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Temples – Hot Motion | Crítica

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El concepto golosina psicodélica me lo acabo de inventar, pero me viene bien para hablar de Temples. Dulces, apetitosos incluso cuando ya no tienes hambre, a riesgo de empalagar, escuchas sin mirar. Y repites. Sin entrar todavía en envoltorios, conviene empezar primero por lo principal, es decir, por cómo la banda de Kettering entiende su música; qué les ha definido siempre. Eso ayudará a ver cómo han llegado hasta «Hot Motion», su tercer disco. Luego si eso entramos en las formas y texturas por las que siempre han destacado, en lo que sería el sidral peta zeta de su debut, el nubarrón rosa de «Volcano» y la clásica piruleta (que no ñoña) de éste último. En realidad, ninguna de las tres están hechas solo de psicodelia-pop (no quisierais saber de qué están elaborados los figurines de gelatina que os venden en los supers), pero en esencia hay cantidades industriales, un componente que saben aplicar con astucia, como buenos químicos de la música.

Temples, que ahora son tres (he leído que expulsaron a su batería por llegar tarde a los bolos), buscan crear en este disco una especie de clímax que no acaba de llegar. En el intento reluce una cualidad que es audible si te la dicen: se mantienen fieles a su registro habitual, solo que esta vez no hay rastro de sintetizadores. Tiene su mérito, especialmente si escuchas ‘Hot Motion‘ de primeras y te la cuelan (de hecho, se ve que originalmente la compusieron con sintes). El ropaje sonoro es distinto pero se percibe muy parecido al de «Volcano». En el fondo, es igual de esencialista, pero, con todo, más contenido, probablemente por su apuesta por la cuerdas. Sus distintas escalas de modulación hacen de liebre: prueban, experimentan, encuentran, pero no se salen del camino. Hay una idea prestablecida y la persiguen como galgos.

Parece mentira que esto pueda ser un aspecto negativo, cuando en realidad ni siquiera lo es. Pero una de las cosas que te hacía enganchar a Temples era su colorante sonoro, su serpenteo melódico y sus ideas descabelladas, que sorprendentemente siempre encontraban hueco. Abstractos en las letras como de costumbre (Tom llega a resumir que «se basan en el espíritu animal que hay en todos nosotros«), el oído se va a la superficie, a cómo la banda ensambla temas menos puntiagudos y maximalistas con guitarras y percusiones para hacerlas gominolas. ‘The Beam‘, con ese deje vocal en los estribillos tan Temples, es una. ‘Context‘, en la que también nos podrían colar sintetizadores, otra. El desfile militar de ‘The Howl‘, tampoco se queda corta. ‘It’s All Coming Out‘, sin ser tan evidente, está muy bien traída. Y ‘Step Down’, buscando el contrapunto ya al final, nos muestra hasta dónde puede llegar su ejercicio de modulación guitarrera. Poco tienen que ver las unas con las otras, sobre todo a nivel de recursos melódicos. Siendo francos, en este disco solo hay un tema en el que de verdad abren un camino interesante, y es a los setenta: ‘You’re Either On Something‘. Da el pego a su portada Queen II, aunque, dejando de lado asociaciones mercurianas, se insinúa como el posible giro que hicieron MGMT en su último y excelente álbum. Revivalismo bien entendido, sin lisonjas.

En «Hot Motion» hay transición, intención, pero no salto. Sin dejar de ser un álbum coherente y más centrado que su antecesor, no alza demasiado la voz, su genialidad melódica está ahí, pero es más comedida. No da volteretas y en parte es porque han dado nitidez a su registro filtrando instrumentos. Tranquilamente, podría haberse quedado en un chicle que explota de sabor al principio y acaba endureciéndose, secando bocas. Pero no es así. Dentro de su redefinición sigilosa y astuta del concepto neopsicodelia dulzona, «Hot Motion» conserva elasticidad hasta el final. Sin estridencias. Pegándose entre los dientes puntualmente. Y haciendo vía para un camino que después de todo no se vislumbra con mucha claridad. Mientras tanto, ración de gummies para todos, incluidos gruñones.

Resumen de la crítica:

6,96.9

Pros

  • Redefinición de su registro a partir de cuerdas (mi cabeza sigue descodificando chismes sintéticos)
  • Continuidad sonora pese a la variedad de guitarras

Contras

  • No queda muy claro hacia dónde avanzan, pero quieren avanzar
Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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