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Nick Cave & The Bad Seeds – Ghosteen | Crítica

Nick Cave And The Bad Seeds Ghosteen

A Nick Cave hubo que sentirlo siempre desde las entrañas y ahora hay que entenderlo desde el dolor de un corazón hecho añicos. El suyo. A nadie se le escapa la tragedia que le oprime desde el fallecimiento de uno de sus gemelos, adolescente, en un accidente hace tres años. Ese dolor es la carta de navegación que guía desde entonces la música del australiano. Porque Nick Cave es el terapeuta de Nick Cave.

Dice Iggy Pop que por fin puede asegurar que se siente “liberado de la prisión del rock”. Nick, compañero de correrías de La Iguana, cavó el túnel de fuga en «Push the Sky Away» (2013), ya en «Skeleton Tree» (2016) estiró las piernas como hombre libre y ahora en «Ghosteen«, álbum llevado en secreto y de título explícito, lo contempla todo desde un plano único, ajeno a cualquier mirada o presión externa. Nick Cave aspira a habitar en ese vergel que describe en ‘Bright Horses’ y enseña en la portada paradisiaca del disco, pero no puede escapar a la cruda realidad. Ha sobrevivido a la muerte de uno de sus hijos. De esa tensión entre el tormento interior, la fe en querer creer en una instancia superior exterior y el recuerdo de ese (ahora) fantasma adolescente, nacen mucho de lo mejor de un disco altamente exigente y hecho, como si fuera El Halcón Maltés, del material del que nacen las obras maestras. Reseñar este disco ha sido emocionalmente agotador. En los tiempos de la eterna felicidad impostada, asomarse al alma de un artista así provoca vértigo.

Regatear la pena es el fútbol emocional que muchos quieren jugar, por eso este disco es punzante. “Peace will come…”, canta en ‘Spinning Song’; “I’m just waiting now, for peace to come”, implora en ‘Hollywood’. Son las canciones que, respectivamente, abren y cierran el disco. Es una llamada a que cese el dolor. Los coros angelicales en ‘Sun Forest’ por los “niños que escalan hasta el sol” dejan atrás, muy lejos, el simbolismo narcotizado de su obra anterior cantada o escrita (aquel ‘And the Ass saw the Angel’) aunque la religión sea, una vez más, casi omnipresente. También el recuerdo. En ‘Ghosteen’ es hiriente incluso para quienes no tenemos hijos. “Las estrellas son tus ojos, los amé justo desde el inicio de todo”, entona con una dulzura infinita.

Cave, a sus 62 años, sólo necesita de su voz. Hay una veta incluso chamánica en ese mantra de ‘Leviathan’. Ha desmenuzado su sonido hasta hacerlo ecuménico y Warren Ellis acompaña con un abrazo a su amigo por su valle de lágrimas y los momentos de esperanza. Le pone el hombro en secuencias de cuerdas y sintetizadores retrofuturistas y los demás Bad Seeds completan el cortejo con aportes discretos, como ese bajo ominoso de Martyn Casey en ‘Hollywood’, la canción más alucinante de este trabajo que trasciende lo puramente musical, como el «Blackstar» de Bowie. Catorce minutos que te hacen seis nudos marineros en la garganta.

Queda la duda de qué nos depara la carrera de Nick Cave. Viene de un tiempo a esta parte abriéndose en canal, permitiendo al fan penetrar en esas heridas y en sus pensamientos pasados y futuros (los Red Hand Files son una maravilla). «Ghosteen» es el cierre de la trilogía que abrió con «Push the Sky Away» y «Skeleton Tree». En ‘Hollywood’, Cave hace un drenaje interior cuando acude a un falsetto para contar la enseñanza budista sobre Kisa y su bebé muerto. De cómo hay que aceptar que todos perdemos seres queridos y hay que seguir adelante. El australiano, tras la catarsis, parece dispuesto a hacerlo. 

Escucha en streaming «Ghosteen» de Nick Cave & The Bad Seeds.

Resumen de la crítica:

Nota:9.2

Pros

  • Cierre maestro a la trilogía más personal de un artista que no envejece, trasciende
  • 'Hollywood'. Una de las mejores canciones de 2019. Catorce minutos alucinantes
  • En tiempos de engatusamiento del circuito cerebral del placer, es una ventana sin cristal a un alma que sufre. Es casi revolucionario

Contras

  • La exigencia emocional es altísima y obliga a un ejercicio de inmersión total. Hasta sus últimas consecuencias
Carlos A. Forjanes
Periodista con título enmarcado en la pared desde 2005. Un gol por la escuadra y un ritmo pegajoso le cortan la respiración. Lo primero lo cuenta en el Diario AS, lo segundo en Binaural.es. Charco que ve, charco que pisa. Twitter: @Forjanes_AS

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