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[Crónica] Harry Styles en Madrid (WiZink Center, 29 de julio de 2022)

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HARRY STYLES Y LA EUFORIA COLECTIVA DESPUÉS DE CUATRO AÑOS

Tras una gira cancelada por la pandemia, diseñar y planear un setlist basado en tres discos y contentar a más de 15.000 personas no es tarea fácil

Una misa multicolor esperaba a un mesías de apenas treinta años que se corona como el alma de una fiesta que aún no había empezado. Mientras tanto, los asistentes, algunos afortunados (pero especialmente afortunadas) y arrejuntados en las primeras filas, otros desperdigados por la pista, escuchaban pacientemente a Wolf Alice, la banda de rock alternativo privilegiada de poder abrir el concierto del británico durante su paso por Europa en su gira “Love On Tour” antes de dar el salto a Latinoamérica.

“Best Song Ever” de los extintos One Direction caldeaba un ambiente en forma de sueño que por fin se hacía realidad el pasado 29 de julio en el Wizink Center de Madrid, mientras los nervios se intuían desde que el piano de “Bohemian Rhapsody” de Queen proclamaba el inicio del concierto de Harry Styles y su excepcional elenco de músicos, que se personaban allí diez minutos más tarde de lo previsto.

Un comienzo que arrancó con una euforia pasada de decibelios, haciendo que la canción que abría la performance (porque eso es lo que pone Harry Styles sobre los escenarios) apenas se escuchara hasta en lo más alto del recinto. El corte que da luz verde a su disco más reciente y que venía a presentar, “Music For A Sushi Restaurant” fue también el primero en sonar. Un crescendo de pop sobre una simple línea de bajo que transformaría el estadio madrileño en un lugar seguro durante hora y media de show.

Uno que dio cabida a muchas canciones de sus dos trabajos previos, pero que apenas dejó espacio para su álbum debut como es comprensible (ya pisó España para presentarlo en 2018), del que sonaron composiciones como “Golden”, “Adore You” y donde tuvieron cabida momentos íntimos que fueron de agradecer de la mano de “Matilda” y “Boyfriends” para bajar la intensidad unos instantes.

“A partir de ahora tenemos 15 minutos de bailar sin parar”, sentenciaba Harry dando pie a dos triadas muy bien escogidas: “Lights Up” con arreglos rockeros que sólo se pueden apreciar en directo, “Satellite” y su ya memorable juego de pies en el puente, con un viaje de vuelta a “Fine Line” (2019) para interpretar “Canyon Moon” y seguir con “Treat People With Kindness” (mientras alzaba la bandera del colectivo en alto), “What Makes You Beautiful” y “Late Night Talking”.

Un bis inmejorable (o quizás sí, si no se hubiera hecho el sueco ante las súplicas constantes de “Medicine” y “Fine Line”, la batalla musical más épica de cada concierto) hacía inminente el fin del mismo. Una majestuosa y limpísima interpretación de “Sign of the Times” acompañada en todo momento de la voz del público dejaba un listón altísimo que “Watermelon Sugar” y “As It Was” parecieron superar sin complicaciones. ¿Cuándo las hay si hablamos de Harry Styles? La fruta no siempre es el postre más apetecible, pero pareció serlo con “Kiwi” y la famosa marca de la casa Styles: The Whale. Nunca había importado menos estar empapado.

Se haya llevado o no un público satisfecho con su repertorio, su show, él mismo y su música evidencian algo más importante que lo que ocurre en cada concierto: el ser uno mismo y el ser libre; dentro y fuera de los escenarios, da igual que estés en “Harry’s House” o en la otra punta del mundo. Bajo la promesa (la suya) de que volveremos a verle en menos tiempo del que hemos tenido que esperar hasta ahora.

Texto: Lucía Monsalve
Fotos: Livenation (concierto de Bolonia) / Anthony Pham

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