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Ty Segall – Freedom’s Goblin [Recomendación]

¿Se puede superar uno mismo cada año? Creo es el reto de cada uno de los mortales que sobrevivimos en este planeta. Ahora artísticamente es más difícil, puesto que no se entiende a un artista que intente cambiar lo establecido, que se salga del molde y que sea el diferente de la clase. Todo eso y más es Ty Segall. Hace tiempo que ya pasó esa etapa de eterna promesa para convertirse en una realidad, en uno de los nombres más destacados de la música de los últimos años. En poco más de 10 años ha sacado más de 20 álbumes con distintas formaciones y más de 30 singles y EPs. Y lo mejor de todo es que cada nuevo trabajo que presenta es más bueno que el anterior. Está claro que hay para todos los gustos, pero lo que hace el rubio es de carpintería fina.

El año pasado sacó su disco homónimo y, a decir verdad, ante el mainstream no hizo mucho ruido como otros de sus trabajos como “Manipulator“, su proyecto con Fuzz, o cuando dejó boquiabiertos a los que no lo conocían en el Primavera Sound y el famoso incidente con Manny. Pero a los que lo seguimos desde hace tiempo lo que hace este chaval ya no nos pilla desprevenidos aunque siga sorprendiéndonos. Incluso me atrevo a decir que su homónimo del año pasado tiene una de las mejores tres canciones de 2017 como esa obra maestra llamada ‘Warm Hands (Freedom Returned)’.

No subestiméis a Ty, que en superarse a sí mismo es lo más parecido a Messi, le pegas y vuelve mejor. Y algo así ha pasado con “Freedom’s Goblin“, décimo disco editado una vez más por Drag City -2ª recomendación del año de este sello en esta web, después de No Age-. Lo que caracteriza a este disco de Segall es justamente lo que indica su nombre, la libertad con la que ha sido compuesto el doble LP y rodeado de su “familia”, formada por sus músicos de confianza: Mikal Cronin (bajo y saxo), Charles Moothart (batería), Emmett Kelly (guitarra) y Ben Boye (piano), más la grandiosa conducción de Steve Albini otra vez. Y si en nuestros corazones era la reencarnación de Jay Reatard con Marc Bolan, ahora le podemos añadir a Robert Pollard entres sus influencias más cercanas. Es una máquina incansable de componer y buscar nuevos sonidos.

En “Freedom’s Goblin” se atreve con muchos palos que no había tocado con anterioridad, y consigue de nuevo una obra maestra a base de temas como ‘Fanny Dog’, uno de los mejores cortes del disco -y uno de los cinco adelantos- que nos vino dosificando el año pasado. Un tema con una fuerte presencia del saxo de Mikal, pero con más mala leche que The Punisher, un freestyle sabroso en cuanto a melodía, una especie de tigre de bengala domesticado que va rumbo a la sumisión. Después calma esa bestia desaforada con ‘Rain’, pero solo al inicio donde comienza íntimamente con una letra que enamora (I’m sick of the sunshine, I wish I could make it blue for you, Instead it blooms) para luego pasarse a la épica de forma majestuosa. El tercer adelanto es el cover de Hot Chocolate ‘Every 1’s a Winner’ donde coquetea con la música disco y el funk para tornarlo un groove con guiños más pesados, pero que te hace mover las caderas de igual manera, deteniendo el pogo de sus inicios por momentos para darle paso a la melodía. En ‘Despoiler of Cadaver’ llama a las puertas de uno de sus referentes como T-Rex y nos lleva a ese disco de versiones que hizo de Bolan, donde firmaba con sangre su admiración por los sonidos setenteros y con un coro femenino que lo sigue manteniendo en la cresta de la ola. El primer cuarto del disco acaba con ‘When Mommy Kills You’, una pieza made in Segall, que a sus viejos fans les resultará lo más parecido a lo que viene haciendo estos últimos años. Quizá con más coros pero con esa mala leche que heredó del malogrado Reatard.

‘My Lady’s on Fire’ es un pequeño guiño al country y el blues con una guitarra rebelde y aguda que marca el punteo rozando el power pop de manual, con un Cronin que se va creciendo en varios pasajes de la canción. Encontramos después ‘Alta’, de tufillo grunge y homenaje a la naturaleza, el piano que se hace presente para redondearla como una gema pop de este 2018, con un gran Ty cabalgando a hombros de su banda. ‘Meaning’ es otra de las grandes canciones que nos había anticipado, en la que colabora su pareja Denée Petracek, con la que hace un toma y daca de riffs y cowbell para meterse en el hardcore desordenado pero hermoso que tiene el caos. ‘Cry Cry Cry’ podría ser un homenaje al Beatle George Harrison; no nos descubre nada nuevo pero da un respiro al álbum siendo tan solo una balada marcada por esa dulce voz que emana de sus entrañas. La segunda parte del telón se baja con ‘Shoot You Up’, un versículo de fuzz con un poeta Segall con una voz más seductora y que recuerda al sonido de los grandes del blues pero con más garra.

Después del ecuador del disco quizás viene la parte más floja del mismo. ‘You Say All The Nice Things’ es un tema folk con el falsetto como emblema. Aquí vemos que esos coqueteos con la psicodelia de otras épocas están aparcados de momento dando paso al pop y las letras más positivas. Nada que ver con el Ty de los tiempos de “Slaughterhouse“. Pero, después de ‘The Last Waltz’ -un vals alegre de teclado vintage, los fans de lo que hace con Fuzz nos enamoramos con la mandanga setentera con tintes de Black Sabbath que es ‘She’: metalera por donde la cojas, con un Ty desgarrado y una guitarra on fire, seis minutos de orgasmo y una dinámica de parar y comenzar con el aullido de Segall que hace imposible no venirse arriba al escuchar el coro que únicamente reza ‘She said I was a bad boy‘. Maravillosa. ‘Prison’ también tiene fuzz auque sea un poco más relajada que su predecesora; su poco más de un minuto solo sirve para el saxo alocado que protagoniza ‘Talkin 3’, puro punk-jazz de la mano de Cronin, quien ha demostrado ser el mejor Robin del Batman californiano.

‘The Main Pretender’, otro de los temas glam que nos regala, arranca impulsada también por el saxo. La estridencia del instrumento de viento se calma con un coro dulce y caleidoscópico. ‘I’m Free’ es otro guiño a los cuatro de Liverpool con una letra que podría resumir la libertad que se ha tomado a la hora de componer este nuevo álbum de estudio: “Late at night when I’m all alone/ No distractions, nobody’s home/ I’m not the person you think I might be/ I’m someone different, I’m free“. ‘5 Ft. Tall’ es gargae popero fácil y entra como anillo al dedo, sonido noventero que hipnotiza y que no hace otra cosa que confirmar el gran momento de forma del rey de la Costa Oeste. El cierre viene en forma de homenaje, ya que ‘And, Goodnight’ son 12 minutos de improvisación con las seis cuerdas en la que, alrededor de los tres minutos, empieza a sonar la vieja conocida ‘Sleeper’, que Segall escribió originalmente para Denée una noche mientras dormitaba, pero sirvió como himno psych-folk de su disco del mismo nombre en el que trataba de explicar el alejamiento de su madre y la muerte de su padre adoptivo.

En conclusión, tenemos a un Segall honesto, libre y abierto con lo que quiere ser. Si eres uno de esos que tiene miedo a escuchar otras cosas o se siente amenazado con la vomitiva edición de álbumes de Ty, creo es el momento de arriesgarse y abrir tus oídos porque seguro no te defraudará, aquí no hay riesgo de fallo. Estamos ante la obra más completa del rey del riff desde el “Manipulator“. Un brillante colofón a todos estos años de verborrea compositiva, diez años de un músico que respeta más que nadie los clásicos, que se siente fiel a sus influencias y a esos grandes héroes musicales que él quiere llegar a alcanzar, pero con la desfachatez de la juventud y de un artista que tiene una capacidad de creación como pocos otros tienen. Aunque suene repetitivo, estamos ante el Ty más sincero, liberado, feliz y honesto que podamos escuchar. Disfrutemos a este genio.

Resumen de la crítica:

Nota8.4
Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
Beers, Burgers & Black Sabbath. Twitter: @sebastopol17

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