[Crónica] Exquirla en Madrid (17 de febrero de 2017)

exquirla madrid

Mi viernes pasado empezó viendo a la infanta regatear el talego y finalizó escuchando a Exquirla dándole voz a los desheredados de este asqueroso mundo. Hay esperanza.

Un día antes, el jueves, nos habíamos desayunado la carta abierta de Havalina contra el empobrecimiento artístico de discurso al que sometían, por la dictadura de lo inmediato, tanto público como industria (ejem), a los músicos españoles. Lo que se pudo presenciar en la primera de las dos fechas de Exquirla en el Teatro Fernando de Rojas del Círculo de Bellas Artes insufla, insisto, esperanza.

Esta alianza entre Niño de Elche (Paco Contreras) y Toundra, no por inesperada, está siendo menos celebrada. Vendieron en seis días todo el papel para la primera noche de presentación de ‘Para quienes aún viven’, sin que este estuviese siquiera a la venta. Un salto de fe, presintiendo la transcendencia del momento, hacia los brazos del iconoclasta cantaor (exflamenco, diría él) y el apabullante cuarteto de post-rock. Y quizá sin saberlo, también en los del “decimoséptimo Beatle”, el poeta Enrique Falcón, presente en el patio de butacas. Suyos son los versos que, con mucha agudeza, escogió Niño de Elche para las letras de este álbum, basándose en el poema-río ‘La marcha de 150.000.000’. Una oda entre mística y desesperada a los despojados, los humillados, torturados y asesinados del Sur, los que vendrán a cantarle las cuarenta a esta Europa injusta e indolente.

Mientras Falcón se adelantó dos décadas a esta Europa que se fractura por dentro mientras crea empalizadas hacia fuera, Exquirla grabó en un mes (entre octubre y noviembre de 2016) una obra que en el Círculo de Bellas Artes sonó a obra destinada a desafiar la caducidad de la actualidad. Aunque sea un recordatorio para esta modernidad líquida, que se hunde en la desafección mientras abraza la post-verdad, ese neologismo por el que se cuelan políticas xenófobas, tanto europeas como trumpianas, dando pie a muros y vetos para acorazarse, entre otras razones, frente a la Gran Marcha de los ciento cincuenta millones de desheredados de los que habla el poeta valenciano.

En Exquirla, Paco Contreras (Niño de Elche) encuentra el mejor sustento para ponerse épico y seguir explorándose; Toundra, la garganta idónea para vencer los temores de ver su música verbalizada. Dos meteoros que, lejos de chocar, juntos aumentan de velocidad. Falcón, en su blog sobre los ciento cincuenta millones, traía a colación un fragmento del escritor, crítico y ensayista John Berger: “Sólo podemos confesar nuestra confusión y nuestra impotencia, nuestra ira y nuestras opiniones, con palabras”. En ‘Para quienes aún viven’, tanto en su versión grabada como en su traslado al escenario, Toundra rasgan, y por esa herida se cuela la voz de Niño. Hay una belleza agotadora por la erosión de una violencia desquiciada (“Tu hija ensartada en un poste”, en ‘Europa Muda’). Hay quejío y gritos y experimentación vocal. Hay guitarrazos y lamentos, en retorcida armonía. No hay flamenco. No hay palmas, ni cajones. ‘Contigo’, bajo una tenue luz amarilla, fue un abrevadero íntimo en el que Niño se apoyó, literalmente, en Macón y Esteban Girón. Hay una invitación abierta: “Avanzad, avanzad con nosotros, hijos de la rabia”, canta el ilicitano. Y se encoge, como si tuviera que expulsarlo desde las tripas.

Gracias por venir a estos momentos mágicos, que se recordarán por siempre”, fue su respuesta ante las muestras de entusiasmo del público. Lo fue, mágico y también emocional. Los que quedamos cargamos una pesada losa. No olvidar a los que no están, ni a los que están aunque a nadie le importe. Las cosas van a empeorar, pero hay esperanza.

Fotografía | Livenation España
Texto: Carlos A. Forjanes

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