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[Crónica] Florence And The Machine en Barcelona (20 de marzo de 2019)

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En ocasiones creo que Florence Welch de Florence And The Machine nos engaña. Que lejos de ser una figura meramente terrenal tiene ADN divino. O que, en su defecto, posee algún tipo de ascendencia selenita. Porque todas y cada una de las veces que la he visto en vivo he identificado en ella un poderío y un talante impropio de un ser de este humilde planeta. Un coqueto guiño, un sinuoso contoneo de torso de la londinense sirven para corroborar como la cantante pelirroja cuenta con un halo embelesador único en su especie. Uno hipnótico capaz de adentrarte en un armónico estado onírico cuyo sueño jamás desearás interrumpir.   

Lo sucedido ayer noche en el Palau Sant Jordi de Barcelona no fue ni mucho menos una excepción. Al contrario: fue un ejercicio más de empoderamiento pop que demuestra como la maquinaria escénica de Florence continúa quemando millaje a una velocidad crucero inalterable.

Eran las 21:20 cuando una descalzada Florence se subió a un acogedor escenario cimentado por lamas de madera cuyas rústicas formas recordaban mucho al resort kubrickiano exhibido en la portada de “Tranquility Base Hotel + Casino”. Arrancaron las primeras y minimalistas notas de ‘June’ y allí estaba ella, secundada por ocho músicos (dos teclistas, dos percusionistas, un guitarrista, un bajista, una corista y un arpista) que aupaban y embellecían su excelsa forma de modular su voz. Ese enaltecimiento melódico, tan necesario en un pabellón de estas características, forjó el primer noqueo de la noche en ‘Hunger’. El hit de “High As Hope” sonó instrumentalmente con una fuerza implacable mientras que el grácil porte atesorado por Florence se encargó de irradiar calor a los fans agolpados en las primeras filas.

Fue tras ‘Between Two Lungs’ que Welch se tomó un respiro, miró al gentío ubicado en la grada este y con su dulzura habitual invitó al público más pasivo a unirse a la causa festiva. “Somos Florence And The Machine. ¿Quieres bailar con nosotros? Invito a todos aquellos que estén sentados a que se levanten”. El efecto persuasivo fue, como era de esperar, todo un éxito. La primera gradería, casi en toda su integridad, se puso en pie para recibir con los brazos abiertos la interpretación de una ‘Only If For A Night’ caracterizada por una poderosa percusión de fuerte consonancia tribal.

La rimbombante ‘Queen Of Peace’ acabó cediendo el testigo a un clásico momento en los shows de Florence: el de arrimar espíritus y explotar el sentimiento fraternal oculto en el interior de todos y cada uno de los miembros de la audiencia. “Existe una fuerte y femenina energía que os conecta. Gracias por acogernos en vuestra bella ciudad. Esta próxima canción va sobre el lugar del que procedo: el sur de Londres. […] Por favor, agarraos todos de la mano. No importa de dónde seáis. Ahora este lugar es el hogar de todos”. Y así fue. Otro momento de agradable magnetismo verbal sirvió al público para sentir que el Palau Sant Jordi a partir de ‘South London Forever’ conformaba la República Independiente de Florence Welch, y no la de un casual punto de encuentro cimentado por meros designios melómanos. 

Con el público ya definitivamente rendido a sus pies en clave Rajnishpuram, Florence homenajeó a una de sus diosas (Patti Smith) con una descarnada ‘Patricia’ representada por una frágil línea de arpa. Posteriormente llegó uno de los grandes momentos de la velada: ‘Dog Days Are Over’. Aunque esto merece una mención aparte.

De verdad que la merece. A sabiendas del poderío de dicho tema, Florence se tomó la licencia de cortarlo por la mitad y convencer a la audiencia para que guardase momentáneamente el teléfono móvil. Único y previsiblemente caduco objetivo: enloquecer junto al prójimo al compás de su adictivo estribillo. Dicho y hecho: el 99% de la audiencia presente en la pista bailó como si estuviese poseída junto a Florence en un trepidante minuto final emocionante hasta decir basta. La audiencia coreaba con rabia aquello de “the dogs are over!” mientras Florence orquestaba cariñosamente la función en uno de los lapsos musicales más bellos, tiernos y humanos que hemos podido disfrutar en tiempo y tiempo. Solo ella podía conseguir algo así en un show de pop poblado de almas adolescentes. Solo ella.

Vídeo de ese colosal minuto:

Ese vendaval emocional continúo rayando a buena altura gracias a un excitante tramo de gratos singles integrado por la grandilocuente ‘Ship To Wreck’, la tétrica ‘Moderation’ y una pieza, ‘Sky Full Of Song’ que arrancó de forma renqueante (petó algo el sonido en los altavoces) pero que mantuvo bien el tipo en su efectista tramo final.

Con los Androids, Samsungs, Huaweis e iPhones en alto y con una teclista en estado de gracia, Florence + The Machine fue a por todas con la clásica y visceral ‘Cosmic Love’ que sirvió como luminoso y digital contrapunto al ofrecido en ‘Dog Days Are Over’. Florence, poseída por la euforia del momento, aprovechó las formas punzantes de ‘Delilah’ para introducirse en las entrañas de la audiencia y cantar ‘it’s a different kind of danger’ desde el mismísimo epicentro de la pista. El júbilo general, lejos de decrecer, iba en aumento. Con ‘What Kind Of Man’, tema del “How Big, How Blue, How Beautiful” que daba paso al encore, aquello acabó en un ideal desparrame 100% jovial. Riffs rockeros, una Florence sudorosa y un titánico ritmo de batería dejaron al respetable tendido sobre la lona y con ganas de más.

Obviamente si el público le pide más acción, Florence se la ofrece generosamente sin titubeo alguno. La ninfa londinense volvió a pisar el escenario sacándose de la manga la ligeramente tenebrosa ‘Big God’ en pleno festival de confeti. Aquello acabó con el público ya preparado para cantar a viva voz el inicio del último corte de la noche: una ‘Shake It Out’ imperiosa, desatada y exquisita en términos instrumentales que, pese a no llegar a las cotas de efectismo adquiridas con ‘Dog Days Are Over’, ‘What Kind Of Man’ o ‘Hunger’, puso sobre la mesa todas las cualidades que atesora esta “frontwoman” de ensueño: tenacidad, astucia, dosificación de movimientos y mucho, muchísimo respeto profesado hacia las miles de manos que le dan de comer.

Esta gira demuestra que, sin necesidad de pantallas de alta resolución, Florence Welch es capaz de inspirar la creación del sobrio cobijo musical construido en sus primeros directos (¿recuerdan el oficiado en la Bikini hace casi una década?). Y, aún con los pies descalzos y permitiéndose el lujo de perderse puntualmente con algún que otro altibajo (‘Queen Of Peace’, ‘100 Years’ concretamente), continúa sonando como si fuese una Osho de otra galaxia, de otra dimensión. Florence + The Machine no tienen techo porque en su mundo no existe estratosfera alguna. No, no existe.

Fotografías: Rosario López
Texto: Pablo Porcar

Setlist del concierto de Florence And The Machine en Barcelona (Sant Jordi Club, 20 de marzo de 2019)

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

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