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[Recomendación] Courtney Barnett – Sometimes I Sit and Think, Sometimes I Just Sit

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La vida muchas veces no hay quien la entienda”, debe reflexionar entre la incredulidad, el cinismo y cierto vértigo, la australiana que el año 2014 generó un notable revuelo entre la gente amante del rock independiente. Un relativo clamor en forma de éxito rodeó la afilada pluma de Courtney Barnett y sus composiciones entre el olor a marihuana y la llamarada fulgurante. Sus dos EP vendidos en uno, publicados por su propio sello, fueron pasando por las manos adecuadas, por las revistas indicadas, hasta desembocar en un tour extenso entre Europa y Estados Unidos, dándose a conocer más allá de su entorno habitual que tan bien describe en sus canciones. Nada mal, para alguien con poco más de una decena de canciones, entre ellas, piezas tan destacables como ‘David’, ‘History Eraser’, ‘Avant Gardener’ o ‘Out of The Woodwork’, que servían de testimonio del presente y prometedor futuro de Barnett.

Toda promesa necesita de hechos que la corroboren, y no hay nada más fáctico en un músico, a parte de los conciertos, que su producción discográfica. Por eso, el primer disco como tal de Courtney Barnett no se escapa del escrutinio de quien quiere que sus proyecciones hacia otra persona, en ese caso el agradecido público y su ingrata crítica (o viceversa) hacia ella, se cumplan. Algo que al fin y al cabo responde a la imagen que uno se ha hecho y puede no coincidir con los deseos, particularidades o inseguridades de la artista. “Ponedme en un pedestal que solo haré que decepcionaros”, canta en la arrolladora ‘Pedestrian At Best’.

¿Qué tiene Courtney Barnett que atrape? Puede ser una apariencia tímida y sencilla que trasciende en afiladas descripciones, ácidos comentarios, ojo clínico por el detalle como si de una escritora se tratase (y se trata), capacidad por construir deliciosas, cáusticas, divertidas o reflexivas historias sobre lo mundano, lo que observa y sobre su propio enigma vital. Lo que podría acercarse a comentario de encefalograma plano, sabe transmitirlo con piruetas líricas, su estilo medio recitado, y un protagonismo musical que no da un paso en falso. Sus versos cortan como las guitarras que los acompañan, a veces casi físicamente, pero siempre dan en la diana de la literalidad cerebral y emocional.

‘Sometimes I Sit and Think, Sometimes I Just Sit’, sube la intensidad de forma que sorprendería tomando en consideración sus primeras composiciones, pero no si se ha visto su ejecución en directo. En la mayor parte del disco, el dinamismo domina sobre el reposo, e incluso cuando llega éste último (exceptuando la bella ‘Depreston’ y el onírico cierre ‘Boxing Day Blues’ sobre fallidas percepciones mutuas), forma parte de una tensión, de un desarrollo que acabará reventando los diques en algún momento. De rock más suelto y riff celebratorio (‘Dead Fox’), otro rítmico (‘Aqua Profunda!’) y especiado con teclados reminiscentes del garage de los sesenta, con coros de tres décadas más adelante (‘Debbie Downer’).

La abrasión cocinada a fuego medio y cadencia irresistible, sobre la distancia en una (su) relación en ‘An Illustration of Loneliness’, es una de las canciones más destacadas del álbum, como su enérgica y poética apertura en ‘Elevator Operator’, en la que desgrana la desilusión vital de un joven atrapado en la rueda de su trabajo y su vida. ‘Nobody Cares If You Don’t Go To The Party’ es mecha quemada con arrolladora urgencia. Pero allí dónde Courtney Barnett expande todas sus virtudes es en las dos grandes piezas del disco, siete minutos cada una. ‘Small Poppies’ es un crescendo lánguido que va despegando hasta la catarsis (el guitarrista Dan Luscombe es un añadido excepcional), y en ‘Kim’s Caravan’ se disfraza de Jim Morrison en una etérea reflexión quizás sobre la mortalidad, que termina en el infinito.

Una vez se esmuñen los minutos de ‘Sometimes I Sit and Think, Sometimes I Just Sit’, uno tiene la sensación que Courtney Barnett ha pintado un canvas, ha escrito una novela compuesta por once relatos, repletos de distintos colores, de situaciones y personajes a su alrededor, pasados por el tamiz de una mirada con personalidad plenamente identificable, que poco a poco va descubriéndose ante su audiencia. Profunda sin cargar las tintas, intensa sin sobresaturar, inteligente sin pedantería, divertida sin banalizar. Aunque manifieste, casi grite que nos decepcionará, por el momento un pedestal no parece un mal lugar para poner la música de Courtney Barnett. Siempre que lo tengamos lo más cerca posible.

Escucha el álbum de Courtney Barnett en streaming.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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