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[Recomendación] Fuzz – Fuzz II

Muchos de mis amigos me dirán que estoy obsesionado con Ty Segall, que soy una groupielocafanérrima del rubio californiano e igual hay algo de cierto, pero menos mal que el pavo habla con su música por sí solo, siendo capaz de homenajear a un altísimo nivel a grandes músicos de los 70 como Black Sabbath, Led Zeppelin, Marc Bolan, Bowie y Motörhead sin siquiera despeinarse. Pero comencemos por el que es uno de los proyectos que personalmente me gusta más de Ty. Sí, Fuzz, aquél trío que nos deslumbró con su magnífico y brutal primer disco homónimo. Aún no se entiende cómo no apareció de nº1 en esta web. Será por la misma razón que el Barça repescó alguna vez a Cesc Fàbregas, a saber, un misterio al alcance de Mulder y Scully.

Pero vamos al grano, Fuzz no es el grupo de Ty Segall, es un trío al que pertenece y en el que canta y toca la batería. Porque Fuzz es Charles Mootheart en gran medida, con sus riff endemoniados y Chad Ubovich (Meatbodies) en el bajo: son un grupo con mayúsculas. Aquí, por más protagonismo que haya de su cantante, la cosa está perfectamente balanceada en las tres esquinas, con fantasmas mataleros del pasado y tratando ese sonido como una vajilla de porcelana. Sí, está claro que Sabbath es el punto de referencia más evidente, pero los chicos también han hecho su tarea con Zeppelin, Hendrix, King Crimson, combinando proto-metal, garage y psych rock. Básicamente mucha influencia británica y rock pesado como el infierno, en un disco mucho más colectivo, más trabajado, con progresiones y jams estratosféricos. En la grabación del disco, la dinámica era la siguiente: Mootheart crea los riffs, los toca delante de sus compañeros, van improvisando en base a la guitarra y las letras parten de un sentimiento negativo, la muerte, la fatalidad, un mundo condenado, las desgracias de la sociedad, sacando a flote los fantasmas que nos persiguen. El trío grabó II en el estudio Hollywood Sunset Sound utilizando su propio equipo para luego mezclarlo en el estudio de Ty, un local muy pequeño donde añadieron las voces. Pero todo partió solo de tocar y que fluyera.

El disco comienza con una gema como ‘Time Collapse II / The 7th Terror‘, una rocosa canción que muestra el impecable trabajo de su guitarrista, que menea el cotarro a diestro y siniestro, una de las mejores performances del melenudo al mando de las seis cuerdas. También se hace imposible no recordar la voz de Kevin Ryan Starrs de Uncle Acid, en la que Segall demuestra su admiración por ese lado sabbathero. ‘Rat Race‘, uno de los dos adelantos del disco, es quizás la pieza más bluesera del mismo, con un pico majestuoso de riffs en pleno epicentro. ‘Let It Live‘ comienzo a lo Iommi para luego suavizar con la entrada de Segall en plan Lennon, una pieza que contiene una suavidad clásica que nos enseña un camino más sutil a lo percibido en «I». El cuarto pepino se llama ‘Pollinate‘, otro adelanto del «II», un camión de agresión de toneladas pero que curiosamente, y al igual pasa con ‘Rat Race‘, no son de los destacados del mismo, si bien cuenta con una guitarra más afilada que un sable Hattori Hanzō.

Bringer of Light‘es fango puro. Un pantano espeso con una voz marca de la casa Ozzy Osbourne, olor a barrio de Birmingham. Y si lo tuyo es Black Sabbath, espera a que te reviente los dientes ‘Pipe‘, lo más cercano a Osbourne/Iommi/Butler/Ward que estarán tus oídos. A pesar de que los dos temas no se diferencian sustancialmente y las comparaciones son odiosas, aquí el trío deja bien parada la famosa frase de Henry Rollins. ‘Say Hello‘ ya experimenta otra cosa, más cerca de la acera de unos Page/Plant con un semblante más calmado, para luego disparar el gatillo con toda la furia. ‘Burning Wreath‘ no es de los más destacados y se hace un poco farragosa, quizás buscando un nexo entre la artillería pesada que se ha mostrado con las tres últimas canciones. Y lo que viene. Lo que viene no es otra cosa que ‘Red Flag‘, una vuelta a los orígenes del garage de Ty con una letra combativa «Seen the secrets of your wasteland/Open up, I’ll make you face them«.

Jack The Maggot‘ es un diamante en bruto, otro tema que quizás, en comparación con «I», sobra un poco. ‘New Flesh‘ sigue el mismo ritmo: ensayo en el estudio y una oda al rock sin pretensiones. Le sigue ‘Sleestak‘, esta vez sin letra pero con un jam tan rico como una cerveza fría en pleno agosto. Quizás las tres canciones por separado puedan resultar un tanto impersonales, pero si las juntas y las escuchas varias veces en su orden, nos podemos dar cuenta de que se trata de un trinomio de creatividad e improvisación. ‘Silent Sits the Dust Bowl‘ es un frenazo al subidón que veníamos experimentando, un tema bastante más parsimonioso que los que nos tiene acostumbrado el grupo, con un leve coqueteo con los riffs a final de la misma. Y el disco cierra maravillosamente con «II» dándole el nombre al LP en 14 minutos de progresión diabólica, saliendo disparado hacia la estratosfera. Blues y proto rock setentero se dan la mano en una obra de arte de las mejores que ha realizado Segall, Mootheart y Ubovich. El disco en sí no entra tan rápido como su antecesor y alguno de sus singles como ‘Fuzz’s Fourth Dream‘, pero es un disco con una coherencia apabullante. Se nota que no es un homenaje a la música que tanto le gusta, como sí lo es cuando se viste de Ty Rex para rendirse a los pies de T.Rex. En Fuzz II recogen las influencias del rock setentero, le meten el toque personal de los tres y a ver que sale. El disco es indudablemente más pesado que el primero pero presenta una evolución que agrupa muchos elementos. «II» es un monstruo que conjuga muchos más sonidos y resulta aterrador (para bien) pensar en qué evolucionará Fuzz en un futuro. Por suerte, aquí no importa el mañana.

Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
BELIEVE IN THE ANTI † † † Twitter: @sebastopol17

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