[Recomendación] Black Mountain – IV

Seis años hemos tenido que esperar para que los canadienses Black Mountain saquen material nuevo. Ya queda lejos “Wilderness Heart” (2010), que cerraba una carrera corta pero intensa de los de Vancouver que comenzó con “Black Mountain” (2005) y continuó con “In The Future” (2008). Está claro que el espacio es el medio donde se desenvuelve esta cuarta entrega de Stephen McBean, Jeremy Schmidt, Brad Truax, Amber Webber y Joshua Wells. El rock cósmico es una referencia obligatoria en este disco, dibujado sobre la base del blues y el rock psicodélico retro.

IV“, con permiso de los famosos LP’s de Led Zeppelin y Black Sabbath, está pintado como un lienzo bien pensado. Quizá es la explicación de los años que ha tardado en ver la luz. Se han tomado su tiempo y el resultado es meticuloso y muy cuidado. Un LP experimental que nos recuerda al paisaje sonoro y al alma exhibida en “In The Future”. La voz omnipresente de Amber Webber, acompañada de estrellas fugaces, satelites y planetas lejanos en forma de riffs pesados y un sutil sintetizador que aparece como un samurai cuando debe, hacen de IV un arma placentera para desafiar la gravedad. IV es la victoria de la ciencia sobre la religión, con homenajes al único hijo de Dios en la Tierra, el señor Tony Iommi. Pizcas de grupos más modernos como Moon Duo también se hacen presentes, obviamente con su sello particular que tanto nos gusta. Extraños y raros como ellos solos, tan indescifrables como maravillosos, los Black Mountain entregan una obra genial que los coloca en lo alto del rock contemporáneo. No llegarán al mainstream, al menos eso parece, y ni falta les hace. Nos deleitan desde la retaguardia como un buen croupier que pasa desapercibido. La casa gana: “Cuando hicimos el primer álbum, no había muchas expectativas. Esperábamos que quizás 20 personas lo escuchasen. Así que todo lo que pasó después de él, fue genial“.

El disco está compuesto por 10 canciones del tamaño de 10 planetas nuevos del Sistema Solar. Rock progresivo, elementos pop, electrónica y mucha psicodélica integran este trabajo que comienza fuerte con el single ‘Mothers of the Sun‘. Son ocho minutos de rendición en un tema sabbathiano, homenaje a los de Birmingham y su “IV”. Un maremoto sonoro en clave himno de protesta donde el riff es el detonador y las voces del combo Webber y McBean lo alzan al podio de los temas del año. ‘Florian Saucer Attack‘ es antagónica: si bien hay guitarras, el protagonista es el sintetizador, mucho más en sintonía con el grupo de Ripley Johnson. Una buena pieza de psicodelia espacial, tal y como ellos declararon: “El disco es acerca del sonido y sus colores. Y aquí el espacio es realmente importante. La gente piensa de nosotros que somos una banda de rock pesado y lo somos a veces, pero aquí hemos querido fusionar esto con el espacio. Tienen que haber emociones presentes“.

Hay otras piezas como ‘Defector‘ en la que homenajean a los grandes de la historia de la música como Pink Floyd o ‘Constellations‘ y su rendición a Rush, con un toque experimental noventero guitarrero, convierten el tema en una pieza de orfebrería. Una canción que se nota que está compuesta por McBean, trabajada desde el riff hacia adelante, como una construcción de Lego, una base solida y rocosa con los adornos correspondientes puestos encima. ‘Cemetery Breeding‘ hipnótica y cruda, el sintetizador que nos envuelve para no dejarnos escapar nunca más. O los pasajes letárgicos de ‘(Over and Over) the Chain‘ a lo ‘Shine On Your Crazy Diamonds‘, la canción perfecta para entrar en trance y dejarnos llevar. Mientras, los temas que cierran el álbum, ‘Crucify Me‘ y ‘Space to Bakersfield‘, son bastante similares en su estructura: coros brillantes con una atmósfera placentera, como estar flotando en una nube de algodón. La última con una progresión infinita y de orgasmo. En fin, drones dominando el mundo. Un mundo astral.

Black Mountain se sacan del bolsillo un disco bastante alejado de la etiqueta “metal” y se sumergen en las profundidades del espacio, jugando con la psicodelia y la experimentación de manera elegante y con una majestuosidad que alumbra. “IV” es como una especie de quiropráctico sonoro: te hace estirar los músculos para luego pasarte el rodillo por encima.  Está lleno de progresiones y guiños al rock cósmico del nuevo milenio, cirugía láser en clave musical directa a la pupila. Relájate y abre tus sentidos para que el quinteto de Vancouver te lleve a su galaxia.

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