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Queens Of The Stone Age – Villains [Recomendación]

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Queens of the Stone Age es una banda infalible. Ese rock de alto voltaje, ese punto de stoner, ese carisma inagotable que hace que, pese a ser más bien densa, su música entre con una facilidad asombrosa. “Villains“, el séptimo LP de los californianos, lleva al extremo esta última característica al contar para las labores de producción con Mark Ronson, artífice de referencias populares como el ‘19’ de Adele, el ‘Back to Black’ de Amy Winehouse y su propio ‘Uptown Funk’, ejemplo canónico de que los hits de masas todavía pueden cumplir un alto estándar de calidad. Y eso que, con el estreno del primer single, ‘The Way You Used to Do’, a muchos nos entraron dudas. El tema sonaba a QOTSA, seguro, pero parecía haber perdido algo de la oscuridad característica de la banda, tenía incluso un deje a… ¿pop? Murmullos en la sala. Pero ni por asomo. Una sola escucha del disco elimina cualquier recelo imaginable, e incita a la reproducción en bucle y a quemar zapatilla de forma casi criminal.

“Villains” empieza con cerca de dos minutos de confusión. Un sonido aquí, un pitido allá. Distorsiones. Un beat lejano que se va intensificando. Una guitarra que lo acompaña. Se oyen dedos amplificados moviéndose entre sus cuerdas. Un sintetizador juguetón. Una voz tapada. Todo crece. Todo crece, todo crece. Y, cuando ya no podemos aguantar más, la banda ataca con todo. Este momento de gloria en ‘Feet Don’t Fail Me’ marca la tónica del álbum y da el mensaje explícito de lo que va a suceder: vamos en un tren sin paradas con destino petarlo, Josh Homme lo conduce, y está loquísimo. “Me and my gang come to bust you loose”, y para que la cosa vaya fluida, la actitud es “Future tense meets middle finger”. Es tras esta impresionante apertura que ‘The Way You Used to Do’ cobra sentido. Como el propio Homme ha comentado en varias entrevistas, y como podemos ver en el videoclip de la canción, se trata de bailar. De darlo todo. Y si alguien no está de acuerdo, más sitio en la pista para nosotros.

Prosiguen con ‘Domesticated Animals’ tema de elaboración más sesuda y una de las piezas más destacables de este nuevo repertorio. Construida alrededor de un riff de tres notas, sencillo pero sólido, la canción empieza desnuda, con algún adorno, y poco a poco va incorporando al resto de instrumentos, obrando la auténtica magia cuando entran el bajo y la percusión. La crecida es imparable, y el frenazo en seco con el que termina es de los de pararse a coger aire. Un violín lacónico obra aquí como un particular “pitillo de después”, a la vez que toma la forma, si le echamos imaginación, del diablo que aparece en la portada del álbum. Éste nos toma de la mano para llevarnos a ‘Fortress’, donde se convierte en un sintetizador que pasea apuntalado por los punteos de dos guitarras. Primer momento introspectivo de “Villains”, que acaba tomando una forma un poco genérica pero que mantiene muy bien el ritmo. ‘Head Like A Haunted House’ lo aumenta, dejándose imbuir por un sutil espíritu rockabilly y desembocando en una carrera de guitarrazos fuera de control que nos hace fantasear con lo bien que lo pasarán esta gente tocándola en directo.

‘Un-Reborn Again’ recupera por un momento el sonido pesante más característico de QOTSA, y llega a un estribillo que condensa exactamente lo que uno va a buscar cuando escucha a esta banda. Se suceden ritmos férreos, sintetizadores ondulantes, guitarras que se pasean con la chulería de CR7, y, aún de propina, un cuarteto de cuerda fastuoso, exquisitamente gratuito, forzando el estéreo con autoconsciencia y gusto, buscando las cosquillas a una última ronda de artillería pesada que, para cuando se apaga, nos ha dejado con casi siete minutos de gloria bendita. A continuación, Homme interpreta el amor como un juego de depredadores en ‘Hideaway’, que bien podría formar un interesante díptico con ‘The Vampyre of Time and Memory’, exquisitez del brillante “…Like Clockwork” en la que amor se imploraba como inalcanzable solución al pesar existencialista. Allí se interpelaba a un dios inexistente, aquí lucifer nos seduce con un guiño.

The Evil Has Landed’ sorprende con un riff complejo próximo al hard rock de los 70, y una guitarra rítmica cargada de distorsión contrasta con los momentos de protagonismo de la solista, punzante, precisa, luciendo un afilado 100% marca de la casa. Tras una buena dosis de contundencia, ‘Villains of Circumstance’ comienza como las mejores baladas de Queens of the Stone Age, misteriosa, con la voz de Homme serpenteando entre las tinieblas de un acompañamiento mínimo, en este caso algún punteo suave, atmósferas, viento y cadenas; un gustazo, vaya. Y también, como las mejores baladas de Queens of the Stone Age, aprovecha la carga emocional construida para soltarlo todo en los estribillos y en un cierre de tema y álbum que sin duda ostenta la intensidad merecida.

Con un ritmo que no ofrece apenas respiro, “Villains” es un trabajo desenfadado, gamberro, que lleva sin complejos el desert rock de QOTSA a la pista de baile. Los de California han sabido hacer un disco diferente que a la vez suene exactamente a ellos mismos, prescindiendo esta vez de colaboradores, dejando atrás en su mayor parte la solemnidad de “…Like Clockwork” y la contundencia de “Songs For The Deaf” en favor de algo muy necesitado en los tiempos que corren: pasarlo bien. Los 48 minutos que dura el álbum vuelan en un suspiro, y, para cuando éste llega a su fin, no podemos hacer más que imaginar al carismático frontman de la banda haciendo suyo el mítico tuit de un político español en 2010 y despidiéndonos, sonriendo mientras desaparece entre las sombras, con un pícaro “sed malos”.

Resumen de la crítica:

Nota8

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