Crónica

[Crónica] AMFest 2017

Mes de octubre en Barcelona: clima caldeado en Catalunya con el tema político, banderas en los balcones y gente con caras de preocupación. Pero, por suerte, podemos desconectar y tenemos más temas de los que hablar, como el AMFest, que este año presentaba su cartel más ecléctico y variado hasta la fecha con propuestas más allá de lo instrumental: desde el stoner, pasando por la electrónica, el post hardcore y hasta el piano clásico. A continuación, nuestra crónica de lo vivido el fin de semana del 26 al 28 de octubre.

JUEVES

Abrimos la jornada de jueves con Degraey, que en sus primeros minutos de concierto hicieron un perfecto resumen de lo que es el AMFest: ruido blanco, entra guitarra suave, y distorsionazo que te crío. El post-metal de esta banda barcelonesa encuentra un buen equilibrio entre pasajes melódicos y momentos de dureza apuntalados por voces del inframundo que son puro doom, y se concreta en temas de duración media que aún tienen margen para desarrollar un punto progresivo. Defendieron con solvencia «Chrysalis», trabajo que autoeditaron el año pasado, y nos dejaron con ganas de seguir sabiendo de ellos. [Pau Ortiz]

El cartel de este año ha sido bastante más variopinto que el de ediciones anteriores, cosa que por una parte ha sido positiva -la diversidad mola, y todo seguía encajando perfectamente con la línea editorial de Aloud-, pero por otra parte la cuota de ese rock instrumental que tanto nos gusta se ha visto algo disminuida. Sleepmakeswaves son unos grandes representantes del género, y su paso por las tablas de la nueva 2 de Apolo fue muy de agradecer. En un repaso a sus «Love of Cartography» y el más reciente «Made of Breath Only», los australianos dieron un plus de fiereza a sus composiciones de estudio mostrando una coralidad exquisita. Cinco cuerdas de un bajo muy presente tomaban la voz cantante sobre dos guitarras bien complementadas y una batería frenética dentro de un tempo contenido, llevando al público a un movimiento corporal que alcanzó su momento de gloria en un cover del hitazo electrónico ‘Children’, de Robert Miles. La banda se vino tremendamente arriba con ‘Something Like Avalanches’, y, a modo de impecable clausura, pegó un frenazo en seco y dejó un punteo a dos guitarras como reconfortante besito de despedida. [Pau Ortiz]

Y, para el final, lo mejor. Los japoneses LITE son dueños de una técnica prodigiosa y casi quirúrgica, desplegando un math rock metódico pero con la suficiente vida propia para dejar boquiabierto a los que nos acercábamos con la curiosidad de un gato y que obteníamos un premio más que merecido. Línea de bajo muy fina y psicótica, al mejor estilo Dexter, acompañada por dos guitarras valientes y una batería que funciona a ritmo de metrónomo. El cuarteto de Tokyo no dejó títere con cabeza y se llevó tal ovación que agradecieron saliendo a tocar una canción más para el público, hambriento y con ganas de ruido. Un cierre épico para el primer día del AMFest que nos hacía presagiar que la edición más “ecléctica” del festival iba a dar mucho de que hablar. [Sebas Rosas]

VIERNES

Parafraseando a Pimp Flaco (para que veáis que aquí en Binaural somos gente informada), Marina Herlop es pico tres. El nuevo fichaje de Aloud tras su exquisito primer álbum «Nanook» podría parecer estar ubicado en las antípodas de lo que se espera en el AMFest, pero nada más lejos: esta cita no (solamente) tiene que ver con la sublimación emocional vía volumen, sino esencialmente a través de una conexión con melodías y sonidos que apelen directamente al sentimiento. Para ello, Herlop renuncia mayoritariamente a emplear palabras con significado (a fin de cuentas, recurrir a él en exceso resultaría una banalidad), y construye un discurso sonoro ininterrumpido -gran acierto de cara al directo- acompañada únicamente por su piano. Las referencias a Debussy y Ravel son claras, pero su línea editorial tampoco dista de las de artistas contemporáneos como Sigur Rós o Agnes Obel. Regalazo para los que cumplimos a primera hora. [Pau Ortiz]

Los suecos pg.lost eran una de las bandas que más curiosidad tenía de ver. No los conocía de nada y un amigo me los recomendó, y al ponerme sus discos me llevé una grata sorpresa. La energía que ponen en su directo se veía plasmado en lo escuchado en su último LP “Versus”, incluso bajándose al público a darlo todo, como Puyol en los Barça-Madrid. Rocosos y con dejes a Russian Circles y Caspian, lo de estos chavales es para enmarcar. Si bien llego más tarde que Rajoy al diálogo, ya que es su cuarto disco, se agradece a un festi como este que los pueda traer a nuestro país porque la calidad melódica fue de lagrimilla. [Sebas Rosas]

Después de tamaña exhibición venía lo gordo – al menos para mí – salían al ruedo mis queridos Truckfighters, también suecos, pero de diferente estilo: los que ya los conocemos sabemos que parecen más de la soleada California por su desert rock progresivo que de la fría Örebro. Con algunos problemas técnicos de sonido el concierto empezó con unos minutos de retraso pero bien valió la pena. El comienzo con ‘Mind Control’ hizo que me agolpara hacia las primeras filas para nunca más salir, sonaron temas de su último disco “V” como ‘The 1’ y clásicos ‘In Search of (The)’, ‘Monte Gargano’ o la mítica ya ‘Desert Cruiser’ con un Dango que a pecho descubierto se entrega a más no poder y electriza con su fuzz a todo el personal. Aún así no fue su mejor concierto para los que ya los hemos visto pero es innegable la carga de energía que despliegan en cada directo. Muestra de ello fue que un día después naciera Cora, la hija de unos buenos amigos; su madre valientemente se acercó a La[2] con barriga de 9 meses para incentivar a su pequeña el buen gusto musical siguiendo la consigna de la gente del sello que forma parte del festival: “Leave the Kids Aloud”. [Sebas Rosas]

Después de la tormenta muchos pedían calma. Pero el AMFest nunca ha sido lugar para cobardes, así que después de una merecida hidratación con cebada y secarnos un poco la camiseta sudada de tanto pogo y crowdsurfing llegaba la hora para And So I Watch You From Afar, que ya sabían lo que era tocar en el festival por haber estado hace un par de años. Los de Belfast demostraron de nuevo que tienen un sonido demoledor y violento a partes iguales. Oscuros a ratos pero siempre manteniendo un nivel exquisito, tocaron la mayor parte de los temas de su último disco “The Endless Shimmering”. Majestuosos. [Sebas Rosas]

La jornada cerraba de forma accidentada con los muy buenos Playback Maracas; decimos accidentada ya que su actuación se vio recortada por la programación electrónica de la Sala Apolo. Una bajona para los que estábamos bailando al son de este barcelonés capaz de experimentar todo lo que se les tire y lo hacen de manera brillante. Se autocatalogan como una banda de rock-disco-latina-house-french touch-electrónica, pero a nosotros nos gusta más llamarles asesinos en serie de la pista de baile. A pesar de su corto setlist tuvieron tiempo para animar al más muerto y lo dieron todo. Un aplauso para Álex Pérez y Eloi Martínez. [Sebas Rosas]

SÁBADO

Arrastrando aún las duras consecuencias de que el AMFest coincidiera con la inauguración oficial del nuevo Nitsa/Astin de Apolo, acudimos a conocer a BLAK, nueva referencia post-rockera de por aquí, y quedamos tremendamente satisfechos. Con una formación a la Explosions in the Sky, sus tres guitarras daban mucho juego tanto a la hora de establecer diferentes capas musicales como para atacar al unísono. Era, sin embargo, en los momentos en los que cada voz instrumental construía una parte melódica distintiva para contribuir a un sonido final lleno y muy cuidado, cuando los de Roda de Ter alcanzaban el cénit. Su «Between darkness and light» está cargado de potencia y melodías evocadoras, y ambas cualidades se vieron aún incrementadas en este impecable directo. [Pau Ortiz]

Seguimos con The Last 3 Lines, de quienes bien podríamos decir que jugaban en casa, vista su larga trayectoria de la mano del sello organizador. «Portals», su último álbum, da buena muestra de su rock a ratos épico, a ratos psicodélico, a ratos melancólico, y los de Barcelona lo trasladaron al escenario con la intensidad requerida. Tomó protagonismo al inicio la solemnidad de sus tres voces en una primera fase más reflexiva, pero a medida que avanzó el concierto subió el tempo y la cosa se volvió una fiesta. Batería y teclista intercambiaban bromas mientras el segundo usurpaba funciones al primero, el bajista daba rienda suelta a un juego de pies digno de Mick Jagger… Era evidente que los que estaban sobre las tablas de la[2] disfrutaban de hacer música, y con ese espíritu era imposible que nosotros no disfrutásemos con ellos. [Pau Ortiz]

Es un gustazo que les vaya bien a bandas como Mourn. Pese a no inventar nada nuevo, su rock alternativo con tintes de punk entra que da gusto, y sus cuatro integrantes tienen la misma garra y aún más juventud de la que tenían sus ídolos cuando iniciaron bandas como The Ramones, Nirvana o The Replacements (los últimos se llevaron un guiño en forma de cover de ‘Color Me Impressed’). Como decía aquella canción de Pony Bravo, tienen la pose, el carisma, el estilo… Y también un repertorio sólido con perlas como ‘Otitis’ y ‘Your Brain Is Made of Candy’. Ofrecieron también una muy prometedora muestra de material nuevo que tienen en la recámara, así que esperamos con ganas su próximo LP. [Pau Ortiz]

Había mucho hype con ver a My Vitriol, quienes retornaban a los escenarios después de haberlo dejado por un tiempo con su reputado disco “Finelines”. En directo sonaron a una suerte de Placebo más shoegazer y eso provocó que el concierto fuera por momentos plano para la audiencia, que parecía estás más a otra cosa que viéndoles tocar. El homenaje a Nirvana fue lo que quizá salvó los muebles de una presentación que apuntaba alto pero se fue diluyendo poco a poco. Una lástima. [Sebas Rosas]

Tras el concierto anterior menos mal que venía un plato fuerte para sacarnos de la bajona: los encargados de hacerlo fueron los catalanes The Wax, que son capaces de robarte el corazón en dos minutos por la potencia que imprimen a sus directos. Los temas de su primer disco “Don’t Belong” ya se escuchan tarareados por la cofradía de fans – entre los que me incluyo – que comenzamos a asistir a sus conciertos de manera habitual y los moshpit y crowdsurfing de rigor lograron una comunión alucinante entre público y grupo. De Narvacles para el mundo, que aquí hay calidad para rato. [Sebas Rosas]

Tres preguntas para The Suicide of Western Culture: ¿Qué era esa especie de icono religioso sobrepuesto en un mandala giratorio luminescente?¿De dónde lo habéis sacado?¿Nos dais uno? Sea como fuere, esta lisérgica imagen ilustra perfectamente la música de este dúo de post-rock electrónico cargado a partes iguales de drones y psicodelia. En su clausura apoteósica del AMFest nos deleitaron con lo que cualquier crítico informado calificaría de ruidaco del bueno con su arsenal de samples y una voz distorsionada hasta los límites de lo posible. Rave política al borde del precipicio del fin del mundo que nos deja con energía como para aguantar un año entero hasta la próxima edición. Que este festival no se acabe nunca. [Pau Ortiz]

Fotografías: Sergi Vila, AmFest
Texto: Sebastián Rosas, Pau Ortiz

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