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[Crónica] Beach House en Barcelona (Razzmatazz, 28 de septiembre de 2018)

Gloriosos pero sin tocar el cielo. Beach House ilusionaron al público sin ofrecer su mejor versión.

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Cuando rozas la perfección en directo tantas veces, el día en que te quedas a un palmo, a dos, o a diez de ella, se nota el doble, e incluso el triple. Aunque tengas la capacidad inherente de emocionar, y de seguir ilusionando, a pesar de que tu último disco cambie sutilmente de discurso después de doce años, como es el caso de Beach House. Abordar e integrar un álbum tan enigmático e impar como es  “7” en directo, nunca va a suponer un problema para ellos, como bien han demostrado sobre el escenario de la sala Razzmatazz de Barcelona, que estaría en su 80% de aforo. En todo caso, si algo puede hacer peligrarlo es que el sonido se vuelva permeable y que te quedes a las puertas de entrar en su burbuja epatante. Esta noche no he escuchado su mejor versión en directo, pero la ilusión ha estado hasta el final.

Ha sido una buena noche de dream pop.  Nos lo podrán contar Sound of Ceres, el grupo telonero que ha hecho honor al género con un directo abordado desde la oscuridad, pero con proyecciones 3D y juegos de luces. Al fin y al cabo, les ha servido para reforzar su propuesta pop, que a ratos era ensoñadora y desdibujada, y a otros, colorista como un cartucho de Chvrches. Poco distinguible ha sonado la voz de Karen, pero me da a que no ha afectado a la hora de preparar el terreno. Porque cuando Beach House han pisado el escenario, el público (de todas las edades) ya les esperaba con ansia. Y como siempre, en su primera incursión imponen muchísimo. La entrada con ‘Levitation‘ se ha hecho valer en volumen (en ambos sentidos) a mitad de tema para  alcanzar hasta el que estaba en la barra pidiendo para traer birras a dos manos. ‘Wild‘ le ha seguido a la carrera y ‘PPP‘ (¿la mejor de la noche?) ha acariciado un clímax emocionante. La voz de Victoria se eternizaba. Otra vez.

Entonces, a partir del cuarto tema en adelante, me he acordado de que en directo sus canciones pueden crecer, de la misma manera que pueden contraerse. Por poner dos ejemplos, ‘Dark Spring‘ ganaba carácter con un fogoso Barone en la batería reforzando el compás, mientras que ‘Beyond Love‘ perdía profundidad por quedar su teclado principal en un segundo plano. El sonido es un factor todavía más determinante en un grupo como Beach House y, si  no está del todo fino, ya sea por A o por B, se nota, especialmente en el fluir. Obviando algunos problemas técnicos y un setlist imprevisible (colaron una inhóspita ‘The Traveller‘), hubo momentos en el segundo tramo del concierto en el que costó entrar de lleno. Aunque no sería por las canciones de su nuevo álbum que, en general, convivieron y funcionaron bien. ‘Drunk in LA‘ encajó como la última pieza del puzzle, a ‘Lemon Glow‘ el público la quiso mucho y ‘Black Car‘ hubiera sido delicioso escucharla en silencio.

Quedó más claro todavía que los de Baltimore son un grupo de pocas palabras, aunque muestras de agradecimiento no faltaron y nunca les faltarán. ‘Take Care‘, ‘Myth’, ‘Lazuli’ o ‘Real Love’ (a la que pocos esperaban en el bis) avivaron la llama. Llama que, por otra parte, no se hubiera apagado ni en la sala con peor acústica. No nos han dejado con su mejor versión, y aún así ha sido ilusionante.

Texto | Màrius Riba
Fotografías | Kevin Zammit

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

1 comentario

  • “Gloriosos, pero sin tocar el cielo”; es exactamente lo que me ha parecido. Pensé que era solo una apreciación antojadiza y subjetiva, producto de las altas expectativas de la primera vez que ves en vivo a una banda que te gusta tanto. La ilusión se mantiene, igualmente. Gracias por la nota!

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