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[Crónica] FIB 2018

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Parece que el Festival Internacional de Benicàssim (FIB) es, cada vez más, una sucursal de Gibraltar en la Comunidad Valenciana. La acumulación de público inglés hace que muchos de los conciertos programados sean preparados para ellos. El festival también se esfuerza por traer grupos emergentes de la escena nacional, pero se echa de menos ver más de la escena local. Sin embargo, la 24 edición del FIB ha podido presumir este año de cartel, con unos imponentes cabezas y con grupos emergentes de nivel que han ofrecido unos espectáculos imponentes. Los analizamos a continuación.

JUEVES

Empezamos la jornada con The Magic Gang, una apuesta segura para la mayoría de asistentes al festival, adolescentes británicos con ganas de calentar motores el primer día del FIB. Con los primeros acordes de la banda, el escenario Visa se llenó. Los de Brighton presentaban su primer LP homónimo mediante una puesta en escena impecable, que hizo bailar desde el primer minuto al público, que no paraba de tararear sus canciones y bailar al ritmo de la guitarra. Un guitarrista que, por cierto, publicitaba a The Orielles con su camiseta, banda británica de indie rock parecida. El grupo perfecto a la hora perfecta para sentirse realmente de vacaciones cerveza en mano.

La opción spanish a la misma hora era Polock, ese nombre que ha quedado en la mente de todos por ser considerada una de las míticas bandas indie de los últimos años. Los valencianos –producto propio de la terreta- hicieron un concierto sólido en el que no faltaron sus tema de antaño, como “Fireworks”.

Mientras nos dirigíamos a Nothing But Thieves, ya empezábamos a ver guiris medio desnudos y muy borrachos buscando a sus amigos. Olvidamos rápidamente, por suerte, aquel tipo de imágenes al empezar a ver a Conor Mason entonar las primeras palabras de sus canciones, una condensación de la buena música y del saber hacer. Los ingleses eran el primer plato realmente rockero de la noche y dieron la talla con himnos como “Ban The Music”. El momento más apoteósico del concierto fue hacia el final, cuando la banda hizo una versión de “Immigrant Song”, de Led Zeppelin, lo que hizo venir todavía más arriba el público, que coreó y bailó la canción mientras el directo llegaba a su final.

Además de ver a artistas favoritos, los festivales también están para descubrir nuevas bandas. Fue el caso de Meridian Brothers, grupo que casi la mitad del público se encontró por sorpresa en el escenario South Beach Dance Stage Radio 3. Unos asistentes mayoritariamente españoles que buscaban sonidos de rock psicodélico mezclados con ritmos latinos. Una explosión de baile antes de las diez de la noche, en la que las congas, los bailes desenfrenados y los saltos no desistieron en ningún momento de la noche. El mejor hallazgo musical del jueves.

El post-punk también tuvo cabida en el FIB. Vulk era uno de los platos fuertes de la música emergente en el festival. Los vascos, en plena gira veraniega, presentaron su último disco, “Ground For Dogs”, con temas que hicieron las delicias de sus fans como “No Muscle”. El público, sin embargo, no estaba tan receptivo como en otras ocasiones en otros de sus conciertos: la gente reservaba sus energías para los próximos tres días de festival. En el mismo escenario tocaron, media hora más tarde, Carolina Durante.

De la nada emergieron un montón de fans decididos a vivir como nunca su concierto. Entre los componentes de la banda todavía se denota un grado, aunque ya casi residual, de timidez: su salto a la fama ha sido muy rápido desde que “Cayetano” se convirtiera en una canción viral. Los madrileños, sin embargo, subieron al escenario con aplomo y aportaron cuarenta minutos de acordes garajeros y rock. Poco tardaron en entonar su propia versión del mundial, “El himno nacional”, y dejaron “Cayetano”, su gran emblema personal, para el final. El cuarteto dejaba los ánimos y las ganas de música por las nubes, algo muy necesario si se quería ir a ver al rapero Travis Scott, que retrasó su actuación más de media hora debido a problemas con su vuelo.

VIERNES

The Vaccines era el primero de los cabezas de cartel del FIB para el viernes. Parece que la banda conserva desde siempre la energía adolescente: Justin Young, el cantante, no paró de moverse en los cincuenta minutos que duró el concierto, lleno de himnos como “Post Break-Up Sex”, “Norgaard” o “No Hope”, así como algunas de sus canciones más nuevas, como “I Can’t Quit”. Su música, macerada durante tantos años, se exhibe de manera muy natural en el escenario. ¿Por qué no decirlo? Este fue el mejor concierto de The Vaccines en mucho tiempo, quizás por sentirse tan a gusto entre el público que bailaba con frenesí sus canciones y las tarareaba como si no hubiera mañana, quizás por la óptima hora de actuación -empezaron a las 21:25h- o quizás por pura casualidad. La actuación de la banda londinense fue, sin duda, una de las mejores de todo el festival.

Uno de los cabezas de cartel del FIB no era artista, sino presidente del Gobierno. Pedro Sánchez había pasado el día en Castellón por actos institucionales y, casualidad, por la noche hacía efectiva su aparición en el festival. Multitud de cámaras y periodistas se acumulaban delante de la puerta de la parte reservada para artistas y personal de la organización, de donde salió Sánchez para ir directamente al palco VIP para presenciar el concierto de The Killers, de los que se conoce que es muy fan. La puesta en escena de la banda americana fue sublime en todos los aspectos: pueden pasar años y años, pero Brandon Flowers, con traje blanco, conserva el mismo carisma y la misma potencia musical en el escenario que al principio. Tras tocar “The Man”, la primera canción, una lluvia de confeti sorprendió a los asistentes, que enloquecieron todavía más al escuchar los primeros acordes de “Somebody Told Me”, la segunda canción a sonar, y “Spaceman”, la tercera. Las cámaras enfocaron en numerosas ocasiones un chico del público que, desde primera fila, pedía tocar la batería en “For Reasons Unknown”. Finalmente Flowers le hizo subir y tocaron juntos la canción. En el FIB, los sueños pueden hacerse realidad. Y nuestro querido amigo Gonzalo cumplió uno de los suyos.

Los visuales del concierto fueron impecables, como cuando la banda se dispuso a tocar otro de sus himnos, “Human”, en el que las pantallas empezaron a anunciar la canción. Cuando parecía que el concierto ya había acabado y The Killers ya se habían ido del escenario, volvieron para tocar dos canciones más. Flowers, enfundado ahora en un traje plateado, parecía realmente un hombre bajado del espacio. Una actuación estelar, casi de otro planeta, que acabó con “Mr. Brightside”. Pasarán muchos años y The Killers seguirán llevando el título de una de las mejores bandas indie de la historia.

Con la adrenalina a flor de piel, los fans se repartieron entre el concierto de C. Tangana y Perro. Mientras que el madrileño sacaba sus motos a relucir encima del escenario, cantaba “Forfri” y lanzaba billetes de dólares falsos con su cara impresa, la banda murciana empezaba su concierto con una irónica sentencia en la pantalla de su escenario: “Murcia es África”.

Perro demostró que es uno de los grupos nacionales que mejor se está consolidando dentro de lo emergente con su música genuina y su manera de compenetrarse entre todos los miembros de la banda. No faltaron temas como “La Reina de Inglaterra” o “Ediciones Reptiliano”, además de canciones de su último disco “Trópico Lumpen”.

El público, falto de energías para pogos, se reservó energías para acudir a una de las citas electrónicas principales del festival, la de Eric Prydz, que ofreció una sesión house extraordinaria de dos horas pero en la que se echaron de menos sus temas emblema como “Call On Me”.

SÁBADO

Un sol de justicia todavía alejaba a más de uno de los escenarios del FIB a las 19h. Con poco público extranjero –de resaca todavía, quizás- empezaba el concierto de Holy Bouncer en el escenario Las Palmas. Un refrescante concierto de una banda con rodaje por festivales y con un estilo de rock psicodélico que transporta a las profundidades del espíritu veraniego. La banda tocó temas tanto de su primer álbum “Ladies and Gentleman” como de “Hippie Girl Lover”, su segundo trabajo. Los barceloneses agradecían a su público fiel su asistencia regalándoles un montón de vinilos de su segundo álbum al final de su concierto.

Años hace ya del boom de The Kooks, motor musical de un montón de adolescencias. Los ingleses, sin embargo, siguen moviendo masas de público. Así lo hicieron en el FIB, con espectadores mayoritariamente británicos, un público realmente agradecido por la música en directo. La banda desenfundó guitarras para tocar canciones insignia de su repertorio como “Ooh La”, que vino seguida de “She lives in her own way”. La elegancia de la banda no viene solo de la pose de sus músicos, sino de una carrera musical fundamentada en el tiempo y en la conexión tan orgánica entre sus componentes. “Seaside” y “Junk of my heart” también estuvieron presentes en un concierto en el que también tocaron sus canciones más nuevas, como “Bad Habit”. La guinda fue la última canción, “Naive”, con la que el público enloqueció todavía más y terminó con el mejor sabor de boca posible.

Pet Shop Boys era el plato fuerte de la jornada del sábado. Algunos de los asistentes más veteranos presumían de haberles visto años anteriores en ese mismo festival. La experiencia de décadas encima de los escenarios hace del dúo británico una eminencia en términos de pop electrónico y de un extremo cuidado en la escenografía. Se puede hablar de Pet Shop Boys casi en términos teatrales, puesto que la puesta en escena es una de las bases de sus conciertos. La banda se presentó con unos cascos que de lejos parecían Daft Punk pero que en realidad eran esferas hechas de pequeños rectángulos metálicos. Canciones como “New York City Boy”, “It’s a Sin” o “West End Girls” hicieron las delicias de los fibers más fans del dúo, que no dudaban en bailar a cada sonido para revivir la era dorada de la electrónica más pop.

La lluvia acechó a los asistentes pasada la medianoche. Mientras algunos escapaban al único escenario cubierto, el Driving Music, donde tocaban Rusos Blancos, otros se quedaban en los escenarios Visa para continuar viendo a Belle&Sebastian o a Monarchy en el South Beach Dance Stage Radio 3. La banda madrileña no daba crédito al ver a tantísima gente en su concierto, que resguardados del agua no dudaron en vivir su actuación con total energía o bien descubrir un grupo que, si no hubiese sido por las circunstancias meteorológicas, se hubieran perdido. Cuando la lluvia desapareció, muchos de los asistentes acudieron a una de las últimas citas de la noche: Metronomy. El concierto de la banda sirvió realmente de fiesta, ya que la hora, las 2:30h, se prestaba mucho más a ello. “Corinne”, “Love Letters” o “The Look” fueron tan solo algunas de las canciones que sonaron en el escenario Visa, que se convertió en una fiesta improvisada donde ya poco importaba si se bailaba bien o mal, o se tarareaban las canciones con la letra correcta, sino la comunión de estilos en un mismo escenario.

DOMINGO

Las tormentas de la noche anterior amenazaban con anular el festival. Afortunadamente, solo se vio afectada la actuación de Shame, que pasó de tocar de las 20h a las 02:30h, y que se solapó con Justice. El primer plato del día fue Zoé, banda mexicana con centenares de miles de adeptos en el otro lado del charco, pero más desconocidos a este lado. La banda, que tuvo cincuenta minutos para desplegar su música llena de psicodelia y sonidos tradicionales mezclados con el pop, se quejó del poco tiempo que les daban y de actuar en un escenario como el Visa –es el segundo más grande, por detrás de Las Palmas. Una queja poco razonable teniendo en cuenta que en España no son tan conocidos, y que el suyo fue un concierto de acercamiento a un público que todavía les tenía que descubrir.

Una de las últimas citas con una banda de las grandes era Madness. El ska llevado a lo popular fue una de las mejores actuaciones de todo el festival. Suggs y Kix, junto con todos sus compañeros de banda, hicieron las delicias de los asistentes, algunos que con apenas la mayoría de edad contemplaban a una de las mejores bandas británicas todavía en activo, mientras que otros, más entrados en años, disfrutaban de una de las bandas de su juventud. La banda empezó fuerte con “One Step Beyond”, uno de sus himnos más conocidos, que hizo que el público enloqueciera de manera casi salvaje. Vestidos de traje y sombrero, clásicos como siempre, los componentes de Madness establecieron una fuerte conexión con el público hablando directamente a la gente entre canción y canción, incluso haciendo bromas -”hoy tenía que actuar Kylie Minogue, pero no ha podido venir y nos han llamado a nosotros”. Kix, el saxofonista, deslumbraba de entre sus compañeros con la maestría con la que tocaba, con una energía increíble. “Our house” también fue una de las más coreadas, y “Madness” puso el toque final a una hora completa de concierto, uno de los mejores del FIB.

Pasada la medianoche, fue el turno de Liam Gallagher, que ya encabezó el cartel del año pasado en una actuación que no se caracterizó por el éxito. A la hora de empezar el concierto, el escenario se cubrió de oscuridad, dejando solo las pantallas encendidas que mostraron a Liam salir del backstage como una estrella de rock con una cámara que le siguió hasta entrar en el escenario con su banda. Precisamente, la primera canción de su concierto fue “Rock’n’Roll Star”, una de las muchas canciones de Oasis que entraron en el repertorio del inglés. Liam había preparado un espectáculo con muchas más canciones de Oasis respecto al año anterior, pero también cupieron algunas de su último disco, “As You Were”. Sin embargo, el concierto fue demasiado parecido al del año pasado, lo que provocó que algunos de los asistentes abandonaran el espacio de Las Palmas para irse a otros conciertos. Los Gallagher ya han quemado todos los cartuchos en solitario: de hecho, ese mismo fin de semana se hacía pública la noticia de que Liam le había pedido volver a Noel, en forma de tweet, de nuevo como Oasis. En el concierto del domingo fue evidente que los fans enloquecían cuando cantaba una canción de Oasis, mientras que poca gente conocía las de sus discos en solitario. Un concierto con una sorpresas: un espectador lanzó un pescado a Liam desde las primeras filas, a lo que el inglés se molestó, pero rápidamente reanudó el concierto para tocar “Cigarettes and Alcohol”, a la que le siguió “Wonderwall” y “Live Forever” para acabar.

Las pinceladas finales de un FIB apoteósico fueron repartidas por Justice. El dúo francés deslumbraba con su show de luces y sonido de un aplomo impresionantes. Su concierto, de más de una hora, brilló tanto en la manera de pinchar sus canciones como en la compenetración de música y luces. Su primera canción, “Safe and Sound”, hizo desatar a un público agitado y con ganas de una electrónica más refinada como la de ellos. Temas de su primer disco “†” y más nuevos como el de “Woman” no pararon de sonar remixados de una manera sublime. Una de las mejores opciones para cerrar el FIB 2018.

Texto | Karen Montero
Fotos | FIB

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