[Crónica] blink-182 en Barcelona (Palau Sant Jordi, 4 de octubre de 2023)

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Patas de gallo, alguna que otra arruga desmesurada… Todos crecemos, todos nos hacemos mayores pero hay algo que siempre se queda: el enganche con el espíritu de tiempos añejos. Ya pueden pasar los años, y ya puede uno distanciarse de ciertos sonidos o tendencias, que cada X tiempo surgen motivos de debajo de las piedras para conectar, y a su vez reconectar con tu yo púbero. La actual década está surtida en ese sentido: mientras que en unos casos las chispas se generan a través de vehículos de nostalgia exposición sumamente frontal (véase el caso Stranger Things), en otros estas se materializan guiados por giras de antiguos buques insignia del mundo melódico. Ese último caso es, sin lugar a dudas, aquel que nos tocó de cerca en el día de ayer.

Escenario en forma de rombo tocando al extremo del fondo derecho del Palau Sant Jordi, buenos pantallotes envolviéndolo, elementos pirotécnicos y batería mínimamente alzada (estamos hablando de Travis Barker, señores). La vuelta de Tom DeLonge tras el paso de Skiba, y quizás la recarga “retro” de sentimientos en los fans, motivaron un salto magnético en la actual gira de blink-182, nuestros héroes del día: increíblemente de las 4.000 almas que se agolparon en el Sant Jordi Club (¿recuerdan?) se había pasado a colgar el cartel el “sold out” en el pabellón madre de la ciudad condal. El Palau Sant Jordi lucía de lujo tras el paso de The Story So Far para recibir una banda coronada, ya con Tom a bordo, como renovados reyes del pop punk.

Optando por la épica, la noche arrancó con ‘Also Sprach Zarathustra, op. 30’ de Strauss a todo trapo. Eso sí, había algo de engañoso en el asunto: aquí la movida no iba a tirar por las ínfulas de un 360 tour a lo U2. Un show de blink-182 se resume en distancias bastante cortas sin apenas capas de “Nolanismo”, y lo importante: pop punk bastante a cara perro, con “fuck yous” y guiños (constantes) a sexualizar con figuras maternas y plantear bromas absurdas de patio de instituto noventero. Todo, absolutamente todo, conducido troncalmente por una retahíla de hits que bien podría resumir una trayectoria que, pese a denotar cierta irregularidad, resulta envidiable para cualquier grupo de buena zapatilla que se precie. Montjuïc atronaba quizás algo más lo de esperado con ‘Anthem Part Two’, ‘The Rock Show’. ‘Man Overboard’ y otros temas de arranque que sirvieron para preparar la mesa en un recital llamado a servir como versión 1.5 de anteriores giras de la formación.

Se entrelazaron “bangers” de todo tipo de épocas de la banda, con DeLonge y Hoppus turnándose protagonismo simultáneamente a nivel vocal. Algo se evidenció en los primeros compases de la velada: Tom está consiguiendo en esta gira mantener (muy) buen el tipo en esos términos, incluso mejorando lo cosechado en bolos de tours pretéritos. Ambos se habían cambiado ligeramente las tornas, con cierto sorpaso del de Angels & Airwaves respecto a su querido amigo. Esto resultó beneficioso para catapultar ciertos segmentos de la velada, como en ‘Always’ o una ‘Aliens Exist’ que rezumaba aquel frenesí teen tan propio de la versión de estudio incluida en “Enema Of The State”. Más apuntes destacables: el trío funcionaba bien engrasado en los momentos canallitas (véase el cambio de tempo entre llamaradas en ‘Happy Holidays, You Bastard’), como también en aquellos, muy puntuales, en los que el tono más sobrio abrazaba al personal. Eso sucedió con ‘Stay Together For The Kids’, con iPhones alumbrando el Sant Jordi y buenas emociones empapando el ambiente.

La “curve ball” marca “Tommy Lee” repuntada por Travis Barker llegó con ‘Down’, con su plataforma bien alzada mediante arneses, y un irreductible solo de batería. Se prolongó durante varias cortes, llegando a contar con cierto protagonismo en una ‘Miss You’ que, ya con su “hello there” inicial, tocó fibra entre los asistentes. Pasan los años, incluso las décadas, y aún permanece inalterable la magia que desprenden temas tan aparentemente sencillos como ese, o la de una ‘Adam’s Song’ precedida por un bonito discurso en el que Hoppus, a pecho descubierto, celebraba cómo amigos cercanos habían vencido ciertos diferentes tipos de cáncer.

En cierta medida de eso, de celebración, es de lo que parece estar yendo esta gira: de celebrar la comunión entre banda y fans, y también de celebrar la comunión entre el trío y su trayectoria. Una energía renovada se siente corriendo por las venas de Mark, quien ha dicho adiós y muy buenas a un linfoma difuso de células B. También de un Barker que ha olvidado catastróficos sucesos, y de un DeLonge que ha reconectado de forma mágica con el amor que profesaba hacia el pop punk de sus orígenes. Juntos, en armonioso estado de gracia, dan 2 vueltas a aquellos que vimos en el Sant Jordi Club hace cosa de una década. No importa lo más mínimo que el directo contase con algún que otro altibajo (quizás hacia el segundo tercio del mismo), no: si ellos botan (de verdad) con ‘All The Small Things’ (cosa más coreable de toda la noche), la demoledora ‘Dammit’ (medley con hit incluido de Taylor Swift) y con ‘What’s My Age Again?’, aquí estamos nosotros para secundarlos. Dan igual los artificios y el confeti, que los tiempos hayan cambiado y que el pop punk no esté en liza: si DeLonge, Hoppus y Barker vibran, nuestro corazón vibra con ellos. Si es que Tom estaba en lo cierto (sí, “Tom was right”).

Foto: Christian Bertrand
Texto: Pablo Porcar

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