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Shame – Drunk Tank Pink | Crítica

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«El mono ve y el mono ejecuta, como yo delante de ti«. No es fácil imaginarse a Charlie Steen, líder de shame, subiéndose a un escenario como un ser inerte, pero las apariencias engañan. De hecho es muy difícil. Pero desde luego esta quote extraída de «Drunk Tank Pink» (Dead Oceans, 2021), segundo álbum de los británicos, no es aleatoria. Para un tío de 22 años, que confiesa escribir pensando en cuándo va a cantar en directo, que ha acumulado 172 shows en los últimos dos años y que ha vivido la mediatización hiperbólica en un período de tiempo relativamente corto, lo normal es que le acabe pasando factura; sobre todo, si viene un virus a rematar la faena. Lo que supone este disco, producido por James Ford (que produjo algunos trabajos de Arctic Monkeys y de Klaxons), es tan evidente como inextricable: algo así como un reset mental y maquinal. Porque de ser el mono que tiene cuerda infinita para darle a los platillos, aquí la tienen para ir de rama en rama.

Esta idea no es mala. Shame están bastante más open minded de lo que estaban en «Songs of Praise» aunque eso no se traduzca necesariamente en inspiración. Lo que hay en él es una apuesta muy bien trabajada y hecha con raciocinio. El bíceps no lo han perdido y de alguna manera James ha logrado darle un empaque determinante con su sónica red de arrastre. Lo realmente diferenciador está en el contenido. A ratos, ese primate de gran envergadura se convierte en una mona con los labios pintados, como por ejemplo, en ‘Alphabet‘, una letra que utiliza lo hilarante como trampa de conductas deleznables. Steen no se calla: «Aún no conozco el alfabeto. ¡Realmente no sé el alfabeto!«, recita. La lectura inicial que invita este tema, temarrón, es «¡No sé el alfabeto y me la pela lo que penséis!». Ese abrazo animal a las inseguridades lo veremos más de una vez.

Porque «Drunk Tank Pink» es un tanque que dispara flores. Una bestia que mira desafiente a los defectos de uno mismo para exponerlo concienzudamente y ganar algún tipo de control sobre la duda. En definitiva, es un álbum que carga el carrete de la banda sin pensar mucho más allá. Tenemos una ‘Nigel Hitter‘ que salió como single que Charlie siente «como una catártica expresión de ese período de tiempo» donde imperaba el miedo y, por ende, el silencio. En realidad, es un corte que nos define muy bien a los shame de 2021: un punk-friendly cabrito, sarcástico y terrenal, que se aleja a menudo de los rigores post-punk, especialmente por esa producción que a ratos produce mirajes de «Myths Of The Near Future». Esa idea prevalece en ‘Water in the Well‘, tan Talking Heads. Reafirma los virajes que ha experimentado la banda de forma inapelable y de una manera que podrían confundirse por Squid.

Pero si a ratos este álbum consigue ser prominente es principalmente por esa capacidad que tiene de recular a nivel de estilo, y presentar canciones a golpes de pecho. Canciones con las que marcan terreno. Y hablo concretamente de dos temas: ‘Alphabet‘ y ‘Snow Day‘, donde merodean otro tipo de referencias. De la primera hablaría más de punk y guitarras radiales llenas de convicción, y de la segunda, una geniliadad estructural al alcance de pocos re-revivalistas del género, como Ought o Black Country, New Road. A veces el instinto falla, aunque no es su caso. Con ‘Drunk Tank Pink’, shame han construido una atalaya con vistas panorámicas a la selva post-punk. Siguen ubicados en el mapa.

Streaming de «Drunk Tank Pink» de shame, aquí.

Resumen de la crítica:

Nota:7.7

Pros

  • 'Snow Day' en primer lugar
  • El ejercicio creativo que hay detrás y apuesta por esas nueva ideas
  • La materialización de todo ello. Se quedan a media camino entre unos IDLES y Parquet Courts.
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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