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[Recomendación] Iggy Pop – Post Pop Depression

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Palm Desert. The Joshua Tree National Park. Esos cactus de medida apocalíptica que contemplan extensiones de roca dura como el Sol, que arremete y baña sus eternos parajes de ínfimos arbustos, peculiar flora y fauna que sobrevive entre la escasez y la belleza, pequeñas poblaciones, gasolina y lata, comida de especias y brasas, de sequedad inundada por cervezas y mezcal, de cielos infinitos y setas alucinógenas. No es el mejor lugar para una iguana -lo suyo es lo tropical-, pero si de la que hablamos es ni más ni menos que James Newell Osterberg, Jr., mayormente conocido como Iggy Pop, no hay entorno que se le resista, y menos si incluye un músico como Josh Homme y un hogar como el Rancho de la Luna. Sin duda alguna, ver caer la noche acompañado de las delicias que aguardan en este rincón del mundo debe ser toda una experiencia, y uno de los mejores lugares para auspiciar el crepúsculo, como él mismo ha admitido y dejado entrever, de una figura clave, una leyenda viva, un enfant terrible del rock como Iggy Pop.

Así, en un tono crepuscular, se mueve «Post Pop Depression«, de un Iggy que se lo toma como eso, como alguien que sabe que su tiempo pasó, con una hoja de servicios que dio, da y dará para ser revisada por generaciones, pero sigue en busca de canciones, de momentos definitorios. Él ya no es parte del presente estricto, es alguien que se ha ganado el derecho de mirar hacia atrás, de hablar del ahora con autoridad y distancia, ya no desde las trincheras, de los escenarios, rebozado en saliva, sangre y cristales rotos mientras desafiaba a supremacistas blancos. Y aún así, «Post Pop Depression» es diferente en su discografía, es una encrucijada de talentos, un disco de rock añejo y nuevo a la vez, en el que la compañía de Josh Homme, que produce (junto a su compañero en Queens, Dean Fertita) y escribe parte de la música, le sienta como un guante de piel, como una americana polvorienta encima los hombros, al talento de Iggy tan disperso y errático los últimos años, incluso décadas. Y es que en un largo tiempo el de Detroit no había sonado tan convincente, cantando y recitando con tanta inspiración lírica, voz entre la autoridad, la rotura de los años y una perfeccionada sensibilidad melódica.

El primer impacto es ‘Break Into Your Heart‘, que se salta cualquier previa grandilocuente y arranca con voz encima de un puro riff del desierto, un sonido que Homme ha perfeccionado con los años, cuya guitarra brilla como en el «Songs For The Deaf», pero que a lo largo del disco demuestra lo versátil, preciso e imaginativo en la concreción que se ha vuelto desde los tiempos de Kyuss. Aridez en la primera, neón y delicatessen en la segunda, ‘Gardenia‘, en la que Iggy se pone un punto berlinés -no será el último momento- y seductor. ‘American Valhalla’ empieza con unas teclas a distinto tono pero no muy lejos de ‘China Girl’, aunque el parecido se va en un número rockero entre el crooner y el viaje ácido de un Iggy que como en casi todo el disco incorpora la propia mortalidad y el legado que dejará.

No en vano, la figura del Valhalla es un lugar gobernado por Odín, de la mitología nórdica, donde se dirigen parte de los caídos en combate guiados por las valquirias. Junto con la sombría frase con la que termina el tema, “I’ve nothing, but my name”, tenemos la temática que subyace al disco. Y literalmente se encuentra persiguiendo su sombra en ‘In The Lobby’, pieza que rebosa en bajo palpitante, riffs afilados esparcidos como espasmos y un ritmo a contrapie abrazado por un Iggy grave.

Sunday‘ marca, y de qué manera, el ecuador del álbum, un número que empieza con un aparente deje a disco con Matt Helders (Arctic Monkeys) al trote y Josh Homme siguiendo con el máster a la guitarra que viene dando, pero que va evolucionando hacia otro viaje sombrío por el desierto, con un final que a los fans de QOTSA les hará recordar una pieza de su álbum más mítico. También si hablamos de muerte -y de Joshua Tree- no podía faltar el buitre. ‘Vulture’ baja a la base acústica, una oda al animal que aprovecha y se nutre de la muerte, símbolo también de la codicia y la avaricia, pieza sencilla pero que va añadiendo detalles bañados en mescalina que conjugan la esencia árida y crepuscular del disco con el espíritu indomable de su protagonista. Los ‘German Days’ tampoco podían faltar a la cita, el peculiar homenaje de Iggy a una ciudad y un tiempo que le marcaron tan profundamente. Estilísticamente es de los temas más próximos al libro de QOTSA, y no le queda nada mal. Delimitada a cada extremo por un riff robótico marca de la casa, quizás para evitar que se escapen los espíritus que dentro de ella se conjuran. ‘Chocolate Drops’ se pone reflexiva y un punto sofisticada, pura sapiencia de la iguana, en la que suelta la perla: “When you get to the bottom, you’re near the top. The shit turns into chocolate drops”. Pues eso.

Iggy Pop ha dejado entrever que ‘Post Pop Depression’, hecho con celo pero sin ninguna atadura, podría ser su último disco. Veremos si lo cumple o si la vía abierta con Josh Homme le inspira a proseguir o buscar otras colaboraciones. Pero si su última canción grabada en un álbum, si su testamento discográfico fuera ‘Paraguay’, sin duda se trataría de una de las mejores despedidas de la historia del rock. Seis minutos de virtudes, cambios de tesitura, cadencia de gigante, coros, elegancia contra salvajismo y el monólogo-diatriba final más cabreado en siglos de un Iggy que empieza el tema dirigiéndose a su retiro y lo termina cagándose en los muertos de todos, entre los aullidos eléctricos de Homme, Fertita -gran producción la de los dos- y Helders, con un solo del primero que va directo a la antología. Poco se puede añadir de un muy buen disco cuando escuchas a la iguana y sientes una punzada en todo el estómago mientras lo manda todo al infierno. ‘Post Pop Depression’ tiene la elegancia de un felino, el corazón de un viejo lobo hambriento dispuesto a cazar su última presa, pero sobretodo, no está lejos, ni mucho menos, de lo mejor que ha publicado la iguana.

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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