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Squid – Bright Green Field | Crítica

squid green bright field

Finalmente, este siete de mayo ha llegado a nuestras plataformas el debut de Squid. La banda británica, que fichó por Warp hace algo más de un año, pertenece a la heterodoxa escena del sur de Londres que se congrega en torno a el Windmill Brixton, donde también son habituales Black Country, New Road o Black Midi. Con eso queda mucho dicho, Squid son una pata más del último sueño húmedo del punk experimental; un conjunto que opta por trabajar en los márgenes de su estilo, tratando de tender puentes con estilos como la electrónica o el minimalismo de Steve Reich. Podríamos entretenernos comentando ampliamente el devenir y lo interesante que puede resultar su escena, pero para ello deberíamos preparar un artículo de opinión… Y esto es una reseña del primer trabajo del quinteto: “Bright Green Field”.

Lo cierto es que el álbum no podría abrir de mejor manera que con el latido de samples de ‘Resolution Square’ y la violencia con la que rompe ‘G.S.K’. No cuesta demasiado acordarse de la confusión y el vértigo con el que abre ‘D.I. Go Pop’, esa especie de landmark extraterrestre en la historia del rock… Una referencia que, dado que es seguramente inconsciente, no vuelve a aparecer en el álbum. Este disco, como la mayoría de los de los grupos de cabecera de Speedy Wunderground, está marcado por una extraordinaria angustia narrativa. Y bueno, quién mejor que los propios Squid para explicártelo, sólo hay que escuchar ‘Narrator’. El primer single del LP es una lucha histérica de la subjetividad por narrarse su propia historia, mientras otra alteridad (una mujer) trata de emerger de esta obsesiva reiteración en la relevancia del ego. Esta exposición, que tiene cierto tono político (e incluso feminista) es una de las apuestas de “Bright Green Field”: una modulación literaria. Porque el debut de Squid es un disco con muchas referencias literarias, que hacen girar sus temáticas centrales: Cambio climático, pánico a la tensión política, desconfianza de los medios de comunicación, dudas o desquiciamiento con respecto a la subjetividad (como en ‘Narrator’)… El cocktail perfecto para el joven de cualquier ciudad.

 Con el debut de Black Midi especulábamos con la idea de que este heterogéneo sonido pero homogéneo ethos podía ser una nueva vía de identificación entre la generación Z y la música de guitarras. “For The First Time” y “Bright Green Field” confirman nuestras sospechas; la actitud salvaje, desquiciada y nerd de unos cuantos chavales que se reúnen en el sur de Londres son de hecho ya una escena simbólica, una medusa de varias cabezas con bastante horizontalidad… Lo que hace más patente las debilidades de cada una de ellas. ¿Cuáles son las de Squid? Sus referentes son demasiado obvios (Neu! O This Heat por ejemplo son dos que ellos mismos han admitido) y cuando ufanos reciben la catalogación de experimentales, sólo lo hacen por reproducir algunos movimientos ya manidos (drone, efectos mántricos de Cage). Pero por favor, dont panic! Si Squid reciben tal catalogación también es por el modo en el que incorporan sus influencias (literatura, virajes dentro de las mismas canciones), en el que desbordan las propias estructuras de los temas alargándolas inmensamente, evitan los estribillos… Hasta convertir su primer trabajo en una corriente de conciencia difusa.

A pesar de ello lo cierto es que la música de Squid tiene más de un punk agitado y desorganizado de lo que a primera escucha nos gustaría admitir. En canciones como ‘Boy Racers’ o ‘Phamplets’ resulta dificultoso no acordarse del abrazo al groove que han hecho Shame, sobre todo en la voz de Ollie Judge, que parece ir a sustituir a Charlie Steen. Pero, ¿acaso son Shame un mal grupo? En absoluto. El caso es que no se caracterizan por ser extraordinariamente transgresores en el aspecto sonoro, y cuando se nos quiere vender a un grupo como Squid como tal (ahí va el tonificador Warp) por incorporar cajas de ritmos en 2021 y añadir unos cuantos reverbs o momentos más contemplativos y cálidos, hay algo que nos chirría. Pero por favor no nos confundamos, Squid son, de hecho, una banda de punk brillante, que han lanzado un disco repleto de grandes, interesantes y expansivas influencias, la cuestión es: ¿Cuándo se dejarán arrastrar por ellas hasta dejar de reconocerse de manera tan manifiesta en su imagen? Por el momento este es un grandísimo debut.

Resumen de la crítica:

Nota:8

Pros

  • El tic nervioso que tienes al terminar
  • Los bleeps y cositas raras que suenan a veces, mezclados con los vientos

Contras

  • Realmente hay fases del disco en las que no se sabe si llevas 15 o 35 minutos escuchándolo

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