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[Crónica] Big Thief en Barcelona (La 2 de Apolo, 20 de febrero de 2020)

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Agradezco el hecho de notar que en Big Thief nos va mucho el reto de transformar nuestros temas al interpretarlos en vivo. Improvisamos solos, cambiamos secciones de las canciones… No experimentando al 100%, pero sí concretando algunos cambios importantes. Si algo no se siente fresco en nuestro setlist, no lo tocamos. Así de sencillo lo vemos. Aunque sean singles, da igual. Solo tocamos canciones que nos inspiran en el momento. Estar inspirados es nuestro trabajo. Siempre hay alguna manera de sentirse inspirado” es lo que nos contestó Buck Meek, guitarrista de Big Thief, al preguntarle el pasado mes de noviembre sobre aquello que podíamos llegar a esperar de un directo de su grupo. No le faltaba razón al papá de “a-sides” y “b-sides””: los shows del cuarteto son como una suerte de ensayo gestado con público. Como un A/B Testing o banco de pruebas que esta prolífica formación emplea para dar rienda suelta a su siempre bulliciosa creatividad. Otros (muchos) grupos plantean sus directos por y para su audiencia. Con Big Thief sucede algo diferente: pese a tener a sus fans en mente, estos mozos abogan por crear una experiencia única por show en la que la inquietud compositiva del conjunto prima por encima de todos los otros factores de la ecuación.

La gracia del trabajo escénico de estos chicos pasa precisamente por asimilar, y aceptar sin aspavientos, las impurezas de sus directos. Lo de La 2 de Apolo no fue para nada una excepción: su actuación en todo momento se percibió con tal nivel de crudeza que a momentos uno pudo llegar a quedarse con cierto regustillo acre en el paladar. Esa es la ficha que los de Brooklyn saben jugar con tanto acierto: la de enfilar un experimento tan descarnado y expuesto a la vulnerabilidad (AKA error) que su inaudita condición lleve a generar una curiosa sensación de confusión en el espectador. “¿Estoy presenciando una actuación involuntariamente quebrantada?¿O en cambio estaré degustando el “plato estrella” de este incombustible cuarteto en su punto perfecto de cocción?” – debió preguntarse más de uno el pasado jueves en La 2 de Apolo.

Es en este punto que uno debe afirmar algo evidente: resulta tremendamente gratificante ser fan de un grupo como Big Thief en los tiempos que corren. Por un lado el conjunto tiende a optar por la experimentación una y otra vez encima del escenario. Buscándose constantemente con la mirada, Adrianne, Max, Buck y James juegan a carburar sus mecanismos compositivos tirando del noble arte de “prueba y error” al interpretar nuevos temas en vivo. Como muestra, un botón: el arranque se gestó con la doble interpretación de dos cortes nuevos (uno presuntamente titulado ‘Two Rivers’) que sirvió para marcar las bases estructurales de la velada.  

Otro capítulo aparte merece también esa grácil forma que tiene el grupo a la hora de remodelar, y retorcer, algunas de sus conocidas canciones. Todo iba vehiculado por el simple capricho del momento: mientras que en ‘Contact’ Lenker optó por recortar el cochambroso tramo final, con ‘Shark Smile’ se apostó por empastar tanto una ácida “intro” instrumental como un sentido de la cadencia mucho más acelerado del hilado en su versión de estudio. Ya en ‘Paul’, los estadounidenses decidieron hacer algunos retoques a la tez de la canción en forma de sutiles arreglos concretados tanto a la guitarra (eléctrica esencialmente) como al bajo. Y con ‘Masterpiece’ Meek añadió una suerte de escueto bridge un tanto “roots” que le dio un aire algo más rústico al primer gran single de Big Thief.

Pese a que el material más flamante es faro y vigía en sus directos, en La 2 también pudimos escuchar alguna que otra polvorienta pieza rescatada del siempre llamativo baúl de los recuerdos. Una delicada ‘Terminal Paradise’ oficiada por Lenker en solitario puso la nota más delicada de la velada. Como gratísimo recuerdo, también nos llevamos para la saca la casi exclusiva interpretación de ‘Spud Infinity’, una sarcástica e inocentona rareza añeja que la frontwoman de la formación compuso tiempo atrás. “When I say celestial, I say extraterrestrial” – cantaba sentidamente la introvertida líder del grupo en un verso que bien podría haber servido como mini prólogo del aclamado corazón temático de “U.F.O.F”.

Antes de encarar el tramo final de la función, algún tipo de disonancia instrumental (¿o será problema de afinación?), obligaron a Lenker a interrumpir la interpretación de ‘Cattails’ en un total de tres ocasiones. Eso no nos molestó en absoluto. Al contrario: a su manera ese fallo en el sistema fue el detallito que puso la guinda a una actuación de hora y media duración en la que, quizás más que nunca, sentimos que lo impoluto podía llegar a brillar más que lo debidamente lijado. “¿Quién necesita escuadras cuando la única herramienta necesaria de medición es la fuerza de nuestras viscerales intenciones?” – debió preguntarse Adrianne Lenker en sus primeros directos. “Thumbs up” siempre a tus convicciones, ídola.

Fotografías: Kevin Zammit
Texto: Pablo Porcar

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

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