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[Recomendación] Beach House – Depression Cherry

¿En qué momento el reloj biológico de Beach House empezará a desfasarse? Con la broma se va a cumplir una década de su debut y hasta la fecha su trayectoria ha alcanzado unos niveles que llevan a uno a plantearse tal idea. Con su nombre y recorrido, siendo los exponentes número uno del dream pop del siglo XXI y acorde con su voluntad de ignorar por completo el contexto comercial en el que coexisten actualmente, Legrand y Scally siguen mostrándose intratables a la hora de presentar un nuevo disco en sociedad. Metódicos, puntuales, comedidos y sin el más mínimo amago de pretensión en lo que hacen. Ahí es cuando caigo, por ejemplo, en bandas como Arcade Fire, que llegaban en circunstancias parecidas y que de una forma u otra traicionaron sus raíces para sonar hasta en la Polinesia. La creatividad de Beach House no anda a marchas forzadas, tal vez por la sencilla razón de que sienten que así debe ser. A los hechos me remito: su discografía es sólida como una roca y a estas alturas, esperar que te vengan con romances, más que improbable, suena descabellado. En nueve años, el dúo de Baltimore (no pareja, insisten) ha facturado cinco discos, el último de ellos, una obra de apariencia aterciopelada y título de trangresora dulzura: “Depression Cherry” (2015, Sub Pop).

En alguna ocasión, el binomio ha explicado lo mucho que le preocupa que un disco suyo se filtre antes de la fecha, básicamente porque la primera experiencia del oyente debe ser plena y eficaz (como en cualquier otro). En su caso, este brutal magnetismo es una variable que puede llegar a dominarte. Me pregunto, pues, cómo hubiese encajado ‘10:37‘ si anteriormente no la hubiera escuchado hasta la saciedad (hay un directo colgado en youtube de aceptable calidad desde 2014). Igual seguiría anonadado. Con todo, te das cuenta de que el respeto por la estética siempre ha sido primordial para ellos. Sientes que, con toda la intención, quieren que cada entrega se acepte como una nueva inyección de energía vital, de sentimientos que buscan penetrar tan profundamente como la primera vez.

Lo cierto es que recibimos adelantos en cuenta gotas, algo que excitó a la parroquia indie, aunque si he de ser sincero, esa ‘Sparks‘ me dejó algo desubicado. Desde luego, fue un avance fastuoso que presentó a unos Beach House directos, pero apostando por unos elementos no precisamente rudimentarios -al contrario de  lo que advirtieron-. En cualquier caso, ha bastado una escucha entera a “Depression Cherry” para saber que, en realidad, casi nada había cambiado. Tres años después de “Bloom”, los de Baltimore siguen refinando el mismo concepto y profundizando en su esencia. En la abstracción lírica, los desarrollos largos y su inapreciable grandilocuencia, en las melodías que conectan al instante y que te derriten como muñeco de nieve al sol. En un fantástico documento publicado en Pitchfork, Victoria Legrand, una mujer astuta a todas luces, admitía ser una cinéfila al tiempo que aseguraba que “Depression Cherry” era la obra más cinematográfica que habían creado hasta la fecha. Dejando de lado el sentido que tiene el “amor” en esta obra (algo mucho más profundo e imaginario), lo cierto es que hay temas que bien encajan en esa afirmación.

Mientras abrimos con una ‘Levitation‘ 100% marca de la casa, incisiva como bisturí en manos del mejor cirujano, en la que se van sumando teclados y percusiones como por arte de magia, con la intimidad y el sosiego propios de ellos, ‘Sparks‘ presenta a tiempo esa tímida línea aparentemente más ruidosa, con teclados más agresivos y unas guitarras que sabrán dosificar y hasta sacarán brillo. A ‘Space Song‘ no hay quien le tosa. Es la primera prueba de que Beach House no han perdido identidad y que pueden enamorarte en cuanto les venga en gana. Parte de la base parece extraída de ‘Walk In The Park’, mientras que la melodía (de lagrimilla) es de esas que solo pueden salir de sus manos. El cuerpo del disco, empezando por esta última, les consolida. Desde la incomprendida ‘Beyond Love‘, cuyo inicio engrandece el tema de forma abismal (luego ya es imposible que se deshinche), pasando por el low tempo de ‘10:37‘, sobrio y con incursiones de los teclados que lo ensalzan hasta allá donde suenan las voces de Legrand, hasta una ‘PPP‘ que parece compuesta por retazos de ‘Take Care’ (incluido estribillo).

Wildflower‘ se advierte pura, limpia, trabajada (Chris Coady sigue impecable en la producción). Con todo, menos densa. El ligero juego de contrastes con el que han jugado se hace patente al final de todo. Primero con ‘Bluebird‘, una apertura urgente que da paso a la conciliación de un amor místico e impredecible. Como el rumbo de un pájaro. Y después con ‘Days of Candy‘, ahora sí, el tema más variopinto de toda su carrera. Y volviendo al calificativo de cinematográfico: la primera parte del tema podría haber salido de los cantos de coral de Clément Mathieu de Los Chicos del Coro. Un coro mixto acompaña en los primeros tres minutos para que luego el teclado vuelva a ceder todo el protagonismo a la melodía cantada por Legrand, presente y susurrante. Así pues, vemos nuevas ideas que se desarrollan sin perder identidad pero que asimismo no sé hasta qué punto funcionarían si las priorizaran todas en un disco.

Precisamente, su cambio de prioridades no se ha plasmado de forma agresiva. Bajo mi punto de vista, no estamos hablando de una continuación excelsa de “Bloom”, tal y como ésta lo fue de “Teen Dream”, sino de un trabajo que, pese a mostrar indicios de una evolución musical, vuelve a llegar sin desentonar, con una fuerza intachable e imponiéndose en calidad. Un disco que, al fin y al cabo, responde al buen hacer de todos estos años, a una actividad sana y constante que nos permite seguir imaginando lo mejor de esta banda a otros tantos años vista.

El álbum ya puede ser escuchado en streaming.

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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