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[Recomendación] Sleater-Kinney – No Cities To Love (2015)

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Corin Tucker, Carrie Brownstein y Janet Weiss abandonaron Sleater-Kinney en 2006, hasta que las circunstancias, la llama creativa, lo que fuera, las volviera a juntar de nuevo. Nos ofrecieron, sin embargo, uno de las obras maestras de la última década, un ‘The Woods’, que culminaba el proceso que llevó el punk rock de sus inicios, como uno de los estandartes de la riot grrrl, a estructuras más reposadas e intrincadas, incorporación de más temas sociales, políticos y personales junto a un constante crecimiento musical, y una última fase en la que interpretaban a su manera los cánones del rock más clásico, con un último álbum memorable y particular, dentro de una discografía impecable como muy pocas se han compuesto. Cada una por su lado, Brownstein quizás la más prolífica, como actriz y mente pensante de la comedia de culto Portlandia, y liderando Wild Flag, el affaire de un disco en el que también había Mary Timony o la propia Janet Weiss. Corin Tucker publicó un disco bajo el apelativo The Corin Tucker Band y tenía su segundo hijo. Ha sido casi una década después de separarse, que las tres se han encontrado de nuevo en la necesidad de dar continuidad a Sleater-Kinney, primero en silencio, desde el estudio, pasando desapercibidas hasta la publicación el pasado año de su box set retrospectivo. Y para proseguir con tan impresionante legado, una no se debe poner a ello por poco.

‘No Cities To Love’ es un primo lejano a ‘The Woods’. Dónde aquél jugaba, se recreaba, éste va directo. Lo que era crujiente e abrasiva distorsión, aquí en general es claridad, cuchilla afilada, hasta robótica. Y al grano. Poco más de media hora en lo que convierte el disco en uno de los más cortos de su trayectoria. Pero si algo prosigue éste último del momento en el que lo dejaron, es que juega en la liga del puro rock más atemporal, íntimamente ligado a un contexto pero que viaja de oídos a cerebro, corazón y estómago, sólo de la forma en la que lo hacen las piezas cuya autoría está en estado de gracia. Diez años llenando el vaso, la gota que lo colmó todo ha caído en forma de catarsis, incluso por momentos de verdadera mala leche, en las que eran (y siguen siendo) las reinas del cálculo, de la maestría en las guitarras y melodías intrincadas. Pero una cosa no excluye la otra, Sleater-Kinney no serían lo que son si no hubiera habido cucharadas soperas de corazón y conciencia. En ‘No Cities To Love’, han echado el bote entero en el caldo.

‘Price Tag’ es una muestra perfecta de ello, entrar echando al suelo la puerta grande. Con riffs mandando, todo bajado de tono, rasgueos agudos y disparos a las cuerdas por todos los lados mientras Weiss aporrea, propulsa, y Tucker (que no ha perdido nada de su arrebato vocal) suena lo bastante cabreada como para tomársela muy en serio. La última parte del tema te engancha definitivamente al álbum, convenciéndote que esto no es un regreso en vano. ‘Surface Envy’ es casi una llamada a las armas, energía pura, destellos constantes (el trabajo a las guitarras es demencial) y un estribillo de aquellos que enciende públicos. ‘No Cities To Love’ engancha, lo que es también el carácter del disco, quizás de lo más inmediato que han escrito.

https://www.youtube.com/watch?v=XbaeYjkgZfU

El conjunto no pierde un ápice de fuerza, transmitiendo constantemente una sensación de urgencia, en la música y el mensaje, que llega al oyente en medio de la tormenta, ya sea con la perfecta conjugación de juego y potencia de ‘A New Wave’ o los tintes oscuros, la guitarra penetrante y el arrollador estribillo de ‘No Anthems’. Cada tema es un caramelo, una sucesión de virtudes que van desplegándose con cada escucha. Rock de manual pasado por el catálogo de identidad tan identificable como en constante evolución de la banda. Los riffs que comandan ‘Gimme Love’ y ‘Bury Our Friends’ son parte del motivo para el que Sleater-Kinney ocupa puestos de privilegio en el rock contemporáneo. ‘Fade’ cierra el asunto como pieza más sombría y expansiva, magistral, con un riff, valga la curiosidad, que a algunos les recordará alguna pieza de un tal Slash.

Urgente, preciso, controlado pero furioso, Sleater-Kinney completan un disco que proviene del silencio, ajeno a la rueda gira-estudio de su primera etapa, pues éste ha sido un ejercicio consciente a su distinta manera, retrospectivo hasta el punto de revisar su legado pasado, para emprender un presente nada celebratorio ni indulgente. Es una continuación en su discografía, que ha tardado lo que el tiempo y las circunstancias han dispuesto, pero que no se resiente para nada, al contrario, se beneficia del crecimiento personal de sus tres componentes para perfeccionar su particular arte, y darle los matices que su creatividad precisa. Ésta vez con una marcha más, la actitud del recién llegado y diez composiciones que rebosan calidad, inmediatez, tensión y vitalidad. Un triunfo de principio a final.

Streaming del álbum

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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