llevaba a un mundo más pausado. Esta última parte de Strange Peace es la más intensa y combina elementos de los dos trabajos anteriores. ‘Common Trash’ parece ser sacada de las entrañas de Pissed Jeans, una canción que implosiona desde dentro con un arsenal completo de guitarras, una de las piezas destacadas del álbum. El doble gancho de izquierda que son ‘Escalator Teeth’ que dura menos de un minuto con un coro que recita “it goes on and on and on” y se corta abruptamente para darle paso a su hermana mayor ‘Dig a Hole’, de poco más de un minuto, combinando el punk de batalla con un coro pop al mejor estilo Dead Kennedys o Drive Like Jehu. ‘Raw Materials’ es el cierre perfecto y parece ser sacada del “In Utero” o los mejores The Wipers y demuestran lo que mejor saben hacer, punk agudo sin apenas pausa para respirar. METZ siguen haciendo gala de una pureza granítica, no hay baladas ni canciones que sean tranquilas. En su lugar, hay una búsqueda constante por perfeccionar un sonido de estructuras sólidas. Esa frecuencia que logran no es un accidente, es el resultado de que sus integrantes saben exactamente qué hacer con la fuerza como bandera. “Strange Peace” es un salto hacia adelante, con mucha más intensidad, más melodía y más aceleración, si eso es posible.

Resumen de la crítica:

Nota8.5
Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
Beers, Burgers & Black Sabbath. Twitter: @sebastopol17

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