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[Recomendación] Guadalupe Plata – Guadalupe Plata

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Alguien dijo que el demonio está dentro de todos nosotros. Su influencia a lo largo de la historia fue bien relatada por Mick, Keith, Brian, Bill y Charlie en ‘Sympathy For The Devil’. Muchos manifiestan comunicarse y practicar su culto más institucionalizado. No se sabe, al menos para alguien que no ha pisado nunca sus tierras, qué influencia tiene el cornudo escarlata en la población de Úbeda, pero de allí salen tres hombres que con su elemental sonido parecen invocarlo. A base de guitarreos espaciados, punzantes y arrolladores, un bajo con poco más que un cubo de zinc un palo y una cuerda que lleva el ritmo del apocalipsis, y una de las baterías más simplificadas pero persistentes del negocio, los tres discos publicados de Guadalupe Plata son puro blues pasado por pulsión de rockabilly, arrebatos punk y una voz que es lo más parecido al lamento original del Delta, tamizado por ecos de canto jondo y mala leche, que puede salir de los blancos de este rincón de mundo.

La edición 2015 de su trío de discos homónimos, prosigue y ahonda en la senda de la banda, que se cimentó con su segundo, un puñetazo en toda regla, grabado en Texas y que les valió reconocimiento nacional e internacional. Pedro de Dios (voz y guitarra), Carlos Jimena (batería) y Paco Luis Martos (bajo), han grabado esta vez en Londres, con Liam Watson (Tame Impala, The White Stripes) en la tabla, con los fuegos del averno (como mínimo el dibujado por Alan Moore) más cerca del estudio, resultando en un disco más árido, incluso desértico, hipnótico, que va cociendo los oídos con turbias historias, de sangre, puñales, pasiones y tormentas de todo tipo. Como la que Pedro advierte, predice, incluso pide, en el tema que abre el asunto, ‘Tormenta’. ‘Huele a Rata’ nos pone en situación, con una sonoridad a bar caldeado, de humo degustable y la desconfianza visceral por un amor putrefacto. ‘Calle 24’, versión que saca el verdadero lado macabro de la “inocencia” infantil, a ritmo acelerado. ‘Hoy Como Perro’ suena a adaptación personal de la estructura de un incunable como ‘Rollin & Tumblin’, adoptado por cada banda de blues que se precie.

‘Serpientes Negras’ suena pantanosa, a humedad febril, de las que pueden matar a alguien después de exorcizar alcohol etílico por cada poro de su piel. ‘Filo de Navaja’ una tensa instrumental de suspense de serie B, ‘Mecha Corta’, rythm n’ blues del más clásico y bailable, y finalmente la instrumental ‘Agua Turbia’ (descriptivo título de su paisaje sonoro, lleno de detalles instrumentales y percusiones acuosas), nos encaminan hacia el trío final. ‘Hueso de Gato Negro’ es la maratón del disco, cerca de seis minutos de cabalgada, gentileza de la maestría de los tres en lo suyo, trazando sinuosos caminos en los que transcurre la pieza. ‘El Paso del Gato’ sigue con la fijación felina y sirve a outro cambiado de tono de la anterior, para cerrar con ‘Tengo El Diablo En El Cuerpo’, blues del más puro, cortado artesanalmente, en el que hablan con John Lee Hooker, Muddy Waters, Howlin Wolf… excelente cierre para el álbum.

Corren tiempos en los que el blues que se publica, al menos por parte de lo que queda de su época más popularmente esplendorosa, acostumbra a estar enterrado en producciones que echan almíbar al sonido y pasan papel de lija a las aristas. Otros grupos que recuperaron elementos del él y se expresaron con intensidad o crudeza, ejemplo de The Black Keys, han evolucionado hacia sonidos (algunas veces con grandes resultados, otras intentos fallidos) más confortables. Parte del mérito de Guadalupe Plata, y de este disco, es que consiguen plasmar su amor por el género de forma implacable, moldeando e incorporando elementos desde su austera propuesta, consiguiendo que suene fresco, adictivo y con irreductible personalidad propia. Su tercer álbum completa lo que hasta ahora es una trilogía imprescindible, en un último disco cavernario, que va de las brasas a las llamaradas, del antro al pantano, de las vísceras a los pies.

Escucha el álbúm homónimo de Guadalupe Plata.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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