Crónica

[Crónica] AMFest 2018

cronica amfest 2018

El AMFest es un festival cercano, hecho con cariño y el sudor y esfuerzo de gente comprometida con un proyecto en el que creen, gente que ama la música, gente como tú. Por eso le tenemos tanto cariño en esta casa: cuando ves que este tipo de proyectos crece te contagias de su satisfacción. Y este año el festival, que ya va por su séptima edición, había decidido trasladarse a la Fabra i Coats de Barcelona los días 12, 13 y 14 de octubre con un cartel que representaba a la perfección el salto de calidad que la organización quiere dar. Porque los que no arriesgan, no ganan.

Viernes

Comenzamos a celebrar el día de la (no) hispanidad con los beats experimentales de Linalab, el nombre artístico tras el que se esconde Lina Bautista, una joven nacida en Bogotá y establecida en Barcelona desde el año 2009, que manufactura sonidos densos y electrónicos combinados con pop y algo de noise, tal y como se puede escuchar en su EP más reciente “Still Alive” (2018). Capas sonoras donde entremezcla grabaciones con guitarras y voces abriendo un nuevo agujero temporal que nos invita a adentrarnos en su mágico mundo. Tras ella, era el turno de Soup, la banda noruega que fue formada por el compositor y teclista Erlend Viken y lleva más de 10 años girando por salas, nos demostró con un sonido muy limpio esa mezcla de rock progresivo a lo Porcupine Tree marinado con tintes poperos que nos recuerdan a The Postal Service, Muse o Broken Social Scene. Se hizo el silencio entre el respetable mientras la música que emanaba del quinteto nos envolvía con ese estilo caprichoso de guitarras que se debaten entre el shoegaze y un ambiente denso maquillado de manera ejemplar con el teclado electrónico para crear en el entorno una niebla mágica y turbia.

Desde Euskadi llegaba Amsia, quien fabrica sonidos según lo que le dicta la serotonina que produce su cerebro. Secuenciadores, tocadiscos y su freestyle hicieron que los que no huían del calor que se respiraba en la fábrica acudieran a las barras para hidratarse y presenciar una performance no menos curiosa e interesante. De la experimental propuesta del vasco, pasamos a la potente puesta en escena de los catalanes Thermic Boogie. Viejos conocidos de la casa y atronadores como siempre, el dúo formado por los buenazos de Albert Martínez-López (guitarra) y Baptiste Gautier-Lorenzo (batería) hizo saltar los limitadores de decibelios con los temas de su disco “Vastness and Matter” esculpidos a fuego en un frenesí de redobles y una distorsión demencial que haría arrodillar a Khal Drogo.

El AMFest es los para amantes del ruido por antonomasia y le tocaba el turno a Amenra, plato fuerte de la noche como se empezaba a notar por la cantidad de camisetas negras entre el público. Como cuervos negros iban volando para pillar los mejores sitios entre las frías y sólidas columnas de la Fabra i Coats para hacer de Sant Andreu la sede barcelonesa de la Church of Ra. Pocas veces se ha visto una rabia y una furia tan desbocada como los de estos jinetes belgas del Apocalipsis, la rapidez con la que van de la intimidad a la exaltación es digna de estudio. Su vocalista y pope Colin H. van Eeckhout marca el ritmo, de espaldas al público con su cruz invertida que le cubre toda la espalda, mientras todos sus fieles se mueven al ritmo del headbanging. Una apisonadora escalofriante que, como cualquier otra iglesia, tiene por misión brindar un sentido de comunidad a los creyentes. Post-metal y screamo sustituyeron pan y vino con unos visuales en papel de Biblia. Amenra ofrecieron en Barcelona una expresión musical y artística que va más allá de un concierto de rock, su música puede ser a la vez oscura y acogedora, cantos guturales desgarradores se entremezclan con riffs de lava que aprietan el estómago. Nos dieron un rapapolvo magistral en forma de embestida que ni el huracán Leslie y nos evagelizaron en su iglesia del abismo.

Y en la palabra del señor buscamos la explicación del siguiente cambio, ya que como dice Génesis 1:2 –”Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” . De Amenra pasamos al lo-fi hip hop de Eevee, la productora y DJ, que acarició nuestros malogrados oídos tras el paso del tornado del escenario principal. Los beats de sus temas condensados en los álbumes “Unexpected” y “Seeds”, que combina visualmente con una estética manga, nos hicieron mover el bullate en un ambiente más chill out.

Una guitarra tocada a ratos y de forma tan filtrada que apenas resultaba perceptible era todo a lo que se podían aferrar los puristas presentes. El espíritu de 65daysofstatic es puro math rock, pero su forma ha ido quitando peso al rock a lo largo de los años y dándoselo todo a las math. Tras su algorítmica banda sonora para el videojuego ‘No Man’s Sky’, los de Sheffield se han embarcado en su proyecto más radical: “Decomposition Theory”. Electrónica dura, cajas de ritmos, sintes analógicos y live coding. Un viaje de marcado componente improvisado, fluyendo entre atmósferas silenciosas y meditativas, beats expansivos de esos que masajean el cuerpo entero, concesiones más melódicas que recordaban al Harry Gregson-Williams de ‘Metal Gear Solid’ y momentos extremos de velocidad rítmica, variedad de percusión y glitches a cascoporro. En las visuales, fotos de cotidianidad artística en blanco y negro se combinaban, en función de los sonidos, con formas abstractas de colores puros o la secuenciación por escrito de los samples que se programaban en directo. En definitiva, un diálogo por contraposición entre lo real y palpable y el mundo digital. Que buena parte del público hubiera preferido otra cosa se hizo evidente, pero apostar fuera de lo seguro ofreciendo variedad con criterio es lo que le da entidad a un festival como este.

Después del momento más “electrónico” de la noche, venía el turno de los Mutiny on the Bounty y su math rock desde Luxemburgo nos devolvieron la adrenalina al cuerpo ya que además de esas líneas punzantes de calculadora, agregan elementos que van desde rock más tradicional hasta electro y influencias más variadas, como el pop de los 80 o incluso el hip-hop. Una buena catarata de emociones por la que nos llevaron los del reino, sobre todo la parte en la que dedicaron un tema al recientemente fallecido guitarra de Cleft. A veces tienen reminiscencias a Explosions in the Sky pero con laguna sombra más batallera que demuestra que a destreza rítmica del grupo es un must en cualquier pista de baile.

Playback Maracas son la clase de grupo que debería tocar todos los años en todos los festivales. Los hemos disfrutado en una gran variedad de ambientes y siempre nos lo hemos pasado como la primera vez. El porqué se hace evidente al minuto de verlos sobre el escenario: su cachonda mezcla de estilos y su actitud desenfadada van de la mano de una calidad musical incontestable, con un olfato finísimo para el temazo y una polivalencia interpretativa que ya querrían muchos. Tras cagarse en el personaje de ficción favorito de Homer Simpson y en nuestro no electo jefe de estado (no reproducimos textualmente, no vaya a ser que nos chapen la web) en esta efeméride del 12 de octubre, el dúo de Mataró -que se convierte en trío cuando sale a jugar Julián el del saxo- deleitó al público que aguantaba hasta el cierre de la jornada con joyas como ‘Cabesa’, ‘Welcome Latino Alien’ o un cover de ‘Nightcall’. Bailar, bailar y bailar como si se acabara el mundo.

Sábado

El segundo día comenzaba (después de dos gelocatiles) con Owen, el proyecto personal de Mike Kinsella (American Football, Joan of Arc, Owls, etc). El ídolo del imperio emo aterrizaba con su guitarra acústica para hablarnos de problemas y decepciones de la madurez. Uniformado con camisa de cuadros y vans, Kinsella es uno de los nuestros, y nos habló de tú a tú a través de sus temas intimistas de pop-folk acústico que tratan de temas reales de esos cuarenta y pico, y muchos vicios dejados atrás en el pasado. Momento perfecto para degustar la excelente happy hour que ofrecía el festival, pero así como Owen, nosotros también nos hacemos mayores y cambiamos el licor de ciervo por el licor café. Tras él, la cosa cambiaba radicalmente con el proyecto iou3R, el trío del Maresme y su muy buen mix de noise, ambient, y spacerock nos convertían lentamente en protagonistas de un vídeo de Fatboy Slim. Los australianos Caligula’s Horse y su estética ochentera pusieron en combate a los muchos asistentes de la segunda jornada del festival que ya colgaba su cartel de sold out. Con cuatro discos a sus espaldas ofrecieron una digna actuación a la altura de lo que apuntaba el día.

Otra propuesta ecléctica era la de Jaime L. Pantaleón, quien hizo que nos doliera un poco menos el perdernos a John Carpenter en Sitges. Su propuesta se adentra en la electrónica experimental más oscura de herencia germana con toques kraut y bebiendo de referentes industriales armonizada por un sintetizador que te atrapa desde sus inicios, sumergida en acero sonoro que te pincha con agujas bajo las uñas. Una propuesta que pide a gritos un salto adelante y el reconocimiento de un personaje clave en la escena underground  barcelonesa. A Storm of Light nos dieron una buena dosis de doom combinado con post-metal, mejor que el trolleo del Youtuber Wismichu al festival de Sitges; los newyorkinos vinieron a presentar su último trabajo “Anthroscene” con canciones abruptas de composición extraordinariamente elegante que muestra un gran paso adelante para la banda. Sus canciones apocalípticas de larga duración como ‘Blackout’ o Prime Time’ parecen más cerca de una fantasía distópica que de un mundo real.

A Storm of Light fueron los ‘teloneros’ perfectos para una de las bandas más esperadas del festival, los japoneses Mono. Los grandes cabezas de esta edición hicieron exactamente lo que se esperaba de ellos: arrollar con solemnidad. Abrieron con ‘After You Comes the Flood’, por el momento único adelanto publicado de su próximo LP, ‘Nowhere Now Here’, y también perfecta síntesis de la lógica de MONO, que es la búsqueda de la catarsis mediante la repetición, el añadido de capas y el crescendo imparable. En directo, el rango dinámico no hacía sino multiplicar por mil la fuerza del estudio, con la banda pasando del más sutil punteo a la mayor de las épicas en largos recorridos de impecable coordinación. El directo alternó con criterio cortes bien conocidos como ‘Death in Rebirth’ con material aún no publicado, entre el cual destacó ‘Breathe’, contemplativa pieza en la que la bajista y frontwoman Tamaki Kunishi se ha puesto a cantar por primera vez. Todo esto se desarrolló ante la absoluta reverencia del público, que vio como se llegaba al zénit de belleza con el cello de ‘Halcyon (Beautiful Days)’ y al de sobrecogimiento con el cierre de casi 15 minutos de ‘Ashes in the Snow’.

Tiempo perfecto para ir a los foodtrucks del metal, hidratarse y volver para disfrutar de los sonidos en clave game boy de Ralp, el barcelonés Raül Peix que manufactura música sci-fi llena de sintetizadores. Un jefe del DIY del futuro con una atmósfera robótica con patrones y secuencias que convergen lo analógico con lo electrónico, apuesta acertada del festival para abrir nuestros oídos hacia otros parajes.

Y tras él, transitamos otros parajes más sensibles y espiritistas, los que tocan los alemanes My Sleeping Karma -una de las deudas pendientes que tenían los del norte de Baviera, que habían cancelado hace dos años su actuación en este evento por enfermedad a dos días del mismo. La combinación de psicodelia, stoner y space de los gigantes teutones se hizo presente en el recinto e hicieron inútiles los intentos de apañar el calor por parte de la organización, pero a quién le importa, esto es rock n’ roll y aquí se viene a sudar. Repetidos gritos de “MauFest” nos hicieron dudar si el bajista del grupo iba en peor estado que nosotros, pero somos viejos lobos de mar y pudimos confirmar que era así por una apuesta personal de uno de los integrantes de la organización por traerlos. My Sleeping Karma son el ejemplo perfecto de las máquinas de reciclaje de riffs. Remarcable lo de su guitarra Seppi, que con una presencia más que intimidante, toca las seis cuerdas como si sus manos no fuesen del tamaño de la cabeza de un rottweiler. Deuda saldada.

Acabado su trabajo, estaba todo listo para otro de los grandes momentos de la noche. Los madrileños Toundra venían a presentar por primera vez su nuevo disco “Vortex”. Suena Pink Floyd. ‘Breathe’. Empalma con ‘On The Run’ y sube el cuarteto al escenario. Directos al trapo, lo cortan con ‘Cobra’, segundo tema de su flamante ‘Vortex’. Las intros, para los discos. A partir de ahí y con este LP como protagonista, 75 minutos en crudo del que es, afirmamos sin duda, el mejor grupo español del momento. Lo podríamos decir por su carrera, de fondo y con constancia, en la que han inventado nuevos universos sonoros en cada álbum ¡manteniendo vigente su personalidad. Pero lo confirmamos por lo que vimos sobre las tablas: cuando perfección técnica, compenetración entre miembros y comunión con la audiencia se recogen en el rostro pletórico de unos músicos que lo están petando y lo saben, difícilmente el asistente no terminará con la sensación de que aquello que acaba de vivir es algo muy, muy grande. La única pega, que con gusto hubiéramos alargado una hora más para poder recuperar aún más temas de esos anteriores discos que tampoco nos cansaremos nunca de escuchar. Nos vemos en la BARTS.

¿Cómo explicaríais Za! a alguien que no los conoce de nada? Durante su concierto, no podía evitar pensar con fascinación en los ojos saliéndose de sus órbitas y las mandíbulas dislocadas de todos aquellos asistentes internacionales que se enfrentaban por primera vez a este huracán de locura. Y es que por mucho que nos obsequien bastante con su presencia por estos lares, no hay dos conciertos de Za! iguales, y, en este caso, adaptaron su propuesta al contexto, la radicalizaron y le dieron tantas vueltas como quisieron. ¿Y eso qué significa? Pues que, fuera de las referencias justas a sus temas de estudio, como ‘Badulake’ y su mítico excurso por el himno del PP –no me preguntéis si se acercaron mucho a su más reciente ‘Pachinko Plex’ porque todavía no he tenido el valor de ponérmelo en casa-, se marcaron momentazos como un rap para pitorrearse sobre la presunta ausencia de partes vocales en la línea editorial del festival, y terminaron con una cover de ‘La rave de Dios’ de Pony Bravo. Desde la organización comentan la posibilidad de que se conviertan en los Shellac del AMFest. Más les vale que vaya en serio.

Domingo

Día 3 D.C. La fiesta va haciendo mella en nosotros, tanto así que uno de los redactores ha despertado en la UCI, pero no hay lugar para cobardes. Desayunamos un bocata de tortilla francesa con queso y nos dirigimos con paso firme hacia el día más “tranquilo” del festival. Nos perdimos a Lisa Morgenstern y nos da una rabia tremenda pero había que llegar de pie, pero fuimos recibidos con 1906 fresquita y unos Giardini di Miro en mejor estado que James Rhodes en Twitter. Los italianos llevaron el post rock a un nuevo nivel, con violines y vientos que dejaron a todos los valientes boquiabiertos. Con un sonido único, reúnen todo lo debe contener un grupo instrumental: guitarras reverberadas, voces tenues y línea de bajo brillante. Un estallido estruendoso que atrae como dos polos opuestos, Explosions in the Sky europeos, con lentos estallidos que van in crescendo como parte de su adn musical. Luego de la ejecución magistral de los veteranos, se abría paso a la juventud y una de las artistas que había creado más expectación del AMF18, con gente esperando cerca del escenario 2 mientras la maja Emma Ruth Rundle firmaba discos, a la vez que afinaba su guitarra. La integrante de Red Sparowes y Marriages venía a presentar su magnífico último trabajo “On Dark Horses” con el que toca la fibra en cada acorde y rima que sale de su boca, una voz desgarradora que pudimos sentir directa a las venas con temas como ‘Dead Set Eyes’, ‘Darkhorse’ o ‘Fever Dreams’. Es una de esas artistas capaces de hacer música exquisita y sorprendente en una multitud de estilos. En este show nos regaló baladas con un punto oscuro y pesado que nos maravilló con ciertos pasajes de silencio emotivo y empoderador que lleva al máximo poder de ejecución tanto desde lo lírico y lo instrumental.

Y el cierre no podía ser más espectacular con The Notwist que dieron un show de 10. Si lo de Amenra había sido el punto alto hasta la fecha, lo de los alemanes no se quedó atrás, un espectáculode luces que nos elevó a una dimensión desconocida contectando con un público que no entendía de cansancio y se animaba a bailar los grandes hits de su amplia trayectoria, repasando de pe a pa singles como ‘Pilot’, ‘Pick Up The Phone’, ‘Consequence’ y ‘One with the freaks’ entre otros. Markus Acher ejerció de Guardiola, pero cada músico representa ese espíritu de club amateur que nos encanta para salir a tocar como verdaderos profesionales disputándose la final de la Champions. Una interesante confluencia de una guitarra que se superpone con varios escraches metálicos. Un grupo que maneja los tiempos como quiere, entrando y saliendo de las canciones tal y como están grabadas en el estudio, mezclándose con lo inexplorado y zigzageando encima y debajo de las texturas. Como esnifar el café a primera hora de la mañana, el concierto de los bávaros fue un ejercicio para abrirnos los poros a base de beats electrónicos, ondas pulsantes y una mezcla de instrumentos orgánicos que siguen la batuta que representa la serenidad de la voz de su líder.

Brutal séptima edición del AMFest: un salto de calidad enorme, tanto con el cambio de recinto como a nivel sonoro y visual de los artistas invitados a esta edición. Ojalá sea un comienzo de aventuras por estas latitudes que nos puedan seguir regalando noches épicas en el incipiente otoño mediterráneo. Felicidades al equipo, ovación cerrada y de pie.

Texto | Pau Ortiz, Sebastián Rosas
Fotografías | Montse Galeano

Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
Beers, Burgers & Black Sabbath. Twitter: @sebastopol17

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