Crónica

[Crónica] BIME 2016

Desde 2013, cuando nació el Bizkaia International Music Experience (BIME) de la mano de Last Tour, no pensamos en octubre como el mes de Halloween sino como el mes del BIME: “el mejor festival de otoño en el sur de Europa”. Lo primero que se da cuenta uno tras llevar varios años acudiendo al BIME, que se celebra en el Bilbao Exhibition Centre, es que los milagros acústicos no ocurren ni ocurrirán jamás. Congregar a 10.000 personas al día en un recinto que no está pensado para conciertos sino como una sala polivalente no es la mejor baza para un buen sonido. Menos aun cuando hay dos escenarios en el mismo espacio.

Pero eso no convierte al BIME en un mal evento, ni mucho menos. Hay que tener en cuenta la dificultad de hacer un festival multitudinario en interior. Y con multitudinario me refiero a más de 21.000 personas que han acudido este año a esta cuarta edición del BIME, que empezaba el viernes 28.

Viernes: exquisita PJ Harvey e incombustibles Suede

Lo primero que encontramos al llegar –un poco tarde, había que coger fuerzas- al recinto del BIME fue una Javiera Mena que sorprendió con una puesta en escena totalmente teenager, en chándal y rodeada de bailarinas que acompañaban a la chilena con coreografías que casaban a la perfección con su estilo technopop, que hizo vibrar a los primeros que iban llegando al festival y a sus fieles seguidores.

Inmediatamente después, en el escenario contiguo, empezaban a tocar los primeros acordes los madrileños Toundra. Aunque hubo mucha afluencia de fieles del grupo al concierto, más de un extraño se preguntó dónde estaban los micrófonos. Sin embargo, el cuarteto post-rockero no defraudó a nadie y se desvivió sobre el escenario. Sobre todo uno de los guitarristas, Esteban Girón, que pareció vivir una de las experiencias más intensas de su vida encima del Thunder Bitch Stage.

Aunque el público quedara muy satisfecho con el breve concierto de Toundra, muchos nos fuimos antes de la última canción, tiempo suficiente para coger un sitio decente para ver a PJ Harvey, quien dio uno de los directazos de la jornada. No fuimos pocos los que quedamos sorprendidos por la puesta en escena, que parecía más propia de una orquesta que un grupo. ¡Diez! personas sobre el escenario –y casi tantos tambores y bombos como personas-, a quienes PJ presentó uno a uno más tarde.

Desde los primeros minutos estaba claro que iba a ser uno de los mejores conciertos de la noche y el mejor sin duda para los seguidores de la inglesa. También fue el grupo que mejor sonó: todo el despliegue instrumental conjugaba a la perfección con la voz de PJ Harvey. De todas formas, hubiera sido de agradecer algo de interacción con el público, un público fiel que coreó todas y cada una de las canciones del concierto, en su mayoría de “The Hope Six Demolition Project”.

horrors
Nada más acabar, cuando el grueso de los asistentes se decantaron por ir a cenar a alguno de los muchos puestos de comida -¡al descubierto, con el frío que hacía!-, comenzaba una de las propuestas más interesantes del viernes: The Horrors. A pesar de que Faris Badwan, vocalista de la banda, hubiera estado tocando tan solo horas antes con otro de sus grupos, Cat’s Eyes.

El mal sonido que lograron los técnicos del escenario Thunder Bitch para los Horrors no logró eclipsar un directo de lo más intenso de la velada. Una fiesta oscura en la que la relativamente poca gente que asistió no paró de bailar a ritmo de guitarras, sintetizadores y una voz casi inaudible de Badwan, quien se despidió en mitad de un tema escribiendo “Bye” con cinta adhesiva amarilla en los enormes amplificadores del guitarrista.

Tras un rato para descansar las piernas e intentar adivinar de dónde procedían los extraños moratones que empezaban a aparecer, comenzaron los míticos Suede con una afluencia de público considerable teniendo en cuenta que Nacho Vegas mantuvo a rebosar el Antzerkia –con una puesta en escena memorable- al mismo tiempo.

Lo primero que extrañó fue la pantalla a modo de telón que cubrió el escenario durante gran parte del concierto, en la que mostraban videoclips de las canciones que iban tocando. Una idea novedosa que, sin embargo, acabó con gran parte del interés de los conciertos de Suede, ya que esta pantalla no dejaba apenas ver a los integrantes de la banda. Por suerte, no todo el concierto fue así, y pudimos ver a un Brett Anderson dejándose la piel mientras cantaba las canciones más míticas de la banda sin una pantalla cubriendo todo el escenario y separándole del público.

Rondaban las dos de la madrugada y el cansancio comenzaba a pasar factura, pero nadie podía perderse a Belako y mucho menos si tocan en casa. De este grupo sólo puedo decir que a pesar de lo bajo que sonó y de la hora a la que empezaron, consiguió formar dos pogos en las primeras filas. Las agujetas cuentan el resto.


Sábado: día electrificante con Moderat y The Chemical Brothers

Tras los directos de Nunatak, Kevin Garrett y Shinova, se preparaba para salir al escenario uno de mis grupos favoritos del BIME: los británicos TOY. Sin que me dejara de parecer uno de los mejores directos del festival, sentí lo mismo que con The Horrors: el escenario no sonaba todo lo bien que podría sonar con un grupo como TOY. Las vocales apenas se reconocían y se distinguían con los instrumentos. Además, fue un poco decepcionante que el concierto fuera tan corto y hubiera tan poca gente.

Pero las expectativas del sábado seguían muy altas, y mientras Carlos Sadness empezaba a tocar en el Stage Heineken, Lambchop hacía lo suyo en el Antzerkia, con su peculiar folk americano de vanguardia. Quitando la insoportable gente que tan solo estaba en el Antzerkia para sentarse y hablar, la experiencia de ver a un grupo como Lambchop en directo fue inigualable. Era muy raro, sobre todo con los efectos sobre las vocales de Kurt Wagner, sí, pero era muy bonito. Y cayó más de una lágrima.
La recta final del BIME, los grupos estrella del cartel, comenzaba, en teoría, a medianoche, con Moderat. Digo en teoría porque hubo cantidad de problemas técnicos y esto hizo que no empezaran hasta media hora más tarde de lo programado. Durante esta espera, tras varios aplausos efusivos del público que no parecía estar preocupado por aguantar un rato sin música, leíamos en el escenario un mensaje: “Moderat es un show muy oscuro, te agradecemos que no uses flashes de la cámara o el móvil durante el espectáculo”.

moderat

No sé cómo definirían ellos la oscuridad de su espectáculo, pero todos los elementos visuales, tanto luces como láseres y proyecciones fueron una de las partes más importantes del show.

The Chemical Brothers prometían ser uno de los mejores grupos del BIME, pero acabaron siendo el mejor, sin lugar a dudas. Todo estaba como tenía que estar. No cabía ni un alfiler en la pista, el público llenó casi hasta el final del recinto el concierto del dúo inglés, que empezó el show con ‘Hey Boy, Hey Girl’, una de sus canciones más míticas.

Durante el concierto no faltó de nada: los elementos visuales eran perfectos, la gente en la pista no paraba de saltar y bailar y tocaron todos los grandes éxitos de su carrera musical. Galvanize, Do It Again, Lost in the K-Hole… También tiraron enormes pelotas hinchables al público, aparecieron dos robots en el escenario, una lámpara enorme que concentraba y reflejaba todos los focos del escenario… todo con unos Chemical Brothers que no paraban de acercarse al público para animarlo, aunque, todo sea dicho, ni siquiera les hacía falta.

chem

La fiesta electrónica continuó en Gaua con el reputado DJ Erol Alkan mientras Daniless pinchaba en el escenario Heineken decenas de canciones míticas conocidas por todo el mundo, desde Franz Ferdinand hasta AC/DC para poner fin a esta cuarta edición del BIME, de la que salimos con buenas sensaciones.

Texto | Patrick Ortiz
Fotos | LTI

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