[Crónica] Father John Misty en Barcelona (noviembre de 2017)

father john misty barcelona 2017

Crecer es evolucionar, y si no que se lo digan a Father John Misty. El álter ego artístico de Josh Tillman es un ejemplo de cómo los cromosomas de un ADN van modelándose con el paso del tiempo. En apenas un lustro hemos sido partícipes de tres fases vitales diferentes en el desarrollo de la narrativa personal del de Rockville. Lejos queda aquella identidad irreverente, y entrañablemente bobalicona, que nos conquistó con “Fear Fun”. E incluso también aquel talante ácido y un tanto sofisticado que concibió “I Love You, Honey Bear”. Ahora Tillman es otro. Más comedido, parsimonioso e infinitamente menos expuesto a la interacción con su entorno, Tillman anhela el rupturismo desde el umbral de las sombras. Sin redes sociales, ni apenas lamentos (o ensayos) públicos. Otra cosa es que lo consiga, claro está, porque el hambre voraz de su ego no deja pasar por alto ni el más insignificante de los tentempiés.

No he podido evitar realizar esta pequeña introducción para contextualizar aquello con lo que nos topamos el pasado sábado en la sala grande de Razzmatazz. Father John Misty regresaba a Barcelona, y lo hacía de forma imperial gracias a la promoción de su efectista tercer álbum editado bajo el pseudónimo de Father John Misty. Un “Pure Comedy” de grandilocuencia clásica que conseguía alcanzar otro pequeño gran hito, el tercero en cuestión, en la identidad estilística forjada a partir de su obra predecesora. La sobriedad de esta nueva propuesta derivó, como no podía ser de otra manera, en una propuesta escénica radicalmente diferente a la exhibida en los tiempos de “Fear Fun”.

Acompañado de un robusto elenco de músicos, Father John Misty arrancó la velada interpretando en riguroso orden los cuatro primeros cortes de “Pure Comedy” (‘Pure Comedy’, ‘Total Entertainment Forever’, ‘Things It Would Have Been…’, ‘Ballad Of The Dying Man’). Lo hizo frente a unas visuales de puro sarcasmo cartoon, demostrando de entrada que se desenvuelve perfectamente bien tanto con una guitarra acústica como sin ella. De hecho es sin instrumento, y con micrófono en mano, cuando Tillman irradia más magnetismo escénico. En definitiva: más calor. El estadounidense conquista por el desparpajo descrito al sonar joyas como ‘Nothing Good Ever Happens At The Goddamn Thirsty Show’. Arrodillado ante su público, el artista pide a gritos clemencia ante los dioses, cual pastor de un show “televangelista” emitido en Ohio. Y lo hace con una convicción y un magnetismo que imposibilita evitar sentirse poseído por su inacabable energía física.

El set estuvo estructurado principalmente por dos grandes bloques estilísticos. Uno en el que se abordaba más el repertorio Americana del compositor, acompañado por slide guitars y armonías a tres guitarras con piezas del perfil de ‘Nancy From Now On’ o ‘Only Son Of The Ladies Man’ (un pelo más contenida que la versión en el show de Letterman). Y otro engendrado para abrir la verja a la faceta más irremediablemente individualista de Tillman, con la ya citada ‘Nothing Good Ever Happens At The Goddamn Thirsty Show’, ‘True Affection’ o ‘Bored In The USA’, materializada junto a bases de piano y protagonizada por un pequeño clímax vocal. Colosalmente refinado sonó algún hit como ‘I’m Writing A Novel’. Y, como era de esperar, ‘Hollywood Forever Cemetery Sings’ adquirió aquel estatus abrumador que tanto suele respirar set tras set. El bis, orquestado a partir de la conclusión de ‘I Love You, Honeybear’, puso el broche de oro con la jovialidad de ‘Real Love Baby’, la rugosidad folk de ‘Holy Shit’ y la explosión orgánicamente pop de ‘The Ideal Husband’.

Atrás quedan los tiempos en los que Father John Misty se pasaba minutos y minutos dialogando e interactuando verbalmente con el público. En Razzmatazz no fueron más de treinta los segundos en los que dedicó unas palabras al mismo. Aún y así cabe reconocer que la pérdida de aquella faceta tan cercana de Tillman le ha servido para centrarse en corregir sus carencias musicales. Con carácter, actitud, irreverencia e inteligencia a la hora de elegir a su propio equipo, Tillman ha pasado a convertirse en un frontman de primera. Y un predicador de blazer aterciopelado y mirada altiva. Pero un predicador de los admirables.

Fotografías: Carlota Figueras
Texto: Pablo Porcar

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