Crónica

[Crónica] Elder en Barcelona (Razzmatazz 3, 7 de noviembre de 2018)

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“Full Metal Jacket”, la mítica película de Stanley Kubrick cuenta en gran parte la historia de la ofensiva militar por lo ejércitos de Vietnam del Norte y el Vietcong, donde su planificación meticulosa y estrictamente ejecutada acabó con la vida de más de 10.000 soldados estadounidenses. Esta sangrienta referencia podría enmarcar el bolazo de Elder; el concierto de los de Boston pasó arrollando a los asistentes que nos congregamos para verlos en la ciudad condal.

Los vascos Cobra eran los encargados de abrir la velada, tirón “mediático” del otro grupo de David González, bajista de Berri Txarrak. Amenizaron la velada con un metal cercano a Pantera claramente caracterizado por su cantante, con un look Phil Anselmo con bigote. Su actitud y volumen servían de aperitivo perfecto para lo que venía después, y vale recalcar que lo que nos encontramos fue cosa fina. Porque pocos se atreven a discutir que el guitarreo de Slowdive fue el disco del 2017 pero para los amantes de sonidos más pesados coincidimos que el “Reflections of a Floating World” ha sido de lo más destacado del curso anterior. El ahora cuarteto formado por Nick DiSalvo, Matt Couto, Jack Donovan y la reciente incorporación del multinstrumentista Mike Risberg ha creado una atmósfera más melódica y temas más trabajados y construidos como bloques monolíticos. Canciones que van desde los 9 hasta los 13 minutos con cambios de ritmo majestuosos y que te sumergen por ese mundillo de mantra psicodélico a través de in crescendos tan gigantes como el Empire State.

Bastante puntuales y con una Razz 3 a un 75% de capacidad, los americanos nos dieron un rapapolvo importante durante 80 minutos. El concierto consiguió ser una experiencia vital en todos los sentidos, sobre todo a nivel sonoro, con un nivel de precisión impresionante a la hora de encarar las subidas y bajadas de sus capas tectónicas, pero lo de DiSalvio y compañía es una bomba de relojería. Y para gusto de los old school, el comienzo fue con la clásica ‘Dead Roots Stirring’ y sus 12 minutos de orgasmo que emocionarían hasta al más escéptico, donde el grupo logra conectar desde el primer momento e invita al headbanging. Pero es en las canciones del último disco donde se nota la influencia de Risberg, ya que los temas son mucho más trabajados en cuanto a composición y elaboración, como queda patente en ‘Sanctuary’ y esa parte central que emociona más que un Boca-River en la Final de la Copa Libertadores, o la obra preciosista que es ‘Staving off Truth’, la canción con más carne de single del disco -también la de más fácil escucha dentro de todo el material de la banda. Aquí podemos ver en su esplendor el tren desbocado que es el cuarteto en directo, con pocos grupos con una presencia tan redonda en la escena actual. Interviniendo como auténticos cirujanos, con un bajo elegante y una batería atronadora mientras el teclado entra suavemente para darnos un halo de frescura para después atacarte nuevamente como una leona defendiendo a su manada.

También hubo un guiño a los fans de Led Zeppelin con un tema como ‘Compedium’ que tiene esa combinación de potencia ensordecedora y pisa el acelerador cuando encara su parte media y se vuelve más vertiginosa, mientras van añadiendo capas para enterrarte vivo a través de una ruta instrumental extendida que comprende gran parte de la segunda mitad de la pieza de 10 minutos en una oleada de química desenfrenada e hiperactiva. ‘III’, la otra gema junto a ‘Gemini’ de su disco de 2011 era la encargada de provocar el trance a la gente asistente, un mantra al mejor estilo de Wovenhand para luego actuar tan rápido como si le pusieses una gallina en las fauces de un cocodrilo con esa media parte más emocionante que el final de Breaking Bad. ‘Thousand Hands’ es una de las canciones en las que podemos observar a esos Elder mucho más maduros – valga la coña con su nombre-, tras la que bajaron del escenario para atizar con ‘The Falling Veil’ al mejor estilo doble de riesgo, sin miedo a nada, una canción tan obsesiva como sobresaliente, demasiado visceral e impulsiva, que va desafiando las leyes de la física poco a poco.

Los afortunados asistimos a casi hora y media de un concierto que no parecía estarse llevando a cabo en nuestro país, sin gente que hablase entre tema y tema y/o durante el concierto. Un silencio de ultratumba donde los únicos que daban caña eran los propios artistas. Suena curioso que lo remarquemos, pero tristemente es lo que nos encontramos en muchos de los espectáculos en salas. Elder nos han devuelto la fe por los conciertos y el público en perfecta comunión con sus popes musicales, una pared de sonido sin ningún artificio, y han demostrado que el grupo claramente merece un reconocimiento superior. Aquí no hay lugar para posers ni metaleros de Pull & Bear, Elder ofrecieron un repaso tan potente a su material como una patada de un pura sangre en plena mandíbula. Aunque las melodías del grupo sean muy progresivas, abarcan diferentes estados de ánimo y sensaciones y rara vez dejan que esa energía caiga. Contemplar al grupo en directo es una experiencia asombrosa y ser parte de esta religión sienta muy bien.

Fotografías: Ivor Lugo
Texto: Sebastián Rosas

Sebas Rosas
el autorSebas Rosas
Beers, Burgers & Black Sabbath. Twitter: @sebastopol17

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